Ourense no tempo | La Granadina

Paseando, al llegar a las escaleras de Santa Eufemia o al cruce de Cardenal Quiroga (depende por donde vinieras), empezabas a percibir un aroma que a los ourensanos nos encantaba

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Aún hoy permanece, aunque no con la misma intensidad, o al menos yo no lo percibo. ¿Habré perdido olfato?

Paseando, principalmente los domingos por la tarde, al llegar a las escaleras de Santa Eufemia o al cruce de Cardenal Quiroga (depende por donde vinieras), empezabas a percibir un aroma que a los ourensanos nos encantaba. Realmente eran dos diferentes pero igual de agradables. Todo era cuestión de las necesidades de don Nicolás: o preparaba unas riquísimas almendras (o cacahuetes) garrapiñadas o sino tenían en las bandejas acarameladas, que eran un espectáculo para la vista, gusto y olfato; muchas veces también tacto y oído, ya que las bocas pequeñas tenían problemas para comerse aquel “bello” manjar, con lo cual terminábamos echando la mano, y oías la voz materna riñéndote porque el siguiente paso era limpiarse al jersey. ¡Ay qué tiempos!.

Bueno, como todas las fotos de estos días seguramente las recuperaré para intentar sacar un artículo más completo, hoy es que no me pude contener tan pronto vi la foto de Pedro Cañedo, y se la robé (con su permiso). El mismo Pedro me cuenta que el señor del sombrero era su padre Victorino Cañedo, personaje muy conocido en aquel Ourense. Trabajó en la mítica sala Auria y fue el primer jefe de sala de la cafetería de la Torre (¿piso 18?). El otro personaje, aunque más delgado que cuando yo le conocí, es un inconfundible Nicolás Remacho, el dueño de La Granadina. Hoy es su hijo el que, cuando puede, enciende fogones y recupera aquellos olores. Quitadme de dudas: Yo, al fijarme en la foto, me parece que el puesto estaba colocado de manera distinta a la actual. ¿Qué opináis?

Gracias Pedro, por la foto.

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