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PREVENCIÓN Y CUIDADOS
Las garrapatas pueden transmitir más de 50 tipos de patógenos a los seres humanos, entre ellos bacterias, virus y parásitos. Aunque en la mayoría de los casos la picadura no deriva en infección, el riesgo aumenta de forma significativa cuanto más tiempo permanece el parásito adherido a la piel.
Los especialistas advierten de la importancia de la detección precoz, ya que muchas de las enfermedades asociadas pueden evolucionar con rapidez si no se tratan a tiempo.
Entre las patologías más comunes se encuentra la enfermedad de Lyme (borreliosis), causada por la bacteria Borrelia burgdorferi. Su síntoma más característico es una erupción en forma de diana (eritema migratorio). Si no se trata, puede provocar fatiga crónica, dolor articular y alteraciones neurológicas.
Otra infección habitual en zonas de clima templado del sur de Europa es la fiebre botonosa mediterránea, provocada por Rickettsia conorii. Se manifiesta con fiebre alta, erupciones en palmas y plantas y una costra oscura en el lugar de la picadura.
También destacan otras rickettsiosis, la anaplasmosis y erliquiosis, que afectan a los glóbulos blancos y pueden generar cuadros similares a una gripe intensa, con fiebre, escalofríos y malestar general.
En casos menos frecuentes, la tularemia puede provocar úlceras cutáneas dolorosas e inflamación de ganglios linfáticos.
Entre las enfermedades de origen viral destaca la fiebre hemorrágica de Crimea-Congo, que puede provocar alteraciones severas de la coagulación y hemorragias internas.
Otra patología relevante es la encefalitis transmitida por garrapatas, que afecta al sistema nervioso central y puede causar inflamación del cerebro y las meninges, con riesgo de secuelas neurológicas.
La babesiosis es una infección causada por protozoos que destruyen los glóbulos rojos. Sus síntomas incluyen fiebre alta, escalofríos, fatiga intensa y anemia hemolítica.
Se recomienda acudir a un centro médico si en las cuatro semanas posteriores a una picadura aparecen algunos de los siguientes síntomas:
Los expertos insisten en que la extracción temprana de la garrapata y la vigilancia de síntomas posteriores son claves para reducir el riesgo de complicaciones.
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