MANUEL BERMÚDEZ COUSO
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La pequeña aldea de Sobrado, en la localidad de A Pobra de Trives, es el lugar al que Aurora Blanco Pérez viaja cada verano junto a su esposo, Xavi Falcón Vilaplana, y su pequeño de 10 años, Miquel Falcón Blanco. Esta es la tierra de sus padres, a la que año tras años retornaban desde Barcelona siempre que podían, y ese amor por esta zona rural es el que le han transmitido a Aurora Blanco y ella a su hijo.
¿Desde cuándo pasa sus veranos en Sobrado?
Mis padres emigraron muy jóvenes a Alemania en busca de progreso, y regresaron para que yo naciera en Ourense y a los tres meses emprendimos nueva vida en Barcelona, en donde había más familia, pero cada verano no fallamos a nuestra cita con el pueblo. Desde mi primer añito de vida vengo cada verano.
¿Qué significa para usted retornar cada verano al pueblo?
Es recordar mis orígenes, respirar naturaleza, desconexión. Poder disfrutar de la familia, primos, amigos, magnífica comida, maravillosos paisajes de un cielo estrellado único y del agradable fresco de las noches.
¿Ahora cómo es poder enseñarle este amor por sus orígenes a su hijo?
Desde hace 9 años mis visitas a Sobrado son con mi hijo. Me gusta que él conozca y viva el rural, con sus tradiciones y buenas costumbres. En los pueblos los “superabuelos” tienen su pandilla con la que hacen excursiones y van a la piscina de Manzaneda con sus nietos. A él le encanta venir, porque está en contacto directo con la naturaleza y los animalitos, algo impensable en la ciudad.
¿Existe la morriña?
Sí, está ahí y llevo bastante mal el estar lejos y no poder escaparme un finde a este lugar tan querido. Cada vez que me tengo que ir, unas “lagrimiñas” caen.
¿Qué diría que no se puede perder quien visite Trives?
No te puedes perder la Ribeira Sacra, un tesoro escondido entre montañas y debes hacer una excursión por la ruta de los Sequeiros en Pena Folenche, muy recomendable para niños.
¿Qué recuerdos tiene cuando decimos “Sobrado”?
30 niños juntos delante del bar de “Purita”, tardes de piscina, alguna acampada en Prada, tardes de piscina, cenas en Casa Agenor. Veranos mágicos.
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