Los ángeles de Tina, la yegua salvaje herida en Padrenda
RESCATE
Varios dardos con anestesia, alguna que otra caída y mucha paciencia hicieron falta este domingo en Vilar para atrapar y curar la pata de Tina, la yegua semisalvaje más conocida de Padrenda. La impecable labor del veterinario Pablo Teijeiro, así como el coraje y colaboración de un grupo de vecinos, permitió dar los primeros pasos para sanarla
Tina, como la bautizaron los niños del pueblo de Vilar, es una de las dos yeguas de una manada que vive en semilibertad en Padrenda, que destaca por su crin rubia y una gran inflamación que, desde hace tiempo, le impedía apoyar su pata izquierda. “Antes non os vías tanto polo pobo, quizais unha vez cada dous ou tres meses, pero agora estaban de seguido, e vela así, sufrindo…”, comentaba Sergio, testigo del sufrimiento del animal.
Hace meses -más de un año, apuntaba Eliseo, residente en Crespos- que este ejemplar sin dueño conocido arrastraba problemas. Pero no fue hasta hace unas semanas cuando otra lugareña, María de Vilar, dio la voz de alarma a las autoridades y, ante la falta de una solución efectiva, a La Región. “Foi bo publicar a nova, o luns xa me chamou o veterinario, que ten a clínica en Miño (A Coruña)”, relataba el alcalde, Manuel Pérez Pereira, presente desde primera hora en el operativo, que comenzó a las ocho de la mañana y se prolongó hasta casi las cinco de la tarde. Primero para localizar y acordonar a la manada en una céntrica finca de Santa María y después para colaborar con Pablo Teijeiro, profesional veterinario especializado en especies exóticas y nuevos animales de compañía, y uno de los pocos en Galicia en contar con un rifle anestésico.
“Me enteré por un compañero que me lo mandó. Vio la noticia y sabe de sobra que tengo el rifle. Me dijo: ‘Pablo tienes trabajo’ y llamé al alcalde”, comentaba Teijeiro en la soleada mañana dominical en la que tuvo que realizar varios disparos (dardos sedantes), para adormecer al animal y acabar inmovilizándolo, con dos cuerdas y la cabezada. “La pata realmente está muy mal”, dijo en una primera valoración si bien, tras casi tres horas de curas y lograr retirar completamente el alambre que le produjo la herida -posiblemente restos de una trampa para cazar jabalís-, dejaba la puerta abierta a su recuperación. “Se salvará”, les dijo a los presentes.
Tras horas de nervios, carreras y alguna que otra caída, Tina pastaba a última hora de este domingo en una finca del pueblo, con la pata vendada y custodiada por los otros dos ejemplares que conforman su manada. Allí pasará su recuperación las próximas semanas, controlada por los vecinos y bajo supervisión veterinaria.
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