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REPORTAJE
El cigarrón lo es todo. Un orgullo. Un sentimiento. Una pasión. ¿Quién entendería el Entroido de Verín sin el sonido de las chocas calentando las calles de la villa del Támega? ¿Sin la zamarra al aire? ¿Sin lobos, zorros, diosas y soles recorriendo el casco viejo? Álvaro Ferreira y Geni Sabariz tienen claro que el cigarrón es figura a la que mimar y cuidar año tras año. Ellos son artesanos de Galicia -titulados por la Xunta- y llevan más de 25 años enseñando a sus alumnos a elaborar la máscara y el traje del cigarrón en un obradoiro anual que organiza el Concello.
“Eu aprendín solo, dende a primeira que fixen por curiosidade ás de hoxe hai un abismo”, cuenta Álvaro, mientras que Geni asegura que “fue el sastre de Castro quien me enseñó a hacer el traje”. Este año, con 12 alumnos, elaboraron máscara y traje -pantalón, chaqueta, ligas y pañuelo-, donde cada uno de ellos se diferencia: “Cada alumno ten as súas mans, a súa maña, o ser personalizados con medidas e gustos, son todos diferentes, pero todos manteñen a esencia”, explica Álvaro sobre la elaboración de máscara y traje.
“Al final, esto es un orgullo. La gente queda muy satisfecha con su trabajo, primero les cuesta, pero cuando ven los resultados… Y nosotros con ellos”, explica Geni, quien observa en cada traje que elabora como se pulen detalles, se perfeccionan pequeñas minucias y se deja volar la imaginación. “¿Que si se nota la diferencia de mis trajes de hace 20 años a los de ahora? Ufff”, exclama la verinesa.
Un traje y un orgullo que ronda, como poco, los 2.000 euros. “É a mostra de que vestir o traxe significa moito”, añade el artesano, quien es cigarrón desde niño: “Eu, que nacín en plena Praza Maior, levo case 50 anos vestindo o traxe, e a día de hoxe aínda me emociono. Chega o día de vestilo por primeira vez e estou nervioso, éntrame ese formiguillo”.
Sobre la evolución a la hora de realizar el traje, estos artesanos son tajantes: “Hai que manter sempre a tradición”. Es por ello que cada una de las piezas que conforman el cigarrón tienen su historia. Por ejemplo, el pompón tradicional de la máscara es de color verde, rojo y rosa: “A cor rosa significa a feminidade, o vermello a fiereza e o verde a nobreza”, explica Álvaro. “Los pañuelos tradicionalmente eran con estampados, no de un solo color. Eran los que llevaban las mujeres en la cabeza”, remarca Geni. ¿Y los colores? Antes destacaban los trajes rojos y verdes, ahora se pueden ver dorados, negros, azules o incluso grises.
Algo que va ligado a ese sentimiento -que como dice Álvaro, “non hai máquina que mida os sentimentos”- de pertenencia a un lugar con una cultura tan arraigada. El Entroido, una celebración de la que hablan, tanto Álvaro como Geni, con una sonrisa en la cara y con brillo en los ojos. “Yo podría estar todos los días en la calle disfrutando de las carreras de los cigarrones, viendo a la gente disfrazada y me sigo emocionando”, cuenta Geni, mientras que Álvaro va más allá: “Eu son entroideiro, mameino dende neno, para min o Entroido é o propio pueblo, a organización desorganizada”.
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