CRÓNICA

Centenario de Manuel Núñez González

Hace una centuria, fallecía en Vilardevós el escritor y vate Manuel Núñez González. Núñez, junto con Murguía, Brañas, Carré Aldao y otros, formó parte activa de aquel grupo de intelectuales claramente decididos a defender y divulgar el sentimiento histórico y cultural de esta tierra, corriente de pensamiento que con posterioridad conoceríamos como galleguismo. 

Manuel Núñez González.
Manuel Núñez González.
Centenario de Manuel Núñez González

Manuel Núñez, estudió sus primeras letras en la escuela de su Vilardevós natal, para marchar en 1882 a la capital ourensana a cursar los estudios de Bachiller en el Instituto Provincial. Allí será alumno de muchos de los profesores que dejaron una imborrable huella en la ciudad, tales como Juan Sieiro o Saco e Arce; pero será el Catedrático de Retórica y Poética, Marcelo Macías, con el que le unirá una gran amistad el resto de su vida. Es en este tiempo, cuando se produce la famosa anécdota entre ambos, la cual es como sigue; el profesor Macías pidió a sus alumnos que compusieran una espinela, cuando Núñez entregó la suya, don Marcelo creyó que la había plagiado y así se lo hizo saber, a lo que el joven poeta le replicó repentizando con la famosa  décima: 

Mi profesor me mandó

componer una espinela,

al verla dijo: no cuela,

este señor la copió.

Maldito si entendí yo

lo que después me decía,

y con la sangre más fría

que el hielo tieso quedé

diciendo: burro seré

pero ladrón, ¡madre mía!

Es en esta época estudiantil cuando comienza a escribir en el jornal ourensano ”Tio Marcos da Portela” así como en el pontevedrés “El Galiciano”, sus primeras poesías y relatos cortos, firmados éstos con el acrónimo de “Ma-Nu-Gon”. 

En  Julio de 1885, con 20 años, acude al entierro de la que sería su musa e inspiración, Rosalía de Castro; y el marido de ésta, su gran amigo  Manuel M. Murguía -el cual sabía del gran amor literario que Núñez profesaba a Rosalía-, le encarga la composición de la elegía que el propio Manuel leerá en el en el cementerio de Andina:

¿E preguntas quen foi? Foi o verbo

D´a Musa gallega.

Axuntando, cal Mestre abelliña, 

d ´a humana palabra n-as móviles celds

os afeudos mais puros d´a y-alma.

Y-o neutar devino d´ as frores d´a idea,

fixo trebos de mel virxiliana

n-o meigo cortizo d´a fala d´a terra.

Taboada Chivite lo imagina en su obra “Varones Ilustres de la Comarca de Veronense” del siguiente modo: “Nos imaginamos al joven estudiante con las cuartillas frescas de versos dolorosos bajo los olivos melancólicos del cementerio de Andina, como Zorrilla ante el cadáver insepulto de Larra”. 

Una vez finalizado el Bachiller en Ourense, continua su formación académica en Santiago de Compostela, donde se trasladará para cursar los estudios de Derecho.

Según queda reflejado en los diarios de la época, el 15 de Mayo de 1891, volvería a ocupar un lugar destacado, actuando como uno de los cuatro testigos,  en el traslado solemne de los restos de Rosalía a Santiago de Compostela. En la invitación epistolar que le hizo llegar su gran amigo Manuel M. Murguía, se puede leer: “Yo, que tanto estimo a usted, le envío la más cordial invitación a acudir a la celebración. Ruego a usted cuando le haga saber la fecha adecuada fielmente y yo le evidenciaré mi más profunda gratitud a la par que mi leal reconocimiento. Nadie como Manuel Núñez admiraba tanto a Rosalía, y le profesaba tanto cariño, al menos literalmente. Por ello es necesario, casi imprescindible que usted, amigo mío, acuda a Santiago […]”. Allí se encontrará Núñez fiel a la llamada de Murguía el día del traslado de los restos de Rosalía. Él se ocupará en persona de la exhumación del cadáver, y posterior traslado a Santiago.

Durante 1891 y 1892 colaborará en la entonces más prestigiosa publicación de la época, “La Patria Gallega”. En ella compartirá plantel con Murguía, Brañas o Pereira. Será precisamente en esta publicación, en su número 11 –Noviembre de 1891- donde Núñez escribirá “Nuestras ideas”, que es una declaración de las bases ideológicas de la “Asociación Regionalista Gallega”.

Es por estos años, cuando destaca por una defensa férrea de su teoría de que era el gallego, la lengua escrita más antigua de la península (basando tal aseveración en los grandes hispanistas y autoridades filológicas del XIX, tales como Víctor Balaguer, Amador de los Ríos, Marqués de Valmar o Ticknor). Esta teoría será defendida por otros intelectuales gallegos, apoyándose precisamente en las afirmaciones de Núñez, como por ejemplo Carré Aldao, el cual cita a Manuel literalmente en sus trabajos.

Finalizados los estudios de Derecho, comienza a ejercer la abogacía en Verín. En éstos momentos ya tiene una clara vocación literaria, y cuenta con dos de los que serían sus más grandes valedores: Eugenio Montero Ríos y Manuel M. Murguía.

Será también en 1892 cuando gane el Primer Premio en el Certamen Científico-Literario celebrado en Pontevedra, con “La Poesía Popular Gallega”. Se puede considerar éste su primer trabajo serio, y que aún hoy, en palabras de muchos expertos -teniendo en cuenta el estado de conocimientos de la época-, este trabajo es una aportación valiosísima al estudio de la lírica galaico-portuguesa de los siglos medios. 

Los años inmediatamente posteriores los usará para viajar por Europa. Será en Colonia, donde conocerá y entablará amistad con Johannes Fastenrath, el cual le abrirá las páginas del periódico “Jharbuch”, para publicar en él con bastante asiduidad. En 1895 ve publicado “Salaios. Versos Gallegos” .

En el año 1898 aprobará la oposición de Registrador de la Propiedad. Ya en este año, lo cita Florencio Vaamonde Lores, en su “Resume da Historia de Galicia”. Ahora comenzará a escribir con más asiduidad, y a publicar en distintos medios, como “A Monteira”, “O Labrego”, etc. Será cuando aparecerá “Soedades”. A la par comienza a presentarse a certámenes literarios, tanto en España como en el extranjero, como ejemplo, Bilbao, donde con “Las Noches del Estío” gana en 1901 la “Flor Natural” en los “Juegos Florales”, o Colonia, donde también triunfa con “Mater Hispanorum”–premio auspiciado por Fastenrath y germen de lo que tan sólo 7 años más tarde se convertiría en el famoso Premio Fastenrath-.  

En ese momento siente la vocación sacerdotal, vocación tardía y repentina, que le llevaría hasta la Compañía de Jesús, y más concretamente hasta Comillas. En dicho Seminario pasará dos años de noviciado, pero no llegará a profesar votos. Se verá obligado a abandonar dicha vocación por motivos de salud.

Se recluirá -por los anteriormente referidos motivos de salud- en su Vilardebós natal. Dedicará su tiempo a la arqueología (manteniendo un contacto muy estrecho con Macías), excavando varios castros; escribirá en prensa; y publica “Efusivas”, una recopilación de antiguos poemas, muchos no publicados hasta la fecha. Para Taboada Chivite, Manuel es “un alma atormentada y ascética, navega en singladuras adversas hasta arribar a los místicos arrobos de las《Efusivas》”. 

A estas alturas, Manuel Núñez ocupa ya un lugar destacado dentro de las Letras Gallegas; en palabras de Mariano Miguel de Val: “Su bello tomo de versos gallegos titulado Salayos, y su Monografía sobre la poesía popular gallega, le hacen acreedor á un puesto preferentísimo en la literatura de su Patria”, viendo de Val en él un claro epígono de Curros Enríquez, tal y como ya lo había hecho con anterioridad Carré Aldao en su obra “La Literatura Gallega en el Siglo XIX”.

Es nombrado Académico de Número de la Real Academia Gallega; compone para su discurso de ingreso una defensa de la Compañía Gallega, institución foral que había sido expulsada del ordenamiento jurídico con la promulgación del Código Civil. Dicho discurso no puede llegar a pronunciarlo debido a lo avanzado de su enfermedad.

Murió en Vilardevós a las 6 de la mañana del día 13 de Febrero de 1917.

En palabras de Otero Pedrayo, se refleja en él “la tristeza de Rosalía transportada aun plano de menor sentimiento y más grande percepción de la íntima tragedia del conocimiento y el corazón”. Carballo Calero en su Historia da literatura galega contemporánea, lo considera como un poeta que se aparta del costumbrismo predominante en la época, señalando que “habla siempre con su propia voz sin ocultarse bajo la máscara del paleto” y, a continuación,  lo define como “un poeta culto, cuyo verso y cuya lengua fueron bruñidos por el buen gusto”. Su poesía se caracteriza por el patriotismo gallego y la Justicia Social, así como cuenta con una vena  romántica en la que canta a los amores traicionados. María del Pilar Freire y Abel Losada lo definen como un “reformista social”.

A un siglo de su fallecimiento, vaya desde estas líneas, un sentido homenaje, ya que con su obra y su amor a Galicia, nos legó junto a sus correligionarios coetáneos, el sentimiento histórico y cultural sin el que sería posible entender hoy Galicia.