Los espacios deportivos al aire libre de Ourense, sin cubrir ante la llegada de lluvias

PISTAS EXTERIORES

La ausencia de pistas cubiertas impide su disfrute a jóvenes ourensanos ante la llegada de las tormentas.

Instalaciones del parque Barbaña.
Instalaciones del parque Barbaña. | MARTIÑO PINAL

La llegada del mal tiempo evidencia, un año más, una de las carencias de la ciudad: la falta de pistas exteriores cubiertas, en las que practicar deporte o simplemente socializar. En Ourense, disfrutar de un partido improvisado o salir a echar unas canastas es un verdadero reto. Espacios como las canchas del Parque Barbaña, las de Avilés de Taramancos o las exteriores de Os Remedios comparten un mismo problema estructural: carecen de un techo bajo el que resguardarse. Con la lluvia y el viento propios del invierno, estas instalaciones quedan completamente inutilizadas, transformándose en zonas fantasma.

El problema, sin embargo, no se limita exclusivamente a los meses fríos. Durante el verano, las altas temperaturas convierten el cemento de estas pistas sin sombra en lugares impracticables durante la mayor parte de la jornada. Esta dependencia absoluta de la meteorología castiga, sobre todo, a los más jóvenes. Al salir de clase, los niños y adolescentes se encuentran sin un lugar de encuentro libre y gratuito. La consecuencia directa de esta falta de espacios es un aumento del sedentarismo, con más horas frente a las pantallas y menos relación social, dando lugar a que jóvenes del mismo barrio apenas se conozcan porque no tienen dónde jugar juntos.

Soluciones viables

La frustración de las familias aumenta al ver que existen alternativas lógicas que no requieren grandes obras. La ciudad cuenta con una red de colegios e institutos que disponen de patios y pabellones en buenas condiciones. Abrir estos recintos escolares por las tardes, habilitando al menos uno por cada zona, supondría una solución inmediata a esta carencia. Sin embargo, la gestión municipal parece haber guardado este tema en un cajón.

En enero de 2023, el Concello presentó el programa Educocio con el que se pretendía abrir los centros educativos por las tardes para que los niños pudieran utilizarlos para actividades deportivas. Sin embargo, en septiembre de ese mismo año lo canceló argumentando que no había fondos suficientes, pretendiendo que la Xunta se hiciese cargo. Desde entonces, la administración local lleva años sin convocar mesas de diálogo para buscar fórmulas de supervisión y control.

Ante la inutilidad de las canchas al aire libre y el bloqueo de los patios escolares, la única alternativa pasa por utilizar las instalaciones deportivas cerradas. Sin embargo, el acceso a los pabellones exige enfrentarse al papeleo. Es necesario solicitar un permiso, adaptarse a horarios y planificar la actividad con antelación. Esta barrera administrativa choca con la esencial espontaneidad del juego infantil. Bajar a la plaza con un balón no es compatible con la obligación de reservar una pista oficial.

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