Hacia una educación sexual que todavía es posible
XORNAL ESCOLAR
La educación sexual integradora: Un derecho de niñas, niños y adolescentes
La educación sexual es un derecho y un deber en la sociedad del siglo XXI. Deber de los diferentes agentes de socialización de promover la educación sexual, especialmente de la escuela, como principal agente educativo formal; y de la familia, como primer y más influyente agente de educación informal. Y derecho de todas las personas a ser formadas en su dimensión sexuada, especialmente de niñas, niños y adolescentes, por ser la infancia y la adolescencia etapas cruciales del desarrollo psicosexual.
Y esta educación sexual de la que todos y todas somos merecedores/as es aquella que parte de un concepto integrador de educación y de sexualidad. Asumiendo que la educación es un proceso humanizador y transformador orientado a facilitar una lectura crítica del mundo y a la búsqueda del cambio, la superación y la mejora como horizonte; y que la sexualidad es una dimensión humana irrenunciable, que trasciende con creces aquello que hacemos –conducta sexual- y constituye fundamentalmente aquello que somos –identidad sexual-.
Por ello, la educación sexual que todavía es posible es aquella que trasciende un modelo prevencionista, patológico y sanitarizado, restringido a los riesgos y peligros derivados de la actividad sexual desprotegida; y asume un modelo inclusivo o sociopsicobiológico, cuya principal premisa radica en la concepción de la sexualidad como dimensión humana y valor que necesita ser promocionado y cultivado en el ámbito escolar y familiar, reinterpretado desde el marco de la identidad.
PRINCIPAL OBJETIVO
El principal objetivo de esta educación sexual integradora será ayudar a conseguir el bienestar personal y la calidad de vida desde la biografía sexual por la que cada persona opta, favoreciendo la aceptación de la propia identidad sexual y la experimentación positiva de las diferentes posibilidades que la dimensión sexual ofrece en cada etapa vital. Es decir, ayudar a las personas a ser felices, lo que sólo podrá conseguirse articulando la práctica de la igualdad y el respeto a la diversidad sexual, así como la aceptación de la propia identidad y biografía sexual. En esta línea, la coeducación constituye una de las principales estrategias para "desaprender" las normas de género de la sociedad patriarcal y erradicar las relaciones de dominación-sumisión.
ÁREAS TEMÁTICAS
De forma congruente con este objetivo los contenidos trabajados desde este modelo de educación sexual deben permitir transitar adecuadamente del autoconocimiento y la valoración personal a la dimensión interpersonal. Y pueden ser organizados en torno a las siguientes áreas temáticas: i.) el desarrollo de la identidad corporal, que implica el conocimiento, la aceptación y la valoración del propio cuerpo sexuado, libre de los estándares de belleza impuestos socialmente y reforzados por los medios de comunicación; ii.) el desarrollo de la identidad sexo/ género, que permita trascender los estereotipos y roles de género, y ser capaz de posicionarse más allá del rígido modelo heteronormativo (dos sexos/dos géneros/ heterosexualidad); iii.) la valoración de uno/a mismo/a como persona única e irrepetible, más allá de los condicionantes del cuerpo y del género, permitiendo reconocer que la categoría más integradora e igualitaria es la categoría "persona"; iv.) las emociones y las relaciones socioafectivas, sabiendo expresar y controlar las propias emociones, desarrollar las propias habilidades sociales e identificar y diferenciar los distintos sentimientos hacia las demás personas (contacto, compañerismo, amistad, enamoramiento y amor); v.) la conducta sexual, reconociendo la riqueza de la dimensión sexual humana, valorando todas las potencialidades que tal dimensión nos brinda (afectividad, comunicación y placer); y vi.) la salud sexual, permitiendo identificar y prevenir los diferentes riesgos que la conducta sexual puede entrañar (Infecciones de Transmisión Sexual –ITS- o Embarazos No Deseados –EnD-), así como los fenómenos de dominación y violencia que a veces se producen en la dinámica de las relaciones afectivo- sexuales. Se trata, por tanto, de transitar de una pedagogía del desencuentro, del miedo, la culpa y la vergüenza a una pedagogía del encuentro, el bienestar, la responsabilidad y la asertividad sexual.
La familia constituye el principal referente para niñas/os y adolescentes. De ella reciben mensajes explícitos, pero sobre todo implícitos sobre la sexualidad, mensajes que en no pocas ocasiones nacen de la ignorancia y el miedo, que proviene del modelo moral en el que padres y madres han sido educados/as. Frente a esta educación deberá promoverse una educación más consciente y explícita orientada al desarrollo sexual integral de sus hijos/as. Asimismo, si la sexualidad es una de las dimensiones humanas más importantes que compromete la identidad, educar en la sexualidad y para la sexualidad es una tarea ineludible de la escuela.
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