La intención ahora es poder cuantificar los daños de la riada.
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Alan Pérez
Galería | La huella del desastre dejado por la riada en A Bouza y acentuado por la parálisis, en fotos
12 DÍAS EN PAUSA
A Bouza empieza a limpiar las consecuencias de la riada tras dos semanas de espera y abandono de escombros.
Dos semanas después de la riada que devastó la aldea de A Bouza, los vecinos comienzan a ver un primer avance con la autorización de las tareas de retirada de escombros, tras un periodo en el que el pueblo ha permanecido cubierto por lodo, piedras, árboles y restos arrastrados por el temporal.
La respuesta institucional llegó tras una reunión entre el conselleiro de Presidencia, Diego Calvo, el alcalde de Viana do Bolo y representantes de distintas administraciones, en la que se acordó que la Diputación de Ourense, con apoyo de Tragsa, asuma la limpieza urgente de la zona para acelerar su recuperación.
Las fotografías muestran el impacto real de una situación que los propios vecinos describen como prolongada e insostenible, con espacios todavía inutilizables, daños visibles en viviendas y restos que han agravado las condiciones de salubridad en varias zonas de la aldea.
Durante estos días de espera, muchas familias han tenido que abandonar sus casas y convivir con la sensación de paralización, mientras reclamaban una intervención que ahora, por fin, comienza a materializarse como primer paso hacia la vuelta a la normalidad.
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Las casas continúan con los destrozos que ocasionó la riada.
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Los escombros siguen marcando el paisaje en A Bouza.
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Los efectos de la riada en Viana do Bolo.
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El verde intenta ganar protagonismo ante el estado de las vías.
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Una niña observa junto a un familiar la situación actual de la aldea.
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Los vecinos junto con sus propios medios en las zonas afectadas.
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Los caminos para cruzar la aldea muestran poca accesibilidad.
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Algunos de los vehículos siguen en un estado inutilizable.
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Gente propia de A Bouza recordando la riada.
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Ni las continuas llamadas de los afectados, ni las protestas vecinales, ni las reiteradas denuncias en los medios de comunicación lograron acelerar una respuesta institucional.
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La intención ahora es poder cuantificar los daños de la riada.
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Una niña sentada entre los escombros.
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Vecinos de a Bouza con sus tractores intentando abrirse paso.
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La presencia de animales muertos en plantas bajas y espacios anegados, una realidad que los vecinos califican de límite y que convierte algunos puntos en lugares insalubres.
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Dos semanas después de que la riada arrasara A Bouza, la aldea recibe, por fin, luz verde para el inicio de las labores de desescombro.
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Una mascota paseando por su nueva realidad.
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Los vecinos han convivido durante casi dos semanas con toneladas de piedras, lodo, árboles y restos arrastrados por la fuerza del agua
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Una vista general de A Bouza en la que no se distingue el suelo.
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Ciudadanos intentando despejar algunos lugares.
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Una moto entre la basura arrastrada por la riada.
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La gente vive entre estos restos y denuncian zonas insalubres.
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La huella del desastre dejado por la riada en A Bouza y acentuado por la parálisis.
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Loas garajes continúan en este estado tras 12 días.
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Los vehículos sufren la falta de ayuda para la limpieza de A Bouza.
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Un padre y una hija ante la situación actual de la aldea.
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Estos familiares revisando los efectos de la riada.
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El desastre acentuado por la parálisis sigue siendo tema de conversación.
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Los vecinos a la espera de la reunión con las autoridades.
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Los cultivos sufrieron las consecuencias de este desaste.
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Las quejas protagonizan las calles después de días viviendo entre lodo, olor a putrefacción de animales muertos y sin servicios básicos.
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Las casas están amenazadas por los restos de la riada.
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La electricidad estuvo afectada durante días.
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“Solo se ve escombro, pero hay mucho más”, denuncian los vecinos.
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"Estamos totalmente olvidados”, la frase que más se repetía en A Bouza.
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La reunión con el alcalde de Viana do Bolo.
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La huella del desastre dejado por la riada.
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El estado después del episodio de lluvias torrenciales.
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