Los drones se alían con el agro ourensano para asumir tareas complejas
TECNOLOGÍA PARA EL RURAL
Los drones ganan terreno en la agricultura y la gestión forestal, pero la maraña burocrática frena su aplicación para combatir plagas y restaurar zonas afectadas por incendios
Los drones de precisión son un aliado crucial en el rural, tal como demuestran sus actuaciones hasta el momento. Cada vez más particulares o administraciones demandan el apoyo del dron en tareas agrícolas o forestales por la accesibilidad, precisión y seguridad que proporcionan. “Impiden que el agricultor cargue con las mochilas de productos fitosanitarios a la espalda por territorios complicados o en la siembra manual; además evitan que se meta maquinaria pesada en un terreno estrecho, húmedo o inestable, pisar el cultivo o compactar el suelo”, detallan desde el círculo de los pocos pilotos con autorización para estas tareas en Galicia.
Según las experiencias registradas en la provincia de Ourense, los expertos destacan su potencial para combatir el riesgo de plagas en el maíz, porque estos drones permiten adentrarse en el cultivo tupido. Sucede algo similar con los cuidados que requieren las vides en los socalcos de los cañones de los ríos Sil y Miño, en donde facilitan el trabajo en pendientes pronunciadas y donde una aplicación manual supone un esfuerzo y un riesgo importantes. Y la patata es otra buena clienta. En zonas productoras, como es la comarca de A Limia, los episodios de lluvia y encharcamiento. “Con el cambio climático prácticamente hemos pasado de cuatro estaciones a dos: cuando no llueve y cuando llueve, que impide entrar al campo con la maquinaria. Los agricultores están deseando que se normalice su uso porque entre la información que aportan en un barrido y la facilidad de aplicación de productos, se gana en capacidad de reacción y los costes parecen asumibles. Si no se ataja a tiempo un problema, significa que en lugar de un tratamiento habría que dar cuatro o incluso cinco”, comenta Servando Álvarez Pousa, director técnico del Centro de Desenvolvemento Agrogandeiro de Xinzo de Limia (INORDE).
Pero probablemente el ámbito con mayor potencial es el forestal. En tareas de restauración tras los incendios, los drones combinan la fotogrametría avanzada con sistemas guiados por GPS e inteligencia artificial. Su tecnología permite seguir el relieve orográfico, cortar la aplicación de productos fuera de la zona delimitada y dejar un registro digital de lo ejecutado. Aportan una precisión imprescindible en espacios protegidos como la Red Natura. Entonces, ¿por qué no se extiende su uso?
Maraña burocrática
Galicia cuenta con más de 8.000 operadores de dron dados de alta en la Agencia Estatal de Seguridad Aérea (AESA), pero son contados los que se dedican a estas tareas especializadas. Su inventario de servicios incluye desde realizar controles de plagas a pulverizar cultivos, mapeos de riesgos, recuento de arbolado o siembra aérea. Son una herramienta eficaz para la silvicultura moderna, pero su aplicación se ve ralentizada, incluso bloqueada, por una laberíntica normativa.
“Los agricultores están deseando que se normalice el uso del dron para el campo”, afirma Servando Álvarez (INORDE)
Las últimas autorizaciones excepcionales para la aplicación de productos fitosanitarios solicitadas por la Consellería de Medio Rural al Ministerio de Agricultura fueron denegadas. Esta negativa desembocó en una reciente reunión del director general de Ganadería, Agricultura e Industrias Agroalimentarias y el director de la Agencia Gallega de la Calidad Alimentaria con representantes de Unións Agrarias, Asaga y de las denominaciones de origen vitivinícolas. La petición fue clara: solicitar al Ministerio de Agricultura y a la UE la flexibilización de los permisos para actuar cuanto antes en los viñedos heroicos de la Ribeira Sacra y en el control de plagas en el maíz, abundante en A Limia y en las vegas del Támega, en la comarca de Monterrei. El escollo reside en que estos equipos se rigen por la misma normativa estatal que regula las aeronaves tripuladas. Por tanto, en lo aeronáutico es necesario el registro como operador UAS, seguro, autorización de AESA, manual de operaciones, identificación remota y coordinación del espacio aéreo.
En lo fitosanitario, la empresa debe estar inscrita en el registro oficial ROPO, el personal con carnés y formación, trazabilidad de cada actuación y, lo más específico, el producto y cada plan de aplicación necesitan una autorización puntual. Los pilotos evidencian contradicciones como que “cuando se consiguen los permisos y se pueden aplicar los productos, las plagas pueden estar ya descontroladas”, apunta David Blanco, experto en biocontrol con drones.
La tierra sigue a la espera de una solución que ya existe, pero el marco legal es rígido y, como recuerdan desde el sector, “o calzado ten que ser para o pé, non o pé para o calzado”.
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