INNOVACIÓN Y TECNOLOGÍA
La soberanía tecnológica, un factor decisivo para la industria gallega
INNOVACIÓN Y TECNOLOGÍA
El Parque Tecnológico de Galicia - Tecnópole fue el escenario elegido para la segunda edición del Foro de Innovación y Tecnología 2026 “Galicia ante el próximo ciclo”, que reunió a figuras destacadas del ecosistema gallego con representantes de la administración, directivos de empresas industriales y de la operadora de telecomunicaciones gallega R, investigadores universitarios, responsables de centros tecnológicos de vanguardia y especialistas en soluciones digitales y soberanía en la nube.
Durante la apertura del Foro de Innovación Tecnológica 2026, Marta Nóvoa, en su doble condición de alcaldesa de San Cibrao y vicepresidenta de la Diputación de Ourense, reivindicó la vigencia de este espacio al afirmar que “estamos en el lugar perfecto”, recordando que el parque nació con la idea de ser el nodo desde donde las empresas gallegas se proyectan al mundo. Según Nóvoa, aunque la provincia de Ourense pueda parecer en ocasiones menos industrializada que otros polos, alberga un binomio de éxito entre la tradición y la vanguardia que, reforzado por alianzas estratégicas con el eje Vigo-Ourense, debe ser el motor de la nueva estrategia provincial.
Esta visión de unidad y ambición fue respaldada por María Borrás, del Círculo de Empresarios de Galicia, y Javier Taibo, director de la Tecnópole, quienes enfatizaron que la innovación ha dejado de ser una opción estética para convertirse en una condición de supervivencia. La jornada se centró así en analizar cómo hacer que la tecnología deje de ser un gasto en el balance para transformarse en el motor de la facturación.
El primer gran bloque de debate abordó la digitalización desde una perspectiva financiera ineludible. Alfredo Ramos, director de R y territorial de Masorange en Galicia, expuso una visión donde la infraestructura de red móvil y fibra óptica constituye los cimientos del resto de avances tecnológicos. Con una cuota de mercado móvil que alcanza el 46% en Galicia, Ramos sostiene que el verdadero valor no reside en la señal en sí, sino en el rastro inteligente que dejan los usuarios al interactuar con ella.
Para él, el diferencial competitivo se encuentra ahora en la capa de servicios inteligentes. “La infraestructura está ahí, pero el valor está viniendo por los servicios de IA”, señaló, explicando que la capacidad de gestionar 90.000 millones de registros de interacciones diarias permite hoy a una empresa saber, por ejemplo, dónde ubicar su próxima tienda según los flujos de movimiento humano.
Ramos ilustró esta potencia con ejemplos tangibles que ya están operando en el territorio. Es el caso de que, gracias a la baja latencia del 5G, hoy es posible gestionar de forma remota una grúa en un puerto, eliminando riesgos laborales y aumentando la eficiencia operativa. Además, la aplicación de IA generativa y analítica en la gestión de clientes, procesando más de 4 millones de llamadas mensuales de voz a texto, está permitiendo reducir drásticamente los tiempos en los call centers y anticipar la tasa de abandono de los usuarios. Sin embargo, recordó que “lo bonito es hacer crecer la primera línea de la cuenta de resultados”. Para Ramos, el reto actual es que el empresario perciba este impacto y se atreva a escalar proyectos transversales que saquen a la tecnología de los departamentos de soporte para llevarla al centro de la estrategia de ingresos.
En esta misma línea de eficiencia operativa, Víctor Lorenzo, director TIC del Grupo Cuevas, aportó la perspectiva de una industria con fuerte arraigo que ha sabido integrar el software de gestión y la nube híbrida para optimizar procesos masivos. Lorenzo destacó que en organizaciones que facturan cientos de millones de euros, la tecnología debe ser la base sobre la que se asienta la toma de decisiones diaria. Complementando esta visión, Marcos Valiño, director del Área de Transparencia de la Diputación de Ourense, recordó que este proceso no debe ser exclusivo del ámbito privado. La administración pública tiene la responsabilidad de actuar como garante de un ecosistema abierto y transparente, facilitando que el flujo de datos sea un activo compartido que potencie la innovación en todo el territorio de forma segura y accesible.
La creación de tecnología propia requiere un ecosistema donde el conocimiento no se quede estancado en el papel. Humberto Michinel, de la Universidad de Vigo, puso el foco en la necesidad de alimentar la investigación básica como la semilla de cualquier avance disruptivo posterior. No obstante, el mayor reto sigue siendo cruzar el llamado “valle de la muerte”, ese espacio crítico que separa la idea académica del producto comercializable. Antía Fernández, directora de Innovación de Gradiant, explicó que es, precisamente, el trabajo de los centros tecnológicos actuar como “ojeadores” que asumen el riesgo de madurar innovaciones antes de que lleguen a la empresa final.
Fernández reveló que el 82% de los ingresos privados de los centros tecnológicos gallegos proviene de clientes recurrentes, lo que avala la eficacia de este modelo de colaboración. En un contexto donde en Europa menos del 5% de la inversión privada se destina a deep tech, en Galicia se están dando pasos firmes en campos como los sensores cuánticos o la fotónica de bajo consumo. “La gente prefiere invertir en pisos turísticos que en sensores cuánticos porque el retorno es más inmediato”, reflexionó Fernández, subrayando que la verdadera competitividad vendrá de aquellos que se atrevan a financiar la ciencia del mañana. A día de hoy, la IA generativa ya permite que las empresas gallegas tengan sus propios sistemas privados de asistentes para la toma de decisiones de valor estratégico, demostrando que la innovación “made in Galicia” ya es una realidad operativa y no una promesa a largo plazo.
En esta mesa participó también Esther Merlo, directora de Madera Plus, quien aterrizó la tecnología en uno de los sectores más tradicionales y vitales de la comunidad, como es el forestal. Merlo describió un escenario donde se utilizan nubes de puntos, ultrasonidos y escáneres aéreos para determinar la calidad de la fibra de la madera o predecir plagas con una precisión milimétrica. Sin embargo, lanzó una advertencia sobre la falta de “talento híbrido”. Según Merlo, existe un vacío entre los expertos en software puro y aquellos que comprenden los procesos industriales de fabricación. “El lenguaje y los tiempos en entendernos son vitales; si la empresa tecnológica ya conoce el proceso, la solución se plantea muchísimo más rápido”, explicó. Para ella, la innovación debe “conjurarse con la producción” diaria, asegurando que el técnico y el operario hablen el mismo idioma para que la tecnología sea una ayuda real y no una carga adicional en los turnos de trabajo.
El último bloque del foro abordó la cuestión de la soberanía digital y la importancia de contar con infraestructuras locales robustas. Rafael Villaverde, CEO de Cloud.gal, alertó sobre la dependencia extrema de tecnologías extranjeras, que actualmente dominan el 80% del mercado tecnológico en Europa. Ante esta situación, su propuesta pasa por construir una “nube con propósito gallego e idiosincrasia propia”. Villaverde ilustró la importancia de la eficiencia local con un análisis de ejemplo revelando que un sistema lento que obliga a un usuario a esperar apenas 6 segundos por cada minuto de trabajo se traduce, en una empresa de mil empleados, en una pérdida de productividad valorada en 2 millones de euros. “Eso no es un problema tecnológico, es un problema de productividad”.
La apuesta por la nube local no es sólo una cuestión de cercanía física, sino de resiliencia ante los problemas de suministro global de hardware y los elevados costes de las grandes plataformas internacionales. Al traer la infraestructura al territorio, las pymes gallegas ganan en seguridad, cumplimiento normativo y agilidad. Esta ambición de escala es fundamental para empresas que, como Redegal, buscan expandir el modelo gallego al mundo. Gervasio Varela, su director de Producto, enfatizó que la escala y el modelo de negocio deben ser internacionales, pero manteniendo las raíces operativas en el territorio para retener el talento. Por su parte Eugenia Juncal, directora de Innovación de Granja Campomayor, reforzó esta idea señalando que la innovación no debe ser un esfuerzo aislado, sino una cultura empresarial que permita a las organizaciones ser resilientes ante las amenazas geopolíticas y económicas, las cuales definieron como “aguas turbulentas”.
El foro concluyó con una reflexión sobre la ciberseguridad y la soberanía del dato como los pilares para navegar en un entorno global incierto. La conclusión global fue que Galicia posee todas las piezas necesarias, como son una conectividad robusta liderada por R; soberanía digital a través de proyectos como Cloud.gal y una red de centros tecnológicos como Gradiant capaces de transformar la ciencia en beneficio económico.
Alfredo Ramos subrayó que el verdadero reto ya no es disponer de red, sino convertir los datos y la inteligencia artificial en decisiones que impacten en el negocio. La conectividad es la base, pero el valor diferencial -señaló- está en la capacidad de aplicar servicios inteligentes que permitan a las empresas ser más eficientes, anticiparse a sus clientes y crecer de forma sostenible. Desde esta perspectiva, Galicia cuenta hoy con un entorno tecnológico maduro, en el que la conectividad, el uso avanzado del dato y la inteligencia artificial aplicada comienzan a desempeñar un papel clave en la competitividad empresarial. En este sentido, R amplía su papel más allá de la conectividad para convertirse en un socio tecnológico que impulsa soluciones digitales para las empresas gallegas.
La segunda edición del Foro de Innovación y Tecnología 2026 “Galicia ante el próximo ciclo” manifestó la necesidad de construir una tecnología que no sólo sea eficiente, sino “resiliente en términos de seguridad”. En un entorno global marcado por incertidumbres geopolíticas, la soberanía sobre el dato y la infraestructura se ha convertido en una cuestión de supervivencia empresarial. No se trata simplemente de proteger la información, sino de asegurar la continuidad del negocio frente a crisis de suministros o ciberataques cada vez más sofisticados. En este sentido, se destacó que “la tecnología factible para el negocio en temas de ciberseguridad también la tienen los malos”, lo que obliga a las empresas gallegas a mantenerse en un estado de alerta y actualización permanente.
Este blindaje requiere un cambio de paradigma en la relación entre las empresas y sus proveedores tecnológicos. Ya no basta con adquirir un servicio; sino que es necesario buscar “partners adecuados” que entiendan la realidad del territorio y que puedan garantizar que la información crítica no se pierda en nubes extranjeras. Se insistió en que ser soberano de los datos y del talento propio es la única forma de mantener el rumbo firme en medio de las “aguas turbulentas” del mercado internacional. Al final, la tecnología debe servir para aligerar todo aquello que no aporta valor al cliente y acelerar la toma de decisiones, pero siempre desde una base de confianza y control total sobre los activos digitales de la compañía.
Como resumen global de la jornada, el Foro de Innovación Tecnológica 2026 ha dejado claro que Galicia cuenta con la infraestructura de conectividad necesaria, así como con un conocimiento técnico avanzado y una ambición empresarial renovada. El encuentro sirvió así para consolidar la idea de que la tecnología gallega tiene nombre propio y que su éxito futuro depende de la capacidad para integrar el talento híbrido, proteger la soberanía de los datos y, sobre todo, mantener el foco en el retorno real de la inversión. Galicia se posiciona como un territorio capaz de arquitectar sus propias soluciones, transformando los desafíos globales en oportunidades locales para asegurar un crecimiento económico sólido y sostenible en la era digital.
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