El loro del Concello de Ourense que sabía demasiado

MUERTE DEL LORO YACO

Un hongo acaba con el loro que convirtió el despacho del alcalde en una pajarera consentida por la cúpula municipal. El ave deja un rastro de deposiciones oficiales, un sentido luto en Alcaldía y el alivio de quienes temían que empezara a airear secretos del Concello

Un loro yaco en el Concello de Ourense.
Un loro yaco en el Concello de Ourense. | La Región

Durante semanas fue el ruxerruxe en los pasillos del Concello. Muchos funcionarios lo sabían y las visitas que acudían a despachar con el alcalde salían ojipláticas tras compartir reunión con un loro sobrevolando sus cabezas. El rumor de que la Alcaldía de Ourense se había convertido en un aviario empezó a circular por la ciudad y se destapó definitivamente ante el gran público en el pasado Entroido, cuando Jácome exhibió al animal como atrezo viviente para su disfraz de pirata. Ahora, lo que ya era un esperpento a voces ha tomado tintes de tragicomedia tras el repentino fallecimiento del animal.

El alcalde anunciaba en sus redes -a los acordes de “La vita è bella”- la muerte de este yaco de cola roja de apenas siete meses. Una letal infección por el hongo Aspergillus acabó con la corta vida de un loro que puede llegar a vivir varias décadas, pero que no soportó las condiciones de su improvisado hábitat: el despacho institucional de la tercera ciudad de Galicia. La aspergilosis aflora cuando el ave sufre estrés por no tener la compañía adecuada.

Ciscando el despacho

Fiel a su estilo, el regidor no desaprovechó la esquela para hacer burla en un mensaje cargado de cinismo. Jácome aseguró que el ave era “tan cariñosa” que le gustaba tener papel de periódico debajo, en una evidente alusión a sus deposiciones. Lo que omitió en su burla es que esos mismos excrementos que ciscaban a diario el mobiliario, el suelo del despacho y hasta los papeles oficiales, no los limpiaba él. La situación, como todos sus caprichos, a destinar a los propios trabajadores de la limpieza municipal, pagada con dinero público, para adecentar los estragos del capricho del regidor. Mientras tanto, en la sombra, la jefa de gabinete, Susana Gómez, y el concejal de asuntos varios Rafael Cachafeiro ejercían a efectos prácticos como los cuidadores principales del exótico inquilino.

La historia de este yaco anillado, del que se desconoce su fecha exacta de llegada o quién lo introdujo en el Consistorio, es el enésimo reflejo de la patrimonialización del Concello. Jácome ha convertido el despacho oficial, donde ya se hizo sitio célebre piano de cola, en el salón de su casa.

Lejos de advertir sobre la excentricidad -quizás hasta con problemas sanitarios-, la cúpula técnica y política decidió reírle la gracia al jefe. Las fotografías que han trascendido tras la muerte del animal lo muestran posando plácidamente sobre los hombros del secretario del Pleno, Paco Cacharro; del asesor jurídico, Javier García Gago, y del city manager, Juan Ramón Costas.

La pasividad de quienes deben velar por el decoro institucional resulta aún más incomprensible dado el historial del pájaro, que llegó a arrancarle un pendiente a una trabajadora en un vuelo rasante y a dejarle un severo arañazo en la oreja a uno de los asesores. A pesar de los incidentes y de las carencias de salubridad, el servilismo imperó.

De luto

En DO el ambiente es de luto y caras compungidas. Mientras, en la calle el sentir se resume en la más pura resignación gallega: agora xa foi. Según bromeaban las malas lenguas de la Praza Maior, el loro era el asesor más sensato de todo el gobierno local y, por suerte para algunos, murió antes de que su capacidad de imitación le hiciera repetir las cosas raras que se escuchan en ese camarote de los Hermanos Marx. Como sentenciaba un vecino: “No me extraña que el loro dijera marcho que teño que marchar. La causa de la muerte debió de ser un ataque agudo de vergüenza ajena”.

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