GASTOS DE PRODUCCIÓN
El estrés hídrico hace mella en la agricultura de A Limia
Los agricultores de A Limia se encuentran inmersos en la recogida de cereal. La variedad de invierno -plantada entre los meses de septiembre y octubre- ya se ha cosechado al 98 por ciento y la de primavera -sembrada entre febrero y marzo- se encuentra “muy avanzada”, tal y como señalan desde el Centro Agrogandeiro de Xinzo. Se estima, desde la misma entidad y también desde la Asociación de Productores de Patata de A Limia, que se han sembrado un total de 13.000 hectáreas -trigo, centeno y cebada, aunque esta última en una cuantía poco significativa-, una cifra similar a la del pasado 2021. El conflicto de Ucrania hacía preveer un aumento en la superficie sembrada en la comarca, sin embargo, esta se ha mantenido en los datos de otras campañas. “Este año, debido a que hubo un invierno muy seco, sí que se ha aumentado el cereal de invierno plantado con respecto al de primavera, quedando el reparto en un 60 - 40 por ciento en favor del de invierno”, puntualizó Servando Álvarez, responsable del Centro Agrogandeiro de Xinzo. En cuanto a la cosecha, ha habido “muy buena producción” en el centeno y trigo de invierno -5.000 kilos por hectárea-, rondando, a priori, los 4.000 kilos por hectárea el cereal de primavera -a falta de cuantificar la afectación por la sequía en este caso-.
Sí continúa aumentado en la comarca la superficie plantada de colza, ya recogida el mes pasado: “El rendimiento en este caso fue especialmente bueno”, aseguró Álvarez. Se plantaron un total de 300 hectáreas en A Limia y, casi con toda seguridad, la cifra será mucho mayor en 2023. En este sentido, una hectárea de colza ha tenido un rendimiento de 4.000 kilos y el precio medio que se paga por este cultivo es de 60 céntimos el kilo -casi el doble de lo que se paga por el trigo-.
En cuanto a la incidencia de la climatología y la sequía en los cultivos de cereal, ésta parece no haber afectado significativamente al cereal de invierno -las olas de calor comenzaron cuando ya estaba prácticamente formado-. Los trigos de primavera, plantados más tarde, sí se vieron afectados por la sequía, lo que podría repercutir en una merma de la cosecha.
La patata encara el último tramo de maduración, pero las previsiones, a causa de la sequía, no son buenas para garantizar una cosecha grande a los productores.
La recogida -prevista para septiembre- podría adelantarse con cifras muy inferiores en cuanto a la producción esperada. “Las parcelas que se plantaron pronto no van a tener problemas, pero las que lo hicieron tarde y las variedades productivas como la agria probablemente vean muy mermada la producción”, adelantó Álvarez. “Ojalá no sea así, pero las temperaturas de más de 30 grados no ayudan y la patata necesita agua”, añade.
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