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El hermano Gil, un conciudadano de Asís, que impresionado por cómo distribuíamos nuestros bienes entre los más necesitados se había unido a nosotros, fue quien, peregrinando por estas tierras gallegas, se percató de una tradición ancestral, “las hierbas de San Juan”, parecida a otra que existe en algunas regiones de nuestra tierra natal. Efectivamente, en la Campania, en la zona del Vesubio y en la costa sorrentina y amalfitana, “el agua de rosas de la Ascensión”, preparada con pétalos de esta flor y hojas y flores de naranjos y limoneros, la usa la gente para lavarse en ese día de fiesta.
En Galicia, la víspera de la fiesta de San Juan, o sea al atardecer del 23 de junio, los paisanos recogen diferentes hierbas que dejan en agua durante toda la noche al rocío. A la mañana siguiente todos los miembros de la familia se lavan la cara con ese agua perfumada. Se trata de una arraigada costumbre que se transmite de padres a hijos.
Aunque el número de especies viene fijado por algunos en siete (el fiuncho, hinojo o Foeniculum vulgare, el fento macho, helecho macho o Dryopteris filix-mas, el codeso o Adenocarpus complicatus, la abeloura, hierba de san Juan o Hypericum perforatum, la malva o Malva sylvestris, el romeu, romero o Rosmarinus officinalis y la herba luisa o Aloysia citriodora), la verdad es que varía según la zona de Galicia y según las costumbres locales. De hecho, en muchos lugares, además de las ya citadas, se recogen todo tipo de plantas aromáticas y medicinales, tanto sus flores como sus hojas: la artemisa, el castaño, la dedalera, la hiedra, la higuera, el laurel, el limonero, la matricaria, el mentastro, el naranjo, el nogal, el orégano, la prímula, la ruda, el saúco, la siempreviva de los tejados, el tomillo, el roble, la rosa canina, y otras rosas e hierbas.
De algunas de ellas ya hemos hablado en días anteriores. Hoy nos ocuparemos de la “flor de san Juan”, denominada así por usarse en la fiesta de este santo para la elaboración de esta agua “mágica”. También es conocida como árnica falsa, perpetua hedionda o, en algunos pueblos, como “oro y plata”. Originaria de Sudáfrica, se ha naturalizado en casi toda Galicia, especialmente en el litoral. Su nombre científico es Helichrysum foetidum y pertenece a la familia de las Asteráceas. Es una planta bienal, muy olorosa, pegajosa al tacto, con una raíz principal muy desarrollada y un tallo erecto y poco ramificado salvo en la parte superior de la floración. Las inflorescencias, de forma globular y achatadas, poseen unas brácteas de color brillante nacarado que rodean a multitud de flores de color amarillo. Florecen desde la primavera hasta finales de verano. Sus hojas, simples, alternas, lanceoladas y terminadas en punta, son de color verde y escasamente pelosas por la parte superior y blanquecinas y lanosas por la parte inferior. Las hojas inferiores, que en el primer año aparecen solamente en la base, se marchitan durante la floración. Estas hojas, como otras partes de la planta, poseen propiedades astringentes, actuando eficazmente, como cataplasmas, en casos de supuraciones o para reducir el flujo de otras secreciones corporales. Los frutos son de color marrón. Crece en terrenos preferentemente ácidos. El nombre genérico de Helicrysum lo encontramos ya citado por Teofastro en su obra De historia plantarum y por Dioscórides en su obra De materia medica; en ambos, además de hacer referencias a sus propiedades médicas, se dice que, debido a sus llamativas hojas verdes y flores plateadas y doradas, se usaban para hacer coronas que se utilizaban como tocados. De ahí puede derivar el término Helicrysum, que etimológicamente deriva del griego hélix que significa “retorcido o curvado” y crisós que quiere decir “oro”. Todavía puede proceder de helios que significa “sol”. Su adjetivo foetidum, que significa fétido o maloliente, hace referencia al desagradable olor que desprenden sus hojas cuando las frotamos entre las manos, aunque, tal como reza el adagio latino de gustibus non est disputatum, que en lenguaje popular equivaldría a “para gustos se pintan colores” o “sobre gustos no hay nada escrito”, algunos consideran que el olor que desprende este tipo de helicriso es agradable.
Es utilizado en jardinería como planta ornamental y en floristería, una vez seco, para elaborar composiciones florales.
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