Marcos Ribeiro, vecino portugués de A Raia: “Vou a Ourense buscar gas e gasolina”

Marcos Ribeiro, vecino de Vila Verde da Raia
Marcos Ribeiro, vecino de Vila Verde da Raia | La Región

El paso de vehículos con matrícula portuguesa es continuo en la gasolinera de Feces de Abaixo, en Verín. Esta situación se repite a diario debido a la diferencia de precios del combustible entre ambos países. Joaquim, un conductor luso que acude habitualmente a repostar, explica que ver los surtidores llenos de ciudadanos portugueses “é o máis normal, todos os días”. El motivo principal de este desplazamiento es la carga fiscal en su país, o como él mismo señala, “do que nos ten sacado o Estado”.

El movimiento en este punto de la frontera va más allá del carburante. Muchos portugueses aprovechan el viaje para adquirir productos en los establecimientos del lado español. En los pasillos de un supermercado local se encuentra Mari Carmen Rodríguez, vecina de Albarellos. Ella explica que, aunque la cesta de la compra es más cara en Portugal, el territorio vecino cuenta con “mucho más ambiente y vida” que los municipios de este lado de A Raia. Por este motivo, destaca que es habitual para los gallegos cruzar la frontera “un domingo a comer con la familia”. Todo este vaivén cotidiano demuestra que, en el fondo, la frontera iguala la vida, pero aun así existen algunas diferencias que siguen marcando el día a día y motivan este cruce constante.

En las inmediaciones de la antigua aduana española encontramos a Marcos Ribeiro, de 66 años. Este portugués, que ha vivido siempre en Vila Verde da Raia, cruza la frontera andando tras acudir a ver a un familiar que vive en la zona gallega. Marcos explica cómo la desaparición de los controles transformó la economía local: “A fronteira perdeu todo; antes había por aí trinta comercios españois e agora fican cinco ou seis”. Al evaluar dónde se vive mejor, aclara que las diferencias entre ambos países se equilibran. Según apunta, aunque en Portugal los salarios son menores, en España el coste de vida es superior, por lo que al final “vai todo bater no mesmo; unha cousa leva a outra”.

Marcos señala que, décadas atrás, las condiciones de los portugueses eran complicadas, afirmando que en el lado español los trataban “como veciños de segunda” y los hacían “traballar como burros”. Ahora, la realidad es diferente. Tras conversar, el jubilado retoma la caminata hacia su casa situada justo detrás del antiguo puesto aduanero, al lado del “Río Pequeno” que hace de frontera natural. A sus 66 años, y con toda una vida trabajando la piedra a las espaldas, sus paseos a Galicia ya no tienen nada que ver con los de antaño. Ahora se limitan a una rutina puramente práctica: "Eu o que vou alí buscar é o gás e a gasolina, pouco máis”.

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