ÚLTIMA JORNADA
Un final de traca para la liga del COB
El baloncesto es un deporte físico, de gigantes, de lanzamientos triples cada vez más lejanos, de manos jugando por encima del aro, de sistemas, de público entregado... pero también un bendito territorio de los "locos bajitos", aunque tengan poco de locos y mucho de bajitos, comparados con sus espigados compañeros.
Anoche, Martín Rodríguez (1,85 de estatura) lo demostró con creces. Aportó únicamente dos puntos, cierto, y si revisan su valoración (2), tampoco dice nada a favor. Pero hay estadísticas intangibles que también otorgan triunfos. El "speaker" jaleaba a Kapelan, pero Martín ofreció la mesura y marcó el "tempo" del encuentro, eso que gusta tanto a los entrenadores. El base ordenó las ideas ofensivas de sus compañeros, demasiado pasionales por momentos, demasiado absurdos otros, demasiado excesivos en general, tal vez por la relevancia del choque. Hasta que llegó él, cambiando el juego tanto que los sistemas encajaban, las posesiones tenían sentido y un choque que pintaba mal por exceso de revoluciones, se convirtió en un triunfo agónico, sí, pero tras suficientes momentos de ataque planificado (cuando el base vigués subió el balón) y efectivo al que a mayores aportó defensa inteligente.
"El peor partido de la temporada, ha sido penoso". "¿Hoy? Flis y Rodríguez: me gusta mucho cómo lleva al equipo aunque no mete una canasta ni por asomo". Vox populi. No tiene desperdicio darse unos minutos de pausa para escuchar al aficionado mientras este esboza su resumen, acompasándolo al apurado paso que le lleva a su vehículo particular para abandonar el Pazo.
Era la misma sensación que al autor teatral se le presenta tras conocer los comentarios del público a la salida de su obra, estrenada esa misma noche. El aficionado salió contento por la victoria y haciendo cábalas sobre la necesidad de un triunfo más para asegurar el play off. Encantado por el resultado, cierto, del COB más disparado en adrenalina de las últimas semanas. A veces tirar solo y cómodo no es la mejor opción cuando regalas al adversario muchos segundos de vida.
La obra, obviamente, navegó entre claroscuros. Los locales, y eso desesperó, fueron una muestra de cómo regalar balones increíbles, (mal) ejemplo de ataques de tres segundos en momentos inapropiados y de unas cuantas carencias defensivas, con ninguna solidaridad en las ayudas.
Hasta que un "bajito", joven pero con criterio, decidió que un apellido común bien puede ser extraordinario.
Martín, que encantó en el primer tiempo y se fue al banco muchos minutos, supo reconvertir a su vuelta el disparate en diálogo fluido con el juego, dio el balón a quien correspondía y, además, frenó al visitante Steinarsson, que acabó mostrando que no solo el público hace lanzamientos a canasta que no tocan el aro.
Postdata: la afición, genial.
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