CAÍDA EN LA PROGRAMACIÓN CULTURAL
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SIN PROGRAMACIÓN
Ourense afronta unos meses de julio y agosto culturalmente desiertos. Durante el verano, la música en directo prácticamente desaparece. No hay conciertos de entidad, ciclos municipales ni una agenda estable. Las excepciones, independientes y de pequeño formato, pueden contarse con los dedos de una mano. El Auditorio Municipal tiene anunciada actividad hasta finales de septiembre. El Teatro Principal tampoco tiene espectáculos confirmados durante julio y agosto. A esta ausencia escénica se suma una oferta cinematográfica limitada a las salas comerciales del Ponte Vella y sin programación estival en el Cineclube Padre Feijóo. La ciudad atraviesa así los meses más calurosos con sus principales escenarios apagados y pocas alternativas culturales.
La situación no puede achacarse únicamente al descanso de las salas privadas. El Concello no ha organizado para julio y agosto ningún concierto, ciclo o propuesta cultural propia. Su agenda se limita a recopilar actividades promovidas por terceros y las fiestas de A Ponte y Velle, con orquestas y actuaciones populares. Estas celebraciones aportan diversión durante unos días, pero no conforman una programación para toda la ciudad.
La última programación musical de cierta envergadura impulsada por el Concello fueron las Fiestas de Ourense, celebradas en junio y marcadas por una asistencia inferior a la esperada e incidencias en el cartel. La iniciativa privada tampoco puede cubrir esa carencia. El Torgal estará cerrado hasta septiembre y en el Café Auriense hay anunciados eventos hasta finales de octubre. Ambos espacios contribuyen a dinamizar la escena independiente, pero sus aforos impiden atraer grandes giras o asumir la oferta propia de una capital de provincia.
Tampoco los festivales corrigen el panorama. El Ouren Sound Fest se celebró antes del verano y fuera de la capital, en San Cibrao das Viñas, mientras el Ou Yeah! no regresará a la ciudad hasta octubre. Por su parte la Xunta ha programado pequeños conciertos al abrigo del programa del Xacobeo. Ourense se enfrenta a un verano sin una oferta pública reconocible, mientras otras ciudades gallegas utilizan la cultura como puesta en valor y fomento del atractivo turístico.
La falta de actividad cultural también golpea a una hostelería que le vendría muy bien el movimiento generado por conciertos, festivales y otras iniciativas para atraer público. Sin citas capaces de llevar gente a las calles, la ciudad pierde tránsito y numerosos negocios optan por reducir horarios o cerrar durante julio y agosto.
La situación afecta especialmente a aquellos establecimientos que carecen de espacio exterior. “La pauta desde hace varios años es que, a partir de junio, los negocios de hostelería que no están en el casco viejo o no tienen terraza son insostenibles en verano”, explica Isaac Pedrouzo, responsable del Torgal. A su juicio, desde la pandemia se ha consolidado esta una dinámica de consumo, que deja en una posición muy débil a numerosos locales.
La ausencia de programación alimenta así un círculo vicioso. Sin conciertos ni iniciativas culturales, Ourense se vacía y cae la clientela. Con menos público, los negocios suspenden actividades, reducen personal o bajan la persiana hasta septiembre. El parón no afecta únicamente a las salas que programan música, sino también a restaurantes y bares que podrían beneficiarse del público atraído por una agenda cultural estable.
Mientras otras ciudades utilizan el verano para generar actividad y consumo, Ourense deja escapar ese impacto económico y empuja a parte de su hostelería al cierre.
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