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Cristianismo y Egipto, más que coincidencias

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Cristianismo y Egipto, más que coincidencias

La relación entre Cristo y Egipto aparece en la Biblia de forma expresa: allí se habría refugiado la Sagrada Familia tras la –poco probable- matanza de inocentes. Después, el vacío hasta la reaparición en Galilea

La relación entre Cristo y Egipto aparece en la Biblia de forma expresa: allí se habría refugiado la Sagrada Familia tras la –poco probable- matanza de inocentes. Después, el vacío hasta la reaparición en Galilea.

Hijo de Dios. Amenhotep III, faraón del Imperio Nuevo, Dinastía XVIII, se proclamó nacido del Dios Amón y su  madre. Así aparece en escenas donde el padre de los dioses toca a una mujer –la madre del rey- y así la fecunda. Es muy parecida a la concepción de Horus por sus padres, la Virgen Isis y Osiris, que había resucitado. Y la de Hatshepshut por Amón, aunque en este caso habría tomado Amón la imagen de su padre, Amenhotep I. Y, por supuesto, como la imagen de la Virgen María y el ángel.

Trinidad. Había dos. La más importante era la formada por Isis-Osiris-Horus, tres en uno como hijos de Ra, hasta el punto de que  Ra es Horus y Osiris, distintas manifestaciones del mismo Dios. Cuando el cristianismo llevó a Egipto la misma idea de tres formas de un Dios único, cuajó con facilidad.

La cruz anjsada. Los dioses portaban una cruz denominada “anj”, que servía para dar la vida a los mortales. Ese fue precisamente el sentido que se le dio a la cruz romana, un instrumento de tortura convertido en un símbolo de vida. Comenzó a utilizarse así en Egipto, donde ya había tradición de que los fieles llevaran la cruz anjsada de los dioses como protección.

La resurrección. En Egipto se forjó el mito de la resurrección, a través de la muerte de Osiris y su vuelta a la vida. Era verde, símbolo de la tierra que germina y da fruto tras la inundación del Nilo. Osiris resucitó entre los muertos gracias a Isis, y Jesús hizo lo mismo ante las mujeres que fueron a visitar su tumba.

25 de diciembre. Es una fecha clave en Oriente. Es el día en que nació Osiris. También Mitra y el de la victoria del sol, que vuelve a crecer en horas tras el invierno. Por eso se eligió para Jesús, aunque los cristianos sabían que no era la fecha real.

El juicio del alma. La religión egipcia contemplaba un más allá donde había un juicio al que era llevado el alma del difunto por Annubis. En una balanza se pesaba su corazón con la pluma Maat (la justicia) y si el resultado era desfavorable, era devorado por un monstruo, por lo que se perdía para siempre. En caso contrario, entraba en el reino de Osiris y Ra, que no era otro que el propio Egipto, porque no se podían imaginar un lugar mejor.

Iconografía. Hay dos imágenes cristianas extraídas directamente de Egipto. Una, la Virgen María con el niño Jesús, a menudo tallada en piedra negra, que no es sino una adaptación de la Virgen Isis con el niño Horus. A Isis se la representaba negra por el color de la tierra fecunda, frente al amarillo del desierto estéril. La otra, San Miguel o San Jorge –santos populares, que no existieron- matando al dragón con una lanza. Está tomada de Horus alanceando a su tío, el malvado Set, que había asesinado a Osiris. Set es el Dios de la guerra, del desierto y el caos.  

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