Una banda asalta tres casas en solo dos horas en un pueblo de Allariz

LAS BANDAS DEL ESTE, EN ACCIÓN

Un grupo organizado asaltó tres casas en tan solo dos horas en el núcleo de Outeiro da Orraca, consiguiendo un importante botín de joyas y dinero. Una mujer muestra la ventana de una de las viviendas, con los cristales rotos, por donde accedieron los ladrones.

El cristal fracturado en la ventana de la casa de M.
El cristal fracturado en la ventana de la casa de M. | Alán Pérez

La tranquilidad que tras la pandemia atrajo al pequeño núcleo de Outeiro de Orraca, muy próximo a Allariz, a decenas de familias jóvenes y a una importante comunidad cubana, se truncó en la tarde-noche de la víspera de Halloween.

En apenas dos horas, una banda organizada de presuntos exmilitares albaneses asaltó tres viviendas unifamiliares aprovechando que sus inquilinos habían salido a dar un paseo, se encontraban trabajando o simplemente cuidaban de una madre enferma en la otra punta de la localidad.

Los ladrones exhibieron tácticas paramilitares: vigilaron los horarios del vecindario y aprovecharon ausencias momentáneas para asestar golpes muy precisos. Asegurarse de que las casas estaban vacías no solo les garantizaba rapidez, sino evitar encontrarse con los moradores, “lo que elevaría el delito a robo con violencia o lesiones y dispararía las penas de cárcel”, según valoran fuentes policiales.

El terreno jugó a su favor. Los objetivos están conectados por el entorno del Camiño A Barraca, un sendero rural sin iluminación por el que los vecinos suelen pasear a sus perros de día. Una vía oscura que, además, les ofrecía una inmediata conexión con la Autovía das Rías Baixas para garantizarse una huida relámpago.

El cristal fracturado en la ventana de la casa de M.
El cristal fracturado en la ventana de la casa de M. | Alán Pérez

 “Solo quedaron trapalladas”

El primer patrón de estos asaltos fue la selección del botín. En la vivienda de P., situada al final del Camiño Piñeiral da Silvela, los ladrones demostraron tener muy claro a por lo que iban. “Solo buscaban dinero y joyas”, asegura la perjudicada, todavía asombrada por el ojo clínico de los asaltantes. Al revisar el joyero de su hija, comprobó que habían seleccionado minuciosamente las piezas de valor, descartando el acero y la bisutería: “No dejaron ni una joya de valor, ni una. Dejaron las trapalladas”, relata.

En esta vivienda, también revolvieron el salón, en donde se apoderaron del dinero que había en un cajón. La moradora llegó con su hija a casa a las 21,30 horas, por lo que calcula que fue uno de los primeros puntos del itinerario.

La situación fue algo diferente y más violenta en sus formas en la casa de M.Q.D., ubicada en el cruce de dos caminos, Barraca y Aldea Orraca. “Lo tuvieron muy fácil porque está todo muy oscuro”, lamenta la víctima. Allí, emplearon una escalera para podar árboles que encontraron en la propia finca para así poder sortear los casi cuatro metros de altura y romper el cristal de una ventana del primer piso. No les disuadió la presencia de Pipo y Yeico, dos inofensivos perros de 6 y 16 años que correteaban por la fachada principal.

Fue la única casa donde rompieron el cristal para acceder al interior, apoyándose después en un radiador y un escritorio donde dejaron una huella. Una vez dentro, vaciaron los armarios “con rabia” y se llevaron por casualidad un dinero que M. guardaba en casa de forma excepcional para hacer frente a los gastos del sepelio de su marido, fallecido hace hoy un mes. Su ausencia duró entre 19.30 y las 23.00 horas, un tiempo que dedica a atender a su madre, por lo que deduce que fue la última parada de la banda.

 Salida casual

En el tercer chalé asaltado, el grupo criminal operó de forma aséptica, desmontando la ventana limpiamente, tal como ocurrió en la casa de P. Se trata de una vivienda de obra nueva en el kilómetro 11 de la OU-320, donde una familia reside desde hace un año.

Aprovechando la ausencia de los inquilinos, los delincuentes irrumpieron forzando una persiana y la ventana de PVC del dormitorio principal que da al jardín trasero. Revolvieron los cajones y el vestidor, limitando su botín a diversas joyas al no encontrar efectivo. Sin tiempo para registrar el resto del domicilio, escaparon por un camino secundario trasero.

Fue el marido quien descubrió el escenario al regresar a la vivienda para recoger una mochila antes de ir a entrenar. La mujer explica que a esas horas suele estar en casa, pero esa tarde había salido precisamente a dar un paseo con las niñas por el ambiente festivo en la villa. De hecho, para proteger a las hijas, el matrimonio justificó la presencia de la Guardia Civil en el chalé como una broma de Halloween.

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