David Alvarado
A aritmética difícil da esquerda ourensá
Es acercarnos a la exposición de María José Leira Ambrós, y respirar el aroma de la Ilustración..., esa que está impresa en su ADN cultural de ferrolana, desde los Arsenales, al barrio de A Magdalena y el castillo de San Felipe. Su muestra pictórica en la sala pequeña del Centro Cultural, la ‘Bécquer’, por aquello del ‘rincón en el ángulo oscuro, silenciosa...’, al fondo del profundo hall, brilla con las refulgentes luces que emanan de sus obras. Hay en ellas contrastes buscados. Son los prusias, en sus diversos tonos e intensidades, es ese azul de Prusia, su color norte, que todo lo envuelve, cielo y agua, en una atmósfera combinatoria con el rojo, que es ladrillo, y tierra: la vida. Ambos son su quintaesencia definitoria. Una fina línea les separa, mientras la luna ausente observa sus nocturnos...
Es la suya una vocación clara, con una primera exposición a los 21 años, aunque luego vendrá, desde los estudios, su interés por la biología, especialidad en la que obtiene la licenciatura en la Universidad, Santiago de Compostela. Oposición y docencia, e Instituto ferrolano ‘Concepción Arenal’, gran dama con presencia monumental en Ourense, con esplendente escultura decimonónica viajera con nocturnidad, expresión desde el sentir de Otero Pedrayo. De su actividad son muestra diversos libros alusivos: ‘Los jardines del Campus de Esteiro’, ‘Árboles y arbustos de los jardines de Ferrol’ o la ‘Guía de las plantas dunares de Galicia’. Pintura, docencia, investigación-divulgación y la pintura. Siempre un compartir, desde los libros, las aulas, las exposiciones...
Sus ‘Mujeres’ llegan al sur, tras mostrarlas en el norte, con la luna ausente que en el mar no riela, el de luces grises y azules intensos, vestidas de maíz, ensimismadas entre telas, que cubren una voluptuosa desnudez. Se peinan, y el espejo brilla. Con un decir visual efectista, deudor de encuadres del comic que pasa por el tamiz de su experiencia visual, y de algunos grandes del siglo XX, a sus ojos, tales Matisse y Picasso, Chagall o Miró. Con todo ello, color y angulaciones, desarrolla el tema, en clave reflexiva, aquí la mujer desnuda que se mira ante el espejo, que le refleja un rostro con gafas en blanco y negro. Verse, percibir la transformación proyectándose en el tiempo, ensoñaciones. Son, como escribió, hechiceras de color hechizadas en cuadros. Ellas son introspección y explicitación, asimismo, de un universo femenino. La pareja también aparece, en tiernas escenas en las que el calor del abrazo se hace presente y el libro en compañía ilumina sentimientos. Son experiencias, o deseos en proyección.
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