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Un grupo de expertos en paisajes culturales participan estos días en un congreso internacional que se celebra en Santo Estevo de Ribas de Sil y que pondera las virtudes de la Ribeira Sacra, precisamente en un momento en el que se quiere relanzar la carrera para optar a la declaración de Patrimonio Mundial de la Unesco.
La zona vive un momento dulce, con la expansión de algunos sectores económicos, como el turismo. En diez años se incrementó en un millar el número de plazas hoteleras, lo que evidencia una apuesta por los recursos del lugar y su capacidad de atraer a nuevos turistas.
Lástima que el impulso turístico no vaya acompañado de otras propuestas de desarrollo, también ligadas al territorio como la explotación de los recursos del sector primario. Eso supondría la puesta en valor de la tierra y la capacidad de generar valor, no solo atraer visitantes un fin de semana.
Pero, bienvenida sea la capacidad turística del territorio y bienvenida sea la candidatura que se impulsa de nuevo. Sin embargo, habría que saber cuanto antes qué limitaciones impone formar parte del exclusivo grupo de espacios que son Patrimonio Mundial de la Unesco. No sea que nos llevemos algunos chascos. Y de los gordos.
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