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EL CASO DE SOCORRO PÉREZ
Hace diez años, el 2 de mayo saludaba a la primavera en sábado: el día amanecía entre nubes, con una previsión de 23 grados de máxima y una mínima de 14; Vistahermosa celebraba sus fiestas del barrio y la víspera del Día de la Madre apuraba las ventas de regalos de última hora.
A media tarde, Socorro Pérez, una vecina de O Couto de 43 años, enfundó las zapatillas, unas mallas negras con listas rojas, un cortavientos rosa, prendió al cuello las llaves de su piso de la calle Álvarez de Sotomayor y salió a practicar deporte. Sin teléfono móvil, ni dinero. Antes, sacó del congelador unos palitos de cangrejo para la cena de esa misma noche. A esa misma hora, sobre las seis, la “Casa do Pulpo” comenzaba a arder en la otra punta de la ciudad.
Poco después, en la ruta que conduce a la urbanización Mundi Deu (Barbadás), a casi tres kilómetros de su casa, sorteando una fuerte pendiente, Socorro falleció violentamente por una fuerte pedrada en la cabeza cuando se encontraba de pie. Un hombre (tal como confirma el ADN encontrado), entre pinos y maleza, la atacó con intenciones sexuales. El criminal, tras su muerte por aplastamiento craneal, cubrió su cuerpo con hojas -los brazos extendidos por encima de la cabeza, boca arriba y con las mallas bajadas- y abandonó la escena del crimen.
El cadáver fue descubierto 34 días después gracias a tres cazadores amigos de la familia que hacían batidas en su tiempo libre y siguieron el rastro de una bandada de cuervos que volaba en círculo. Muy deteriorado por el calor de mayo, el cuerpo se halló en un paraje con abundante arboleda y maleza, no muy lejos de la carretera sin salida que conduce a la urbanización, junto al camino que permitía a los peatones atajar entre árboles y lugar de paso para las mascotas del vecindario.
En ese instante, cuando la noticia trascendió, Ourense se echó las manos a la cabeza. Ya no se trataba de la desaparición de una mujer con propósitos suicidas (el punto de partida de los investigadores en los primeros días) y pasó a ser oficialmente una víctima a la que supuestamente agredieron sexualmente y mataron cuando paseaba sola a plena luz del día.
Diez años después, el 2 de mayo de 2025, no deja de llover y los rayos anuncian tormenta. En algún barrio incluso se han quedado sin luz a lo largo del día. Una jornada desapacible para entrenar al aire libre. Quedan dos días para el Día de la Madre y la “Shopping Night” del comercio local abarrota el centro al final del día. La verbena de Vistahermosa está amenizada por Diego Villi y la orquesta Charleston Big Band.
El paraje en el que asesinaron a Socorro es otro bien distinto: los pinos se talaron hace tiempo, ya no hay camino pero, por contra, se ganó en visibilidad. Las vistas de la ciudad se invitan a mirar.
No todas son novedades. Una década después el criminal que acechó a Socorro Pérez sigue sin castigo porque no fue detenido. Sus padres y primos continúan con hambre de justicia, aunque la esperanza hace años que comenzó a diluirse. Ya solo la fían a un “golpe de suerte”, en palabras del portavoz, José María Pérez.
La Policía Nacional, a 2 de junio de 2025, asegura que sigue investigando, y que no ha tirado la toalla. Admite que la tardanza en la aparición del cadáver añadió dificultades -tan siquiera por falta de tejido se pudo confirmar la violación- y tampoco les ayudó -sostienen- el carácter reservado de la víctima. “Ni su entorno conocía su vida”, aseguran fuentes de la investigación. Hasta los testigos jugaron en contra. Un conocido aseguró que había hablado con ella delante del bar Pijú antes de morir, pero se equivocó de día.
Hija única, solitaria, católica practicante, le gustaba leer en la biblioteca, trabajaba como limpiadora en la Universidad Laboral y solía tomar parte en los viajes organizados desde la parroquia de Fátima.
La Policía tocó muchas puertas, incluidas las del clero. En su casa encontraron una foto recortada de un viaje a Jerusalén en la que aparece un sacerdote, mucho mayor que ella, con el que algunas amigas del ámbito laboral la relacionaron a nivel sentimental. También investigó a los feriantes de Vistahermosa y a todos los delincuentes sexuales que en esas fechas estaban de permiso. Los agentes tampoco pasaron por alto a los “mirones” que acudían al lugar, entonces frecuentado por parejas en busca de intimidad.
El foco se amplió incluso fuera de Galicia. Se investigó al asesino de Diana Quer en 2016, José Enrique Abuín Gey, alias El Chicle. También, por sus similitudes con el caso ourensano, a Roger Serafín, el hombre pelirrojo que en junio de este año será juzgado por la muerte de Elisa Abruñedo en Cabanas (A Coruña) en septiembre de 2013 y a quien se le detuvo 10 años después tras una ardua investigación por parte de la Guardia Civil.
La Policía Judicial de Ourense tiene claro que el homicida no está fichado como delincuente sexual. Encontró una muestra biológica de origen desconocido (perfil dubitado de ADN) en una rama que cubría el cadáver junto a la sangre de la víctima. Aunque escasa, proporciona pistas muy valiosas. Permitirá una identificación cuando se coteje con el material genético del sospechoso. Ese perfil es la joya de la corona de la investigación (al igual que en el caso de Cabanas) ya que puede conectarlos con el autor o sus ascendientes, si bien la filtración de candidatos es más complicada porque la muestra del asesino de Socorro no ha permitido averiguar color pelo, ojos, zona de nacimiento, enfermedades...
Desde la Comisaría de As Lagoas entienden la frustración de la familia de la víctima, pero insisten en que seguirán dedicándole horas y medios pese a que a nivel judicial el caso esté sobreseído. El reloj de la prescripción ha consumido 10 años, pero quedan otros 10.
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