Virgilio Morello y Nancy Torres en la salud y la enfermedad, vida de una pareja venezolana

LA NUEVA ORENSANÍA

Tras sucesivas visitas a Ourense como turistas para visitar a una sobrina, una pareja de profesores jubilados de Venezuela, se decanta por la ciudad a orillas del Miño. Unidos recorrieron kilómetros y alguna resurrección, y juntos siguen levantándose cada mañana

Miriam Blanco | Marta Vázquez
Publicado: 05 mar 2025 - 07:00 Actualizado: 05 mar 2025 - 10:27
LA NUEVA OURENSANÍA | Nancy Torres y Virgilio Morello | La Región

Conozco bien a Virgilio y Nancy, durante años vigilaban a una simpática anciana que, habiendo emigrado previamente a Venezuela, acababa sus días en una pequeña parroquia de A Peroxa. En los últimos años de vida, ya no estaba para mucho baile, pero ellos la sacaban igual en coche a dejarse ver por la Ribeira Sacra.

Le paseaban al perrito, se encargaban de su higiene, le tenían limpia la casa. El misterio de su vida anterior, habida cuenta que decidieron quedarse tras un viaje turístico, me persiguió para entrevistarlos. 

Muerte y resurrección

“Tuve una lesión medular grave, estuve nueve meses parapléjico, hospitalizado”, cuenta Virgilio a nuestro reencuentro, pasados unos dos años. Una infección bacteriana contraída durante una intervención lo llevó bien cerquita del otro barrio. “Avisé a mis hijos de que pediría la muerte asistida, que eso lo permite la iglesia”, revela durante la entrevista. Son Nancy y Virgilio católicos y practicantes. “Fueron cinco meses con un dolor insoportable”, puntualiza. Nancy iba y venía al Hospital Universitario de A Coruña desde Ourense en tren, hasta que se cruzaron con Asotrame. “Una asociación que me facilitó un piso para quedarme allí, me cambió la vida, no hay dinero que lo pague”, comenta. Nos cuentan esta película sentados desde su sofá, luce Virgilio rubor en las mejillas, y se le ve incluso lozano. “Es de comer y descansar”, sonríe él, que hace rehabilitación varios días a la semana. Pasito a pasito salva la distancia de su sexto piso en O Couto a la calle, donde le espera una ambulancia. Otra vida más que es un misterio, y que retrotrae al milagro de Lázaro.

“Aquí terminamos porque veníamos a ver a una sobrina que estudió y se casó en Ourense”, revela. En uno de esos viajes planearon quedarse. “Yo ya había sido diagnosticado por cáncer de vejiga y me aconsejaron que me tratase en España”, revela. Así que cambiaron las aguas de Isla Margarita, donde se habían instalado tras su jubilación, por el cauce del río Miño. Sueña una que en el Caribe se vive todo el día en chanclas. “Antes había vuelos internacionales que llegaban allí”, apunta Virgilio. “Todo es distinto ahora, pero dicen que la cosa está más segura porque se marcharon todos los malandros”, añaden.

Nancy Torres y Virgilio Morello en su casa en O Couto
Nancy Torres y Virgilio Morello en su casa en O Couto | Marta Vázquez

Trabajaron Virgilio y Nancy en su país como profesores universitarios en Barquisimeto, de educación comercial y de informática. Criaron a tres hijos que hoy residen entre Estados Unidos y Montevideo, pero por ninguno de estos lugares se decantaron. “Hasta que me puse mal, los hijos nos mandaban a buscar todas las navidades y nos llevaban a Florida”, explican. Allí no se quieren mudar por la diferencia cultural. “Si no tienes coche te la pasas en casa”, explica Virgilio. “Lo conocemos bien porque ya estuvimos un tiempo, con una beca en la universidad”, apunta Nancy. 

“Nos hicimos voluntarios de la Cruz Roja al poco de llegar aquí”, explican. “Yo además fui técnico de la oficina ourensana de la Federación venezolana de Galicia, FEVEGA, durante cuatro años”, añade Virgilio. “Fue una experiencia muy bonita, la de ayudar al retornado”, comenta. “En 2015 el presidente Maduro suspendió el pago de las pensiones, justo al año de haber llegado, nos dejó sin un centavo”, ríe Nancy, el destino quiso que se cruzara con Tía Arita, la buena señora que atendía en la aldea.

¿Cual será el secreto de los matrimonios que llevan más de cincuenta años juntos?, la pareja nos lee el rostro. “Comunicación, paciencia, y colaboración cuando hay niños”, responde Nancy. El tercer consejo lo deja caer así, sin darle mucho bombo, pero desde aquí, le ponemos la negrita y el subrayado. Que sepan los futuros maridos del nuevo siglo, que hay que arrimar el hombro, que ya lo dicen las cónyuges pretéritas aunque de refilón, sin ese ingrediente la cosa se trunca. “La leyenda dice que un tío de Nancy se fue a Cuicas de telegrafista, y se enamoró de una tía mía que por allí andaba”, narra Virgilio una relación que por lo visto no pudo ser, porque uno de los protagonistas se mudó de aldea. “Mi suegra lo contaba”, añade. Pareciese una suerte de justicia divina lo de esta pareja aquí presente, herencia de aquella relación de época que no pudo tener lugar.

“Receptivo y sin malicia”, se define Virgilio. “Yo soy una persona servicial”, opina Nancy. 

Pasión y esperanza en sus prendas, son equipo hasta en el vestir, no hay más que mirarlos en la estampa.

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