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Hablemos de la microgordofobia, los prejuicios que, a través de estereotipos y comentarios que protagonizan nuestro día a día, menguan la autopercepción de uno mismo y derivan en posibles trastornos alimentarios, ansiedad y depresión.
La microgordofobia, concebida como toda práctica socialmente legitimada que desprecia a aquel que no encaje en los estándares sociales normativos físicos, es tan frecuente como disimulada. Se disfraza, pasa desapercibida y echa raíces en la concepción social de la obesidad y del sobrepeso. De esta forma, se construye una conceptualización concreta de lo que supone padecerlo.
Los profesores y colaboradores de los Estudios de Psicología y Ciencias de la Educación de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC), la psicóloga Amalia Gordóvil y el sociólogo Ferrán Giménez, recogen los prejuicios más extendidos:
Estos convencionalismos que engloba la microgordofobia son, en palabras de Amalia Gordóvil, “una carta de presentación”: Ser gordo se convirtió en un constructo social que trae implícitos factores positivos (aunque ridiculizados) y negativos, pesando más estos últimos. Todos estos prejuicios someten, de manera directa o no, a un importante segmento de la población.
Según la última encuesta poblacional de la Sociedad Española para el Estudio de la Obesidad (Seedo), más de la mitad de los españoles (53,8%) padecen exceso de peso. Este estudio, que parte de una muestra de un millar de participantes, estima que un 36,6% padece sobrepeso y un 17,2% obesidad.
Se hable de una cosa u otra, las consecuencias no se deben contemplar sólo desde el punto de vista físico, pese a la frecuencia con la que eso ocurre. Ambas causan estragos en la salud tanto física como mental.
Es más, según la encuesta anteriormente mencionada, un 43,9% de los que creen tener exceso de peso se han sentido acomplejados por ello. Al hablar de mujeres, la cifra sube al 54,5%. Pero la cosa no queda ahí: el 14,1% asegura haberse sentido rechazado por su peso en alguna ocasión.
“No somos conscientes del sufrimiento que todos estos prejuicios pueden ocasionarles”, señala la experta Amalia Gordóvil. Y es que quienes padecen de ello pueden llegar a desarrollar sintomatología ansiosa y un bajo estado de ánimo que, en ocasiones, desemboca en trastornos depresivos o alimentarios.
La situación se puede agravar, más aún si cabe, cuando se trata de adolescentes por la difícil interiorización de inseguridades.
Pero más allá de salud, la idealización del cuerpo es una cuestión recurrente y ya estudiada. El sujeto de rendimiento, un concepto acuñado por el filósofo coreano Byung Chul Han, hace referencia al hecho de que no somos libres, sino que vivimos sujetos a determinados estándares, bien sea en el trabajo, la salud o el consumo. La sociedad, mercantilista e individualista, prácticamente nos esclaviza en base a aspiraciones comunes.
Así, los gimnasios, la ropa o los superalimentos no son más que parte de una gran parafernalia que nos convierte en sujetos de consumo. La presión estética que subyace de ese hecho es ineludible y, precisamente por eso, quienes no encajan en la imagen de referencia, el molde al que debemos adaptarnos, son inmediatamente señalados.
Aquel que se levanta y cuestiona lo normativo es quien marca la diferencia. Porque tal y como señala la psicóloga, hay más concienciación social, más críticos del cuerpo normativo. Las nuevas generaciones están tratando de cambiar los cánones. Pero todavía queda mucho camino.
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