Confinados por vocación

Crisis del coronavirus

El confinamiento se lleva mejor entre quienes hacen del hogar su particular fortín, un espacio en el que cabe el mundo entero. Están dentro, sin dejar de estar fuera porque desde casa trabajan, socializan y se divierten. O simplemente desconectan.

M. Sánchez
Publicado: 12 abr 2020 - 02:54 Actualizado: 13 abr 2020 - 09:26
Marius Jensen Silva, en su casa de León, con una de sus dos gatas.
Marius Jensen Silva, en su casa de León, con una de sus dos gatas.

Hay personas a las que el confinamiento en el hogar no le resulta tan traumático como a otras. Para ellos no es sinónimo de aislamiento ni reclusión. Vindican estar en sus casas y las posibilidades que les brindan para organizarse mejor o simplemente para conectar con tranquilidad con ellos mismos.

Marius Jensen Silva (49 años) es uno de esos enclaustrados por vocación al que la cuarentena obligada por emergencia sanitaria apenas le ha cambiado la vida. Acostumbra a pasar largas temporadas sin pisar la calle -"hasta dos meses y pico" - . Tiene la suerte, como él mismo reconoce, de que su pareja se encarga de la intendencia doméstica. Antes de declararse el estado de alarma, su última salida de ocio había sido una cena por todo lo alto en San Valentín. Y desde que regresó de Ourense para pasar la Navidad, pocas más: llevó a sus gatas Toliña y Emiliña al veterinario, una reunión con clientes y una visita a su suegra.

En su casa con un largo pasillo de León, ciudad a la que se fue desde Ourense hace 20 años, tiene su oficina -es programador informático-, pero también es un lugar reservado al ocio y la socialización. Un espacio público y privado al mismo tiempo. "Simplemente no salgo porque aquí tengo muchas cosas divertidas que hacer", asegura.

Reconoce que ya desde niño disfrutaba mucho de su casa de familia numerosa -"era un lugar muy divertido y completo"-. Después pasó de apenas frecuentarla, durante su juventud, a convertirla en su particular fortín. "Empezó a cambiar cuando a finales de los 90 y con la aparición de internet empecé a trabajar con grande empresas y, para evitar tener que atender a los ejecutivos al teléfono y el jaleo diario de una oficina, cambié mi horario para trabajar de noche; a partir de ahí, la necesidad de salir fue desapareciendo", explica. Más aun, se siente un privilegiado y, curiosamente sin ataduras, porque "puedo organizar mi tiempo con libertad absoluta".

Marius reconoce que desde hace años ir al bar a tomar un caña "solamente por salir" le parece "una pérdida de tiempo". Pero hace excepciones "si la ocasión y el lugar lo merecen" .

"Salir a tomar un caña al bar solamente por salir me parece una pérdida de tiempo"

Su jornada está perfectamente organizada: "Duermo ocho horas; trabajo entre cuatro y ocho, hasta 12 si hay algún proyecto en marcha, y el resto del tiempo, que es mucho, no lo pierdo en traslados, encuentros ocasionales, esperas y otras cuestiones sociales convencionales, es intimidad, ocio, documentación y enriquecimiento.

Es aficionado a los juegos multijugador, una afición que le permite estar hiperconectado: "Tengo amiguetes de toda la geografía española y más allá, dependiendo de la época y de los juegos". Pero también disfruta del cine y de las series, "y nunca sobra el tiempo para una buena lectura".

Para este ourensano nacido en Barcelona, el ordenador le abre muchas ventanas más allá del trabajo y de los juegos en red, a los que puede dedicar hasta 12 horas diarias si "es un buen juego de estrategia o simulación". En su caso, el modelado 3D o la edición de cómics.

La pregunta llegados a este punto se hace obligada: ¿Se siente juzgado? ¿Le consideran asocial? Familia y amigos se lo reprochan pero "de forma burlona". "A todo el mundo le extraña, es como un pitorreo. Cuando vienen personas de fuera y salimos a verles es lo primero que me dicen: 'Por fin sales, menos mal que sales de casa'; los que vienen de fuera incluso me lo agradecen y lo aprecian". Ahora bien, reconoce que "no deja de ser siempre incómodo tener que dar explicaciones".

Y como experto en confinamiento tiene alguna clave. "Es difícil dar consejos pero creo que hay algo importante, respetar los horarios de comidas y cenas; cenar al menos todos juntos y, por supuesto, vestidos, nada de pijamas y con la televisión apagada; a los que estén solos, que se unan a internet a algún club de alguna de sus aficiones y participen en foros y chats".

“La casa no me agobia porque no paro quieta"

María, 46 años, también es hogareña vocacional, y reconoce llevar perfectamente el confinamiento que impuso el real decreto y el ERTE presentado por su empresa. "Igual que mi marido se siente enjaulado en casa, a mí no me agobia en absoluto; no paro quieta y siempre tengo algo qué hacer", confiesa.

Su trabajo es de cara al público y el teléfono no para de sonar durante toda la jornada laboral. Por eso, su casa en algo así como un templo mágico en el que, cuando logra quedarse a solas, le permite conectar con ella misma. El silencio, aunque sea por poco tiempo, ya que tiene un hijo, es su mejor reconstituyente. "Me calma y me da mucha paz", explica.

"Eso va en tu forma de ser, porque yo nunca fui de salir demasiado o trasnochar; me gustaba quedar en casa para desconectar y estar tranquila", explica.

Para ella la cuarentena no está siendo dura . "Soy feliz en mi casa y creo que no me llegará todo el confinamiento para organizar todo lo que quiero", asegura entre risas. Eso sí, reconoce que es afortunada porque su reclusión tiene terraza. "Eso da mucho juego".

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