PSICOLOGÍA

Las claves para entender la dependencia emocional

El experto explica este vocablo, así como sus signos de riesgo

Los jóvenes son los que más dependencia sentimental tienen.
Los jóvenes son los que más dependencia sentimental tienen.
Las claves para entender la dependencia emocional

El vocablo adicciones provoca que nuestro pensamiento social, o representaciones mentales sociales, suscite inmediatamente imágenes referidas a sustancias tales como el alcohol, el tabaco, la cocaína o la heroína. Sin embargo, el concepto incluye no solo a estas, sino también a las conductas adictivas no ligadas a sustancias, también conocidas como nuevas adicciones (adicción al móvil, a internet, a los juegos…). En esta taxonomía se incluye la codependencia o dependencia emocional, una conducta adictiva poco conocida, pero que puede acarrear graves consecuencias y sufrimientos a quien la padece y a los miembros de su entorno relacional. Se trata de una forma de apego y de expresión del amor mal canalizado. Aparece cuando alguien permite que el comportamiento del otro lo afecte y se obsesiona por controlarlo hasta que su vida se torne ingobernable. La codependencia puede dirigirse hacia la pareja, un familiar o hacia personas que presentan algún problema o sufrimiento. 

El sentimiento de ser querido y aceptado por los demás es una necesidad básica del ser humano, un deseo que conecta de forma directa con la autoestima. Pero, del mismo modo que cuando nacemos tenemos capacidad para la bipedestación, tenemos también capacidad para expresar emociones y amar.

Sin embargo, ambas capacidades requieren un aprendizaje, que se adquiere en fases tempranas de nuestro desarrollo evolutivo a través de la interacción social, de modo especial con el entorno familiar y relacional más próximo. Si bien la capacidad para expresar y sentir emociones es universal, no en todos se dan los factores que permiten que ese potencial se active y desarrolle adecuadamente, de tal modo que la capacidad de expresar amor es algo desigualmente distribuido,  cuya magnitud e intensidad varía considerablemente de unos individuos a otros.


Dependencia emocional


Según el DSM-V (manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales) la dependencia emocional es un trastorno de la personalidad, enmarcado dentro del subtipo denominado trastorno dependiente, que se caracteriza esencialmente por una falta notable de confianza en uno mismo y por la necesidad constante de recibir consuelo, seguridad y apoyo. Sin embargo, para algunos autores, se trata de un trastorno adictivo, que en algunos casos tiene como blanco de la adicción la pareja, siendo su finalidad llenar un vacío en el sujeto que la padece.

La prevalencia estimada de este trastorno en la población general ronda el 2%, aunque algunos estudios hablan de tasas más elevadas que llegan hasta el 10%, siendo más común entre las mujeres que en los hombres.

Cuando la dependencia emocional se dirige hacia la pareja, habitualmente se caracteriza por: Tener una imperiosa necesidad de asegurar la relación con la persona elegida y por un miedo intenso a ser abandonadas/os. Un apego excesivo, con actitudes de admiración, sumisión y una dependencia emocional muy intensa. Baja autoestima y un autoconcepto distorsionado, lo que conlleva que el afectado minusvalore sus cualidades y maximice sus defectos; pero, como contrapartida, que sobrevalore e idealice a su pareja. Por lo general, las personas codependientes suelen elegir personas narcisistas, despectivas y egoístas, lo que retroalimenta su temor y desvalorización. Pero una característica esencial de la dependencia emocional es que quien la padece tampoco ama, importándole solo el asegurarse que no va a ser abandonado, por lo que no establece un intercambio afectivo.


Signos de riesgo


Algunos signos que indican que una persona puede estar en riesgo de estar desarrollando esta adicción son:

1. Estar dispuesto a hacer cualquier cosa con tal de que la relación no se disuelva, renunciando incluso a sus proyectos vitales. 2. Sentirse atraído por personas muy problemáticas, necesitadas, irresponsables o caóticas. Lo cual puede generar problemas con otros familiares. 3. Estar pendiente de las necesidades del otro y esforzarse en complacerlo, aun cuando el otro no se lo pida o no le corresponda afectivamente.

Asimismo, la codependencia presenta un cierto paralelismo con las adicciones químicas o drogas: Tiene consecuencias positivas a corto plazo y efectos negativos a medio largo plazo. Al comienzo de la relación los problemas no le parecen graves o bien intenta negarlos, justificarlos y se aferra a la creencia de que van a solucionarse (pérdida de control). Necesidad progresiva de ir incrementando la intensidad del apego afectivo y las conductas de control y aseguramiento de la relación (tolerancia). Alteración significativa de los patrones de comportamiento y falta de sentido de la vida sin la presencia del otro (dependencia). Abandono de responsabilidades y comportamientos que interfieren en el trabajo o en otros proyectos personales, porque no les dedica suficiente tiempo, en pro de su implicación con el otro. Persistencia en la relación a pesar de las contingencias negativas que esta le acarrea (maltrato psicológico y/o físico, manipulación, problemas con familiares y amigos/as…). Distrés emocional intenso cuando el contacto o la relación con el otro es impedida, imposibilitada o amenazada (síndrome de abstinencia). La persona reitera en reconciliaciones o relaciones tóxicas (recaídas). 

Aun cuando no está clara la etiología de los trastornos de la personalidad - y por tanto de la codependencia – sabemos, sin embargo, que el desarrollo afectivo-emocional tiene lugar en la niñez y temprana juventud. Es por ello importante que como padres y madres tratemos de que nuestros hijos/as se eduquen en un entorno afectivo adecuado (procurando que el ambiente familiar sea cálido y libre estrés o tensiones), favoreciendo la comunicación, la expresión de emociones, la asertividad, la autonomía, la responsabilidad y el respeto a uno mismo y a los demás.