RECONOCIMIENTO A UNA TRAYECTORIA
Los Suaves, distinguidos el Premio Honorífico de los XIII Premios Martín Códax de la Música
VIDA EN LOS PUEBLOS
Soy un falso urbanitas con raíces en el campo. Si bien es cierto que amo esas arquitecturas colosales que a veces disimulan el cielo, amo aún más vivir amurallado de árboles, escuchando sinfonías de pájaros que no cierran sus partituras hasta muy entrado el anochecer. Vivo en San Cibrao das Viñas, en una casa remozada del año 1900 en A Carballeira.
Desde mi balcón, con la primera taza de café, contemplo a una familia de cuervos que ya se han hecho amigos míos. Son descomunales y hermosos como los primeros aeroplanos de los hermanos Wright. Me quedo mirando las edades de todo el verde que me circunda. Aunque las grandes moles de Coren y la parroquia de Reboredo parecen inalterables en la distancia, percibo discretas sus mutaciones del paisaje a diario. Lo único que me disgusta es una gran chimenea que tengo enfrente. Pero dado como soy a los juegos pareidólicos, me detengo a contemplar lo mismo una Venus de Willendorf o efímeros dragones chinos que los vientos oriundos de Baños de Molgas o Manzaneda terminan dispersando.
Me detengo a contemplar lo mismo una Venus de Willendorf o efímeros dragones chinos que los vientos oriundos de Baños de Molgas o Manzaneda terminan dispersando
No soy el único que ha encontrado un refugio espiritual en la periferia. Tengo una amiga que es casi mi vecina. Vive en Santa Cruz de Rábeda con su bebé de seis meses, y como yo es adicta a la secreta terapia del verde. Seguramente hay otros muchos que también han venido escapando de las sirenas, los atascos y las grandes masas de transeúntes que se entrecruzan en los pasos peatonales con semáforos. Hay una verdad en todo esto: un flujo considerable de inconformes, ávidos de paz o de proporcionar a sus hijos un contacto sin intermediarios con la rudeza de lo natural, ha emprendido un éxodo de las ciudades al campo.
“Ahora mismo, el 80% de nuestros clientes (entre 36 y 40 años) está aquí en el rural. Tras la pandemia, la gente busca contacto directo con la naturaleza; muchos quedaron muy afectados por el confinamiento y valoran los espacios abiertos, una vida más lenta”, esto me comentaba hace unos días Isabel, la encargada de una inmobiliaria cercana. Desde ahora me atrevo a asegurar, que si tuviese que volver a vivir en la ciudad, me resultaría difícil, aunque allí tengo grandes afectos, charlas con amigos que nos contamos media vida entre dos copas de Rioja y una tablita de quesos.
Me resultaría difícil porque ya he probado el agua de la fuente, los tomates y las patacas que me regalan mis vecinos. Creo que extrañaría a esta familia de cuervos que graznan al verme con mi taza de café matutino, contemplando un paisaje que me revela cada día, quién soy, qué hago aquí.
Contenido patrocinado
También te puede interesar
RECONOCIMIENTO A UNA TRAYECTORIA
Los Suaves, distinguidos el Premio Honorífico de los XIII Premios Martín Códax de la Música
PROYECTO MULTIUSOS DE 25 MILLONES
El BNG apuesta por una "cidade deportiva" y un nuevo estadio en O Couto
Lo último
LOS TITULARES DE HOY
La portada de La Región de este miércoles, 13 de mayo
ORÁCULO DAS BURGAS
Horóscopo del día: miércoles, 13 de mayo