Eufemia, la más ourensana de las santas
Una misma ciudad, Ourense, con dos templos consagrados a la misma figura. Un singular fenómeno religioso y arquitectónico dedicado a una santa de lo que no muchos conocen su verdadero origen gallego. Hoy, 16 de septiembre, el santoral católico celebra a santa Eufemia.
Lejos de ser un error de planificación, la convivencia de dos iglesias dedicadas a santa Eufemia se justifica por nacimiento, martirio y una devoción que no debe contenerse en un solo altar. En Ourense existen dos templos dedicados a santa Eufemia, la iglesia conocida como “la Real del Centro”, y la de Santo Domingo, históricamente denominada Santa Eufemia “la Real del Norte”. En la catedral, además, aún se evoca su historia en un altar colateral de la capilla mayor.
Documenta el historiador José Hervella a partir del Cronicón del Obispo de Ourense don Servando que, en 1844, dejó de funcionar como parroquia el espacio dedicado a la santa que existía dentro de la propia Catedral. Las reliquias y la titularidad se redistribuyeron entre los templos principales existentes, para mantener viva la fuerte devoción a la santa que, siendo honestos, debería ser más patrona que Martiño, quien no solo nació en otra parte del mundo, sino que además por lo visto nunca pisó tierras gallegas.
Sobre su vida, escribe largo y tendido Juan Muñoz de la Cueva (1660-1728), prelado católico español, consagrado obispo de Ourense en 1917, en sus “Noticias históricas de la Iglesia Cathedral de Orense” en 1727. Eco del mismo es el estudio de Asunción Lavesa Martín-Serrano, doctora arqueóloga, sobre la sábana de santa Eufemia, un bordado de fibra vegetal actualmente en un relicario en el museo de la catedral. Este mismo diario publicó en 2020 una versión resumida de su hagiografía en forma de tira cómica, ilustrada por el artista Guillermo Altarriba.
Desconocimiento popular
Pese a todo, preguntados residentes y paseantes, pocos reconocen saber la génesis de Eufemia, mujer canonizada. “Ni idea... también te digo que soy poco de santos, si no están pintados claro, si quieres te hablo de las santas de Zurbarán”, responde Eva Salgado, vecina de la calle Hermanos Vilar, y reumatóloga de profesión. Minutos después, comenta que es posible que el pintor la retratara, y nos muestra un libro de corte artístico donde, efectivamente, se ve a una virtuosa mujer también de nombre Eufemia. Ajena es la doctora a que tal señora no es nuestra santa.
Para hacer justicia a la inmolada, de la que además el 16 de septiembre celebramos su onomástica, honremos sus raíces culturales y geográficas, narrando ese retrato sistemático de destrucción de lazos afectivos y violencia institucionalizada que la convirtió en santa.
Según Muñoz de la Cueva, Eufemia fue una mártir que se dedicó a evangelizar en Lobios. Parece que los cronistas se hicieron un lío con la vida de santa Eufemia de Calcedonia, o bien querían darle más bombo y platillo a sus hazañas, y le adscribieron la historia de la santa oriental, que ya tenía un club de fans (como el propio Zurbarán), de los que la gallega carecía. Nuestra Eufemia es gallega, y nació un siglo antes, alrededor del año 120.
Su padre era el gobernador Lucio Castelio Severo, y su madre, al ver semejante multitud de bebés y temiendo que la acusaran de infidelidad -porque en la época la mentalidad medieval comparaba los partos múltiples con las camadas de cerdos-, entró en pánico
La leyenda dice que es original de Baiona y que fue parte de un parto de nonillizas. ¡Bum!, nueve niñas de golpe. Su padre era el gobernador Lucio Castelio Severo, y su madre, al ver semejante multitud de bebés y temiendo que la acusaran de infidelidad -porque en la época la mentalidad medieval comparaba los partos múltiples con las camadas de cerdos-, entró en pánico. Le ordenó a la criada que las ahogara en el río. Por suerte, la sirvienta tenía más corazón que los señores, desobedeció y las repartió en secreto entre familias cristianas.
Años después, el emperador Adriano se puso estricto con lo de la ley romana y el culto a sus dioses y las nueve hermanas terminaron arrestadas... justo delante de su propio padre. Al darse cuenta de que eran sus hijas, Lucio intentó negociar: o dejaban su religión y se casaban con hombres ricos, o les tocaba tortura y muerte. Las jóvenes, que no estaban para ofertas, decidieron huir y se repartieron el mapa.
Eufemia acabó en las montañas del Xurés predicando a los lugareños, hasta que la encontraron, la torturaron y la arrojaron por un desfiladero en el año 140.
Querida Eufemia, si levantaras la cabeza verías que hay costumbres arraigadas que resisten al paso del tiempo. Sus fieles la enterraron y descansó casi mil años hasta que empezó el enredo logístico de sus restos.
En 1090, una pastorcilla vio una mano con un anillo de oro asomando entre las piedras de un monte en Lobios. La niña, tentada, se llevó el anillo y se quedó muda en el acto (karma instantáneo). Su padre la obligó a devolverlo y, al hacerlo, una voz celestial ordenó desenterrar a la santa y llevarla a una ermita. “Aquí está el cuerpo de santa Eufemia, date prisa a pasarlo con la reverencia debida a la Iglesia de Santa Marina”, resonó en las lomas.
Las diócesis de Braga y Ourense se empezaron a pelear por ver quién se quedaba con los restos de la santa. Como no se ponían de acuerdo, recurrieron al método GPS divino: subieron el cuerpo a un carro de bueyes y dejaron que los animales caminaran a donde quisieran. Los animales decidieron pararse en la aldea de Seixalvo, donde se le construyó una capilla.
El capítulo final de esta mudanza ocurrió unos cincuenta años después, cuando el obispo Pedro Seguín decidió llevarse las reliquias a la Catedral de Ourense. Esto indignó tanto a la diócesis de Braga que por lo visto el obispo portugués tuvo que meterse en la disputa en persona. Se sospecha que fue justo en medio de este tenso tira y afloja cuando la iglesia de Ourense decidió añadirle a la santa los milagros de la Eufemia de Calcedonia. Una estrategia de marketing medieval infalible para darle a la santa un estatus, y sin querer para despistar a los fieles, y a los no tan devotos pero amantes de la historia, cultura y arte.
Pero toda la publicidad es poca en su día, a la que podría ostentar el patronato oficial de Ourense. Santa, mujer, perseguida, vilipendiada, enterrada y con auténticas reliquias en nuestras basílicas.
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