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Lo más recomendable a la hora de usa el chupete es:
Debe tener la tetina lo más pequeña posible y el cuello, lo que va justo entre los rodetes gingivales o los dientes, lo más estrecho posible. Todo ello para evitar meter en la cavidad oral un objeto grande y que produzca deformidades.
Deber ser de silicona, no de látex.
Con escudo ventilado y sin argolla, además hay que evitar colgarlo porque así el niño lo tiene todo el tiempo accesible. Y también hay que evitar añadirle peso para que no aumente la intensidad de succión.
Existen tres tipos principales:
A) La tetina redonda, de cereza o de bombilla. Desaconsejada porque altera más la forma del paladar.
B) La tetina anatómica. Por un lado es redondeada y por otro plana.
C) La tetina fisiológica o plana. Es la que más me gusta.
Puede producir malas mordidas o maloclusiones dentales. Éstas son de tres tipos:
Además muchos niños que prolongan el uso del biberón y del chupete tienen la propiocepción alterada. Entre otras cosas retrasa las funciones orales y musculares normales del niño. Es frecuente que tengan problemas como mala pronunciación.
Esta es una pregunta estrella en las clínicas de odontopediatría.
Hay que enfocar el tema de una manera positiva. Veo muchas veces en la clínica que los papás piensan que es peor de lo que luego es en realidad y muchos me dicen que no fue para tanto. Tenemos que confiar en la capacidad de adaptación de los niños pequeños que es enorme.
El refuerzo positivo funciona muy bien, decirle “ya no lo necesitas, ya eres mayor” “Te entiendo mejor si hablas sin el chupete”… Es bueno que los niños no oigan va a ser imposible que lo deje porque ya el padre está reforzando que va a costar. Es necesario ir abandonando su uso durante el día.
Si lo usan para dormir quitárselo una vez ha conciliado el sueño.
Hay cosas útiles que nos pueden ayudar a dejarlo como libros infantiles temáticos que hablan de dejar el chupete por ejemplo.
Algo muy útil y que funciona muy bien es dejárselo al ratoncito Pérez. Hace falta paciencia: puede haber quejas y lagrimitas unos días. La primera noche suele ser la peor. Por eso hay que buscar un momento bueno para el niño y para los papás. También hace falta perseverancia: ser firmes y saber que es lo mejor para ellos.
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