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Los vecinos de este pueblo de Rubiá homenajearon al centenario Leoncio Franco y a sus nonagenarios
Leoncio Franco Fernández se encontraba como fuera de sitio en la tarde de ayer. Fue como si las muestras de cariño de sus familiares y convecinos de Biobra, un pequeño pueblo de 74 habitantes de Rubiá, lo cogiesen por sorpresa. É un detalle, comentó, para después intentar darle una explicación a su homenaje: Nunca me metín nin lle fixen dano a ningúen.
Lo dijo nada más entrar en la sala de fiestas de Biobra, una nave semejante a un polideportivo cubierto que los vecinos usan en sus festejos. Aquí asistió, junto a su esposa, Socorro López, de 97 años, al acto central del homenaje que los vecinos le tributaron a él y a los mayores de 90 años.
Comenzó con las palabras de Roberto Franco. Este vecino los calificó como la generación de hierro. En su intervención no faltó la, hoy en día, casi obligada referencia al mal momento económico: No les da miedo la palabra crisis, ni sentir frío o hambre, dijo, añadiendo a continuación que Son hombres y mujeres austeros que no conocen qué es el despilfarro.
Una vez finalizado el discurso, dio comienzo la comida popular, en la que no faltó la tarta de cumpleaños. Tuvo seis pisos y la elaboró una vecina de 83 años.
Pero el homenaje comenzó una hora antes de cortar la tarta y lo hizo en la iglesia. Su imagen fue totalmente distinta a la de la liturgia de un sábado cualquiera, con todos los bancos ocupados por los familiares y vecinos que no quisieron perderse el evento.
La liturgia comenzó con el himno gallego, interpretado por el joven grupo de gaitas del pueblo. No fue ésta la única innovación de la ceremonia, pues poco después, el cura párroco, Herminio González, apagaba las luces del templo, que se convirtió en una inusual sala de proyecciones.
Ayudándose de un ordenador portátil, el cura proyectaba un breve vídeo que comenzaba con las palabras la edad madura, un tesoro, una lección no siempre bien aprendida. Pudo leerse sobre una pantalla colocada sobre el retablo mayor. Una sonora ovación y un que cumplan muchos más, del sacerdote, puso fin a la liturgia.
Un centenario trabajando la huerta
El matrimonio de Leoncio Franco y Socorro López no tuvo hijos, pero si tienen hermanos y sobrinos. Uno de ellos intentaba justificar su longevidad en una alimentación sana, ajena a los productos artificiales. Basada fundamentalmente, en la carne de cerdo y en los cultivos de huerta.
El homenajeado se queja de que su salud no está para muchas alegrías y protesta por tener que llevar un bastón en sus paseos. Sin embargo, sus parientes resaltan su buen estado de forma. Es más, aseguran que a su 100 años continúa trabajando sus huertas.
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