Ecología integral

Xornal Escolar

Gonzalo Sánchez, Ecovigilantes de Franciscanas y animador Laudato Si

Ecovigilantes de Franciscanas
Ecovigilantes de Franciscanas

En 2015, el Papa Francisco sorprendió al mundo con la encíclica Laudato si’, un documento fundamental que colocó la ecología en el centro del magisterio social de la Iglesia Católica. Ocho años después, el 4 de octubre de 2023, Francisco publicó la exhortación apostólica Laudate Deum (“Alabad a Dios”), un texto de seguimiento que actúa como un grito de alerta ante la lentitud de la respuesta global a la crisis climática. Ambos documentos, inseparables en su esencia, definen la ecología integral, un concepto que trasciende el ecologismo tradicional para abarcar una visión humana, social y espiritual del cuidado del planeta.

“Alaben a Dios por todas sus criaturas”. Esta era la invitación que hacía san Francisco de Asís con su vida, con sus cánticos, con sus gestos. Así recogía la propuesta de los salmos de la Biblia y reproducía la sensibilidad de Jesús ante las criaturas de su Padre: “Miren los lirios del campo, cómo van creciendo sin fatigarse ni tejer. Yo les aseguro que ni Salomón, en el esplendor de su gloria, se vistió como uno de ellos” (Mt 6,28-29).

I. ¿Qué es la ecología integral?

La propuesta de Francisco no se limita a la protección de los bosques o a la defensa de especies en peligro de extinción. La ecología integral subraya que “todo está conectado”. No existen dos crisis separadas -una ambiental y otra social-, sino una única y compleja crisis socioambiental.

Por más que se pretendan negar, esconder, disimular o relativizar, los signos del cambio climático están ahí, cada vez más patentes. Nadie puede ignorar que en los últimos años hemos sido testigos de fenómenos extremos, períodos frecuentes de calor inusual, sequía y otros quejidos de la tierra que son sólo algunas expresiones palpables de una enfermedad silenciosa que nos afecta a todos.

Esta visión holística, del todo integrado, implica varias dimensiones clave:

  • Ecología ambiental: la preocupación por el equilibrio de los ecosistemas, la contaminación y la pérdida de biodiversidad.
  • Ecología económica y social: la economía debe estar al servicio de la persona humana, no al revés. Francisco denuncia una “cultura del descarte” que transforma no solo las cosas, sino a las personas, en residuos. El clamor de la tierra es el mismo que el “clamor de los pobres”, quienes sufren primero y con más fuerza los efectos del cambio climático.
  • Ecología cultural: la defensa de la identidad de las comunidades locales y los pueblos originarios frente a la homogeneización cultural.
  • Ecología de la vida cotidiana: la importancia de entornos urbanos dignos, el acceso al agua potable y la calidad de las relaciones humanas.

La ecología integral implica, por tanto, una conversión ecológica: un cambio profundo en el estilo de vida, en los hábitos de consumo y en la manera de concebir el progreso.

II. Laudate Deum: un grito de alarma sobre la Crisis Climática

Si Laudato si’ fue una reflexión teológica y profunda, Laudate Deum es un documento de urgencia. Francisco lo explica en su introducción: “El mundo que nos rodea se va desmoronando y quizás acercándose a un punto de quiebra”.

Laudate Deum consta de 73 párrafos divididos en seis capítulos, centrados en el cambio climático. Sus puntos clave son:

  1. La causa antrópica es innegable: Francisco es rotundo al afirmar que ya no se puede dudar del origen humano del cambio climático. Tras ocho años desde la encíclica anterior, las evidencias científicas son irrefutables y las reacciones de la política internacional han sido insuficientes.
  2. El paradigma tecnocrático: el Papa critica la obsesión por el poder tecnológico y económico, que asume que el aumento de poder es idéntico a un aumento de progreso y bienestar. Esta mentalidad considera la naturaleza como un objeto de explotación ilimitada. Sin duda no son ilimitados los recursos naturales que requiere la tecnología, como el litio, el silicio y tantos otros, pero el mayor problema es la ideología que subyace a una obsesión: acrecentar el poder humano más allá de lo imaginable, frente al cual la realidad no humana es un mero recurso a su servicio. Todo lo que existe deja de ser un don que se agradece, se valora y se cuida, y se convierte en un esclavo, en víctima de cualquier capricho de la mente humana y sus capacidades.
  3. La debilidad de la política internacional: Laudate Deum critica duramente el funcionamiento de las COP (Conferencias de las Partes) y la falta de mecanismos vinculantes para reducir emisiones. Aboga por un “multilateralismo desde abajo”, donde la sociedad civil y las comunidades locales tengan mayor peso. Desde hace décadas, representantes de más de 190 países se reúnen periódicamente para tratar la cuestión climática. La Conferencia de Río de Janeiro de 1992 llevó a la adopción de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC), un tratado que entró en vigor cuando se alcanzaron las necesarias ratificaciones de los países firmantes en 1994. Estos Estados se reúnen cada año en la Conferencia de las Partes (COP), máximo organismo para la toma de decisiones. Algunas fueron fracasos, como la de Copenhague (2009), mientras otras permitieron dar pasos importantes, como la COP3 de Kyoto (1997). Su valioso Protocolo es el que puso como objetivo reducir las emisiones complexivas de gases de efecto invernadero un 5% con respecto a 1990. El plazo era el año 2012, pero evidentemente no se cumplió.
  4. No hay transición sin responsabilidad: se desmonta el mantra de que la protección ambiental destruye empleo. Francisco asegura que la transición hacia energías limpias, si se gestiona bien, no generará desempleo y sí mayor dignidad en el trabajo.

III. La espiritualidad del “antropocentrismo situado”

Un aporte clave de la teología de Francisco es la crítica al antropocentrismo despótico -el ser humano como dueño absoluto-, pero también al biocentrismo radical, que iguala al ser humano con el resto de las criaturas. Francisco propone un antropocentrismo situado.

El ser humano es parte de la creación, tiene una responsabilidad especial de cuidado, pero su vida es sagrada. En Laudate Deum, se insiste en que “un ser humano que pretende ocupar el lugar de Dios se convierte en el peor peligro para sí mismo”. La creación es un don de Dios, no una propiedad para el lucro.

IV. “Todo está conectado”: nadie se salva solo

El lema “todo está conectado”, central en Laudato si’, evoluciona en Laudate Deum hacia la convicción de que “nadie se salva solo”. La crisis climática es una cuestión de justicia, no una opinión política o una ideología.

El Papa hace un llamado a la corresponsabilidad. Las acciones individuales (reciclar, consumir menos, ahorrar agua) son importantes, pero no bastan si no van acompañadas de cambios estructurales en la política y la economía. La ecología integral requiere una “política internacional” centrada en el bien común global, que priorice la protección de la casa común sobre los intereses nacionales o corporativos a corto plazo.

Conclusión

“Laudato si’” nos abrió los ojos a la interdependencia de todo lo creado; Laudate Deum nos urge a actuar con la rapidez que la situación demanda. La ecología integral del Papa Francisco no es solo un plan ambiental, es una propuesta de humanización. Nos invita a abandonar el “paradigma tecnocrático” del usar y tirar, y abrazar una espiritualidad de la gratitud y la corresponsabilidad.

El mensaje es claro: el cuidado de la tierra no es una opción, sino un componente esencial de la fe y de la ética humana. La creación nos recibe como una madre y una hermana, y la respuesta a su sufrimiento no puede ser otra que una acción amorosa, conjunta y urgente.

La Biblia narra que “Dios miró todo lo que había hecho, y vio que era muy bueno” (Gn 1,31). De Él es “la tierra y todo lo que hay en ella” (Dt 10,14). Por eso Él nos dice: “La tierra no podrá venderse definitivamente, porque la tierra es mía, y ustedes son para mí como extranjeros y huéspedes” (Lv 25,23). Entonces, “esta responsabilidad ante una tierra que es de Dios implica que el ser humano, dotado de inteligencia, respete las leyes de la naturaleza y los delicados equilibrios entre los seres de este mundo”.

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