Isabell Seidel, la pintora alemana que hizo de Ourense su paisaje: "Me encanta la generosidad y la cercanía de la gente"
ENTREVISTA
Isabell Seidel llegó casi por azar y terminó construyendo aquí una vida. Dieciséis años después, alterna Amoeiro con la ciudad y convierte la naturaleza y la observación en el centro de su trabajo.
Desde su estudio en una casa de As Quintás, en Amoeiro, la pintora alemana Isabell Seidel sale a pintar y se expone al viento, la lluvia, los animales y hasta a algún pájaro que decide intervenir sobre el trabajo. Allí trabaja rodeada por una naturaleza que se ha convertido en el motor de su pintura. “Cuanto mayor me hago, más conexión con la naturaleza necesito para encontrarme bien, para ser feliz”, explica.
De allí salió la obra con la que acaba de ganar la XVIII Bienal Internacional de Pintura Balconadas de Betanzos. El reto la obligó a abandonar casi todas sus costumbres: trabajó en un formato mucho mayor, sobre una tela suelta y con materiales capaces de soportar la lluvia. Nunca se había presentado y durante años había pensado que el certamen le quedaba grande. Esta vez decidió probar y se llevó el galardón.
La libertad temática le permitió trasladar a la tela todo lo acumulado durante años de observación del paisaje. “Fue una experiencia magnífica poder trabajar de una manera tan suelta”, cuenta. El premio la sorprendió, pero la satisfacción con el resultado importa para Seidel casi tanto como el reconocimiento del jurado.
Una ourensana más
Su llegada a Ourense también comenzó de manera inesperada. Nacida en Lübeck, al norte de Alemania, estudió Filología Alemana, Filología Hispánica y Pedagogía. Mientras preparaba los exámenes para convertirse en profesora, pasó dos meses en una academia de Andalucía. Allí conoció a Víctor, su actual marido. Mantuvieron durante tres años una relación a distancia antes de decidir dónde empezarían una vida juntos. Ella bajaría desde Alemania; él, que entonces vivía en Cádiz, subiría hasta Galicia.
“Me gusta más el norte”, recuerda que le dijo. Víctor propuso Ourense, donde tenía a su familia, e Isabell aceptó pese a no conocer la provincia. Dentro de unos días se cumplirán 16 años de aquella mudanza. “¡Casi media vida!”, exclama.
Después de tantos años todavía no se acostumbra a los calurosos veranos ourensanos. Las altas temperaturas reducen su energía y dificultan el descanso. Todo lo demás la conquistó. “Me encanta la generosidad y la cercanía de la gente, el patrimonio y el paisaje”, resume. Los bosques y las montañas contrastan con lo que veía durante su infancia. En el norte de Alemania dominan las líneas horizontales de los prados y las masas forestales.
Durante sus primeros años en Galicia pintaba, sin embargo, sobre todo ciudades. Estaba vinculada al dibujo urbano y entendía el cuaderno como una forma de registrar la vida. La transformación llegó en 2016, cuando la familia dejó de residir habitualmente en As Quintás y se trasladó a un piso de Ourense. Al pasar más tiempo en la ciudad, empezó a echar de menos el bosque de Amoeiro. La naturaleza, hasta entonces presente pero secundaria, fue ocupando progresivamente su obra.
La casa de As Quintás continuó siendo su estudio. Desde entonces, Seidel alterna la vida familiar en Ourense con el trabajo en Amoeiro, un equilibrio que le permite mantener el contacto con la naturaleza sin alejarse de los suyos.
Pintar del natural le ayuda a retener algo que una fotografía rara vez conserva. Meses o años después recuerda dónde hacía frío, cómo soplaba el viento, quién se detuvo a hablar con ella o con qué personas compartía aquel viaje. “Es una forma de vivir el momento”, afirma. Sus cuadros no reproducen únicamente un lugar: conservan también la energía de lo ocurrido mientras lo observaba.
Ahora afronta otro cambio. Está acondicionando un estudio en la parte alta de la avenida de La Habana que espera abrir en 2027. Allí tendrá más contacto con otros artistas y podrá trabajar más cerca de sus hijos, que empiezan a reclamar actividades y ritmos distintos. Cambiará su rutina, pero no el vínculo con As Quintás: la naturaleza seguirá formando parte de una pintura nacida entre la ciudad y el bosque.
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