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Buscan pistas entre los toxicómanos para esclarecer el crimen del bar Novo

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Buscan pistas entre los toxicómanos para esclarecer el crimen del bar Novo

Dos velas encendidas y un ramo de claveles rojos recuerdan al fallecido, junto al precinto policial que prohíbe la entrada al bar. (Foto: A. R.)
photo_cameraDos velas encendidas y un ramo de claveles rojos recuerdan al fallecido, junto al precinto policial que prohíbe la entrada al bar. (Foto: A. R.)
La Policía Nacional analiza el arma blanca encontrada en el negocio que, pese a estar revuelto, fue limpiado para eliminar huellas

La Policía Nacional analiza una arma blanca hallada en el café-bar Novo ante la sospecha de que fue utilizada para acabar en la noche del pasado martes con la vida de su gerente, Evaristo Morín Machado, de 65 años, conocido también como Joaquín. Es una de las pocas pruebas que recogieron los agentes  nada más entrar en el interior del local, que fue sometido a una limpieza tras el crimen posiblemente para eliminar huellas.

El local, según pudo saber este periódico, estaba bastante desordenado, sobre todo en la zona de la barra y el acceso a una pequeña cocina, en la que la Policía Científica -parte de los agentes se desplazaron desde la Dirección General en Madrid- centraron en la tarde del jueves una inspección ocular en busca de huellas que permitan esclarecer la muerte. 

Los investigadores buscaban ayer pistas entre los toxicómanos y las personas que en los últimos años mantuvieron algún tipo de relación con Evaristo Morín, que trapicheaba con sustancias estupefacientes, aunque algunos vecinos sostienen que desde que salió de la cárcel en 2017 -fue condenado por tráfico de drogas- había dejado de vender. 

Fue detenido en el año 2014 tras intervenirle 1.972 gramos de hachís. Entonces, el fallecido ya acumulaba seis detenciones anteriores por diversos delitos. La Policía Nacional no desveló ayer si durante la inspección ocular en su establecimiento hostelero decomisaron algún tipo se sustancia estupefaciente.

Desavenencias vecinales

Los investigadores tomaron declaración a las personas que residen en la primera planta del inmueble en que está el bar, con las que el fallecido no mantenía buena relación a causa de la actividad hostelera. Las desavenencias entre ambos obligaron a intervenir en varias ocasiones a la Policía Nacional. La familia, según fuentes de la investigación, no se percató de nada extraño en la noche y jornada en fue hallado muerto el hostelero.

Los agentes mantienen silencio sobre lo sucedido argumentando que el Juzgado de Instrucción 2 de Ourense decretó secretas las actuaciones. Además, aseguran que cualquier dato que se haga público podría entorpecer la investigación.

El subdelegado del Gobierno, Emilio González Afonso, pidió que se dejara trabajar a los investigadores al tiempo que se mostraba confiado en una pronta resolución del crimen. "Se está trabajado y creo que el esfuerzo que se está realizando dará resultados", apuntó González Afonso. La Policía Nacional tampoco desveló si el fallecido fue objeto de un robo violento ligado a las sustancias estupefacientes, pero esta hipótesis, según pudo saber este periódico, es en la que están trabajando los investigadores. No descartan que el crimen participaran al menos dos personas, con las que llegó a forcejear el hostelero.

Exparejas

La Policía Nacional también tomó declaración en los últimos días a tres mujeres con las que el fallecido mantuvo durante un tiempo y por separado una relación sentimental. 

Ayer sobre la persiana del local, colgaba un clavel roja. En la misma entrada del negocio había colocado otro ramo de claveles. 



El hijo: “No sé donde está y quería ir al funeral"

Una funeraria se hizo cargo del cadáver de Evaristo Morín y lo trasladó a la provincia de Pontevedra, donde residen sus cuatro hijos. Un de ellos, identificado como J.M.R. pedía ayer a través en una página web que alguien le facilitara información sobre la muerte de su padre y el lugar en que se encontraba el cadáver para poder acudir al entierro o al menos visitar su sepultura. "Llevamos años sin vernos, sin saber nada uno del otro y una tía me aviso de lo sucedido al ver un periódico", afirmó entre sollozos, puntualizando que tampoco tenía contactos con el resto de la familia. "Me gustaría poder despedirme de él ya que no pude hacer otra cosa", explicó.

Comerciantes y vecinos de la calle Colón desconocían ayer también el lugar del funeral y cementerio en que será enterrado el hostelero.  "Últimamente se hizo muy afable y se va echar de menos  en el calle. Siempre tenía una mesa en la puerta y se divertía mucho con los perros de las personas que cruzaban por la calle", apuntaba uno de los comerciantes. Durante su estancia en la cárcel se ocupó en el economato, donde durante los ocho meses que estuvo preso no ocasionó ningún problema.