ENTREVISTA

Montserrat Seara: "En nuestra primera cita Rafa me explicó el 4-4-2"

Doctora en Derecho, esta ourensana dirige una fundación benéfica en Liverpool y está casada con Rafa Benítez, entrenador del Real Madrid

Montse Seara, en el jardín de la vivienda familiar, situada en San Pedro de A Mezquita.
Montse Seara, en el jardín de la vivienda familiar, situada en San Pedro de A Mezquita.
Montserrat Seara: "En nuestra primera cita Rafa me explicó el 4-4-2"

“En nuestra primera cita, fuimos a una pizzería en Madrid. Yo no tenía ni idea de fútbol. Cogió un boli y se puso a explicarme en el mantelito de cuadros lo que era el 4-4-2…”. El balón ha sido en las últimas dos décadas una constante en la vida de Montse Seara (Madrid, 1967), la mujer de Rafa Benítez, que cambió los viajes de su niñez siguiendo el periplo académico de su padre, físico nuclear, por la vida nómada del entrenador. Una existencia con dos ejes: Liverpool, donde ganaron  la Champions y encontraron un hogar para sus hijas; y Ourense, su Ítaca familiar a la que volver. De momento, solo en verano. 

Con su currículum, ¿Ha tenido que renunciar a muchas cosas por ser la mujer de Benítez?
Dejé de hacer cosas que me gustaban. Pero también gané libertad y resortes para ayudar. Estamos haciendo muchas cosas en Liverpool, con niños con infancias complicadas (fue distinguida como"Women of the Year" en 2012). Acciones que solo se pueden conseguir teniendo detrás el apellido Benítez. 

Con esta perspectiva, ¿no le chirrían los dientes viendo el dinero que se mueve en el fútbol?
Lo que sorprende  es como los futbolistas tienen millones y no dicen, “oye voy a dar un poco a alguien...”. 

¿Está incómoda en ese hábitat?
A veces tienes que ir a alguna cosa del fútbol, pero yo hago mi vida. No es mi medio. Hombre, después de 20 años con Rafa si no entiendes de fútbol eres negado porque no habla de otra cosa. 

Se conocen en una fiesta de un gimnasio de Madrid. Boda, y nace su primer hija. ¿Cómo fue eso de los biberones de Benítez? 
Se acostumbró y lo hizo con las dos. Rafa duerme muy poco, siempre trabaja por la noche y venía muy bien que de paso le diese el biberón. Lo que pasa es se ponía a ver partidos y la niña acababa volviendo a la cuna tres horas después. 

Ascensos con Extremadura y Tenerife, y llega Valencia. 
Los chés son unos locos del fútbol. Pasamos de tener una vida normal a otra dimensión. Ya había cosas que no se podían hacer. 

¿Se aprende a ser famoso?
Cuesta. Sobre todo cuando tienes niños. De ahí que en Inglaterra se esté mejor, porque te respetan esa privacidad. Y donde vivimos, que es un sitio pequeño, en Merseyside, están acostumbrados a que Rafa esté por allí, no hay agobios.

En Liverpool fue todo rodado desde el principio, ¿no?
Inglaterra fue lanzarte un poco al abismo. Pero desde el primer día funcionó todo muy bien. Es muy similar a Galicia. Tuvimos mucha suerte de caer en Liverpool.

Seis temporadas después, se va al Inter. Sale mal, y se toma dos años sabáticos. ¿Por fin una familia normal?
El primer año fue muy bueno, porque Rafa necesitaba descansar. Como familia nos vino muy bien. El segundo ya empezó a ponerse nervioso, necesitaba volver a trabajar.

Coge el Chelsea, y después el Nápoles, del que se despidió diciendo que renunciaba “por la familia”. 
En Nápoles las comunicaciones en invierno son muy difíciles, no hay vuelos directos... fue complicado.  Ahora estando en Madrid será todo más sencillo. 

¿No se plantea volver a España?
No. Las niñas tienen su vida allí, sus estudios, sus amigos.  Y en Madrid toda la tranquilidad que hemos conseguido desaparecería. Tienen que tener una estabilidad. 

Para Benítez, volver al Madrid  supone cerrar un círculo que empezó hace más de 40 años. 
Entró en el Madrid cuando solo era un niño, y jugó allí hasta que sufrió una grave lesión. Fue ahí cuando se dijo “no voy a poder seguir a buen nivel, me hago entrenador”. 

Da la sensación de que ha llegada en el momento preciso. 
Tanto él como su equipo son muy concienzudos, trabajan  muy bien. Luego como dice él, si la pelota no entra… Lo que le ayudará es que conoce la casa por dentro. Pero le están poniendo muchísimo trabajo. 

¿Sigue haciendo eso de antes de acostarse recitar la alineación?
La alineación no la sé ni yo. A veces le pregunto: “Va a jugar…” Y me dice: “Hmm, no sé”. En Liverpool se metían con él porque siempre cambiaba el once, y había una apuesta enorme para quien acertase el día en el que la repitiese. Y repitió. Sus dos mejores amigos en Inglaterra creí que lo mataban. “¡Solo decir sí, o no!". Nunca dice nada. 

No hay peligro de repetir el affaire Casillas-Carbonero...
En el mundo del fútbol hay que guardar muchos secretos. El caso Casillas por lo poco que sé viene muy de atrás. Se merecía terminar en el Madrid. Pero el fútbol es así.

En el caso Casillas revolotea la figura de Mourinho. Es al tercer club que llega Benítez después del portugués. ¿Vidas cruzadas?
(Responde bromeando) Vamos arreglando los entuertos que deja el amigo… Si lo piensas es normal acabar coincidiendo, los equipos élite son sota-caballo-rey. 

¿Y lo ve  entrenando alguna vez en Balaídos y viviendo aquí?
No sabéis la suerte que tenéis los ourensanos. Yo me crié con mis abuelos, ella siempre estaba hablando de A Mezquita. Incluso cuando vivíamos en Madrid, la mayor parte de los amigos era de esa zona o de la de mi otro abuelo, que era de Mugueimes.  Para mí Ourense siempre ha sido muy importante. Cuando desde pequeñita estás de un lado para otro, te tienes que agarrar a algo, porque si no no tienes casa en ningún sitio. 

¿Se imagina a Benítez imitando a Guardiola y entrando en política?
La verdad es que no. Ni cuando era joven. Es apolítico. Su trabajo, su familia, y poco más. Como mucho el cine, esa es su única desconexión. 

¿Y relajarse por A Merca?
A él le encantaría venir. Aquí siempre ha disfrutado mucho. Pero con el ritmo que lleva ahora es casi imposible. El año pasado a Inglaterra solo vino en octubre y Navidad...

¿Cuenta los años para su jubilación?
No sé yo si llegará. Si Dios quiere,  le quedan veinte años de fútbol. A Rafa le quitas el césped… el año que estuvimos en casa, iba a ayudar a entrenar al equipo del colegio. Era divertídisimo. Se ponía en la banda, y les gritaba como si estuviese en Primera, levantando los brazos… Para él, el fútbol no es un trabajo, es su pasión.