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El cáncer de mama es uno de los tumores más frecuentes entre las mujeres y su detección en fases tempranas resulta fundamental para mejorar el pronóstico. Conocer los posibles síntomas, prestar atención a cambios en las mamas y participar en los programas de cribado permite identificar alteraciones que deben ser valoradas por profesionales sanitarios. La Organización Mundial de la Salud destaca que el diagnóstico y el tratamiento precoces reducen la mortalidad asociada a esta enfermedad.
El cáncer de mama no siempre provoca síntomas en sus primeras fases. Cuando aparecen signos, uno de los más habituales es la presencia de un bulto o engrosamiento en la mama, que puede no producir dolor. Sin embargo, cualquier cambio nuevo o anormal debe ser consultado con un profesional sanitario.
Entre las principales señales de alerta se encuentran:
Es importante recordar que la mayoría de los bultos en las mamas no son cancerosos, pero cualquier alteración nueva debe ser examinada para determinar su causa.
La observación y la palpación pueden ayudar a identificar cambios que antes no estaban presentes. La persona puede prestar atención a la forma, el tamaño y el aspecto de las mamas y comprobar si existe algún bulto, endurecimiento o modificación de la piel o del pezón.
No obstante, la autoexploración no permite confirmar ni descartar por sí sola un cáncer de mama. Encontrar un bulto no significa necesariamente que exista un tumor maligno, mientras que no notar ninguna alteración tampoco garantiza que no haya enfermedad.
Ante cualquier cambio persistente o que resulte llamativo, lo recomendable es acudir a un profesional sanitario para que determine si son necesarias pruebas adicionales.
La mamografía es una prueba de imagen fundamental para el cribado del cáncer de mama. Permite detectar determinadas lesiones antes incluso de que aparezcan síntomas perceptibles.
En España, el programa de cribado poblacional se ha dirigido tradicionalmente a mujeres de 50 a 69 años, con una mamografía cada dos años. En mayo de 2026, el Ministerio de Sanidad aprobó la ampliación progresiva de la población objetivo a mujeres de 45 a 74 años, manteniendo la periodicidad bienal, aunque la implantación será gradual en las comunidades autónomas.
La recomendación concreta puede variar en función de la edad, los antecedentes personales y familiares y otros factores de riesgo.
Cuando una mamografía muestra una alteración o existen síntomas que requieren estudio, los profesionales sanitarios pueden solicitar otras pruebas para analizar la zona con mayor detalle.
Entre ellas se encuentran:
La ecografía utiliza ondas de ultrasonido para obtener imágenes de la mama. Puede ser especialmente útil para estudiar determinadas alteraciones detectadas mediante exploración física o mamografía y para diferenciar diferentes tipos de lesiones.
La resonancia magnética de mama puede utilizarse en determinadas situaciones, especialmente cuando existe un riesgo elevado o cuando otras pruebas no proporcionan suficiente información. No es una prueba de cribado indicada de forma general para toda la población.
La biopsia es la prueba que permite obtener una muestra de tejido para analizarla en el laboratorio. Cuando existe una lesión sospechosa, el estudio de esa muestra permite determinar si las células son cancerosas y conocer sus características.
Por tanto, ni la palpación ni una mamografía sospechosa significan automáticamente que exista cáncer. El diagnóstico requiere la valoración médica y, cuando está indicado, las pruebas necesarias para confirmarlo.
Detectar un cáncer de mama cuando todavía está localizado facilita que pueda recibir tratamiento de forma temprana. Por este motivo, conocer las señales de alerta y participar en los programas de cribado cuando corresponda son dos herramientas importantes.
El Ministerio de Sanidad ha advertido además de que la participación en el cribado ha descendido respecto a años anteriores: según los datos de la Encuesta de Salud de España 2023, el 68% de las mujeres de 50 a 69 años declaró haberse realizado una mamografía en los dos años anteriores.
La detección precoz no consiste únicamente en buscar un bulto: también implica reconocer cambios en las mamas y consultar ante cualquier signo sospechoso, además de acudir a las pruebas de cribado recomendadas para cada grupo de edad y nivel de riesgo.
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