Menos logo, más identidad: cómo Margiela, Bottega y Gucci han aprendido a hablar sin monograma

NUEVO LUJO

El lujo que susurra, no grita: la maestría del anti-branding de Margiela, Bottega y Gucci.

Margiela, Bottega y Gucci han aprendido a hablar sin monograma
Margiela, Bottega y Gucci han aprendido a hablar sin monograma | La Región

En una industria obsesionada durante décadas con el monograma visible, algo está cambiando de forma silenciosa pero contundente. El nuevo lujo ya no grita su nombre: lo susurra. Y en ese terreno del IYKYK (If You Know, You Know), tres casas han demostrado que no hace falta un logo explícito para ser inmediatamente reconocibles: Maison Margiela, Bottega Veneta y, ahora, de forma muy inteligente, Gucci.

Durante años, Margiela ha convertido sus cuatro puntadas blancas en uno de los mayores gestos de anti-branding de la moda contemporánea. No hay nombre, no hay símbolo tradicional, solo un detalle casi invisible que, precisamente por eso, se ha vuelto icónico. Es un código interno, una señal de pertenencia para quienes entienden el lenguaje de la marca. El lujo intelectualizado en su máxima expresión.

Bottega Veneta, por su parte, lleva décadas haciendo exactamente lo mismo con el entrelazado Intrecciato. La técnica artesanal del cuero ha pasado de ser una solución funcional a convertirse en una firma visual inmediata. No importa si es un bolso, un zapato o un abrigo: basta un vistazo al tejido para identificar la casa. La marca lo reafirmó eliminando el logo visible y demostrando que la identidad de marca puede construirse desde el diseño puro.

Y ahora Gucci se suma (quizá de forma inesperada) a este club del lujo silencioso. El horsebit, presente históricamente en bolsos y mocasines, da el salto definitivo a la ropa. No como adorno puntual, sino como elemento estructural y recurrente. En chaquetas, pantalones o prendas de punto, el herraje ecuestre funciona como un sello reconocible solo para quienes saben mirar.

Este movimiento no es casual. En un contexto donde el consumidor de lujo busca diferenciación, discreción y conocimiento, el “No” logo se convierte en una herramienta poderosísima. No es ostentación, es cultura de marca. Gucci, al adoptar el horsebit como código transversal, demuestra entender que su legado es lo suficientemente fuerte como para no depender del monograma.

¿Mi veredicto? Conseguir con éxito esta apreciación por parte del consumidor y del posible cliente, demuestra un trabajo impecable. Porque cuando una prenda se reconoce sin decir su nombre, la marca ya ha ganado. Y en esta nueva era del lujo, saber identificar es más valioso que mostrar.

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