Aceredo, 30 años después del diluvio
El silencio se impone en un paisaje lunar en el que antaño se cultivaba una tierra muy fértil. La antigua aldea de Aceredo sale a flote por el bajo nivel de la presa de Lindoso. La de Carmen fue la primera casa que se tragó el agua en 1992. Su madre resistió hasta el final.
El 8 de enero de 1992 llovió tanto en la antigua aldea de O Bao que los regatos parecían cataratas. Nada hacía presagiar al centenar de vecinos de las últimas aldeas que se tragó un embalse que aquel era el día. Nadie les avisó. Primero fue O Bao, luego Buscalque. Los terceros, los de Aceredo, rezaron el rosario en la iglesia encerrados durante días. El diluvio aceleró la subida de la presa y, en pocas horas, el agua se había llevado las casas, las fincas; toda una vida. Cuatro aldeas quedaron sumergidas por el embalse de Lindoso que, tres décadas después, deja a la vista un paisaje lunar difícil de explicar. Ahora las cataratas son regatos pequeñísimos, en calma. El agua ya no hace ruido y como si de una película macabra se tratase, la escena rebobina hasta dejar a la vista las casas, las fincas; toda una vida. La última aldea anegada por la construcción de una presa en la provincia vuelve a la superficie.
La drástica reducción de agua permite contar hasta una decena de casas: en algunas se intuyen los tejados, en otras se ve hasta el hueco de las ventanas por las que sigue entrando el sol. Los postes que vallaban las fincas de una zona -dicen- muy fértil para los cultivos aún se mantienen en pie, rodeando la tierra mojada en la que ya no crecen los naranjos.
La familia de Carmen tenía dos casas en Buscalque. La primera y la última del pueblo. La primera y la última que se tragó el embalse. “A miña mamá que en paz descanse foi a última en abandonar a súa casiña. Foi andando e andando ata as aldeas do lado ela soliña. Mentres, a auga subía sen parar. A xente non o cría. Pensaron que auga non chegaba e chegou. Os maiores, sobretodo, pasárono moi mal”, explica esta vecina del nuevo pueblo de Aceredo, construído frente a la presa que se tragó el Aceredo original. “De cando en vez vese a moita xente pasear, supoño que moitos serán familiares que tiñan nesas aldeas. Tamén de Portugal se achegan ata aquí”, dice la mujer sobre el “fenómeno” curioso del turismo de embalses.
ANTES DE LA PRESA
Para quien vive pegado a la presa de Lindoso también es difícil de comprender el paisaje lunar. “O regatiño é o río Caldo, aínda ten que baixar algo máis. Hai dous anos víronse bastantes casas. Pero cando máis baixa está a auga é en outubro ou novembro, non agora. É raro nesta época”, explica el matrimonio de Carmen y Celso. “Agora vense casiñas, moitas desfeitas. E as fincas. A xentiña baixa ás veces a mirar”. Carmen señala la montaña: “Alí detrás estaba Buscalque. Algúns foron cara Ourense, outros no pueblo que fixeron de novo. Co que pagaron fixemos unha casa. O mellor pagado foron as casas. O que a tiña ruín ou o que a tiña máis boa, con que vivira alí, daba igual. Pagaron o mesmo. Cos montes si que houbo pleitos. Non se cobrou nada. Paréceme que vai quedar olvidado. Coma todo. Aquí vivíase moi ben antes do embalse”. “Bueno, sobrevivíase”, le rebate Celso.
Así contó La Región el "diluvio" de Aceredo en 1992
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