Daniela Carolina Linares, "sueña, trabaja y confía”, el lema de una joven caraqueña

LA NUEVA OURENSANÍA

Del Tribunal Supremo de Justicia venezolano a una entidad financiera española, Daniela Linares comparte su exitosa migración, no exenta de esfuerzo, pero también resultado de un espíritu positivo, confianza y paciencia

Miriam Blanco
Publicado: 23 ago 2024 - 06:20 Actualizado: 04 oct 2024 - 18:39
Daniela Carolina Linares.
Daniela Carolina Linares.

Con la palabra amor tatuada en el cuerpo, y un garabato que representa la costa venezolana, Daniela Carolina Linares Sequera, cruza el charco para aterrizar en tierras gallegas. “En Madrid me recibió un amigo, como allí todo va más rápido con los documentos me quedé un tiempo”. Explica una licenciada en Derecho, docta en burocracia y papeleos, la estrategia que aplicó para agilizar su proceso. Tras un mes se mudó a Ourense por cuestiones económicas, pero también porque aquí estaba la familia de una amiga de la carrera.

“No vayas a pensar que vine con gran cosa, no tenía ni idea del precio de la vida”, reconoce sobre lo que fueron los primeros meses, con un año de pandemia entremedias. “Unos 2000 euros que había ahorrado trabajando”, concreta Daniela sobre una, no muy holgada, cartera.

“Estaba en la secretaría de la sala social del Tribunal Supremo de Justicia”, informa. Ahí iba haciendo los dineros a la par que estudiaba. “Allí por supuesto todo son alabanzas al actual gobierno, pero reconozco que nunca tuve que hacer nada que no quisiera”, concreta. “Todos deseamos en Venezuela un cambio”, opina, “por eso yo me fui, quería otra vida”.

Dejó Daniela en el país a toda su familia, padres, hermano menor y también abuelos. Vinieron a visitarla las pasadas navidades, a lo loco, un 23 de diciembre. “Ya no aguantábamos más, fue un arrebato súper costoso”, confiesa. No son pocos los esfuerzos económicos que tienen que hacer de los dos lados para estos encuentros. “Una pensión pública en Venezuela que puede rondar… ¿los diez, veinte euros?”, comenta. Sus padres son profesores de historia y aunque todavía son jóvenes tienen la jubilación a la puerta. “Al haber trabajado veinte años en la institución pública te puedes retirar”, aclara.

Trayectoria de éxito

En un año tuvo Daniela los papeles por asilo y obtuvo su residencia, y ya con permiso de trabajo empezó su trayectoria como camarera. Envolvía también regalos por Navidad, y finalmente consiguió un trabajo de dependienta. En una franquicia textil y de deportes, además de feliz empleada durante dos años, tuvo la suerte de encontrar el amor, al gallego que es hoy su pareja. “Es de O Pazo, Celanova, vivimos juntos aquí en Barrocás”, nos cuenta. Dice Daniela que el idioma patrio lo lleva bien, pues es la lengua principal de su novio y familia. Cuenta también que en este país ya ha pasado examen de cultura en el Instituto Cervantes. “Tengo la nacionalidad española, la obtuve hace un año, quería estar tranquila y no depender de continuas renovaciones de residencia”, aclara.

Equiparó Daniela estudios porque sus deberes hizo al salir de Venezuela, dejando poderes a los suyos para poder recibir aquí documentos. “O cursaba las materias que me faltaban u homologaba”, explica Daniela cómo optó por lo segundo porque “necesitaba trabajar, no iba a tener tiempo para estudio alguno”. Con la elección ganó el trabajo que hoy tiene, aunque tiró por la borda sus años de carrera. “Yo puedo asesorar, pero no firmar, ni representar a nadie”, aclara. “Fue lo que en ese momento decidí y es lo que tengo”, concluye.

Gracias a este juicio pragmático le llegó un puesto de gestora especialista, en una conocida entidad financiera. Reconoce que encontró la oferta por un portal de trabajo y se presentó un poco escéptica. “Me cogió de sorpresa la llamada”, comenta la que hoy se pasa el día con el teléfono en la oreja. “Asesoro a los clientes a través de banca online”, describe Daniela su puesto de trabajo, que cada vez es más tendencia.

Si se le pregunta por el trato con los clientes cuando reconocen su acento indiscutiblemente latino comenta que “a veces cae algún comentario incómodo, pero no hay que llevárselo al amor propio”. Coge la tangente Daniela si le preguntan directamente por su origen sin venir a cuento. Mano izquierda maneja esta chica que comparte una divertida anécdota. “Una vez llamó un señor alarmado por un posible fraude, porque le había hablado alguien extranjero, la compañera estaba de vacaciones y me tocó a mí responderle”, explica. “¡Adónde fue a parar!”, pensó Daniela, que tuvo que arrancar el discurso con un “ha hecho usted muy bien en contactar”, caballero, y concluir con un “no tema por mi acento latino”. ¡Ay cómo somos desconfiados los gallegos cuando se habla de nuestros cuartiños!

Ambiciona Daniela Linares reagrupar a su familia en Ourense. “Me aterra pensar que mis padres se pongan enfermos”, confiesa. “Sueña y confía”, tiene tatuado en el brazo, un lema que anima a la resiliencia, la inocencia y la frescura. No siempre ni a todo el mundo la vida regala estrella, pero vuela Linares con las alas de un espíritu positivo.

Es genuinamente amable y dulce Daniela, aunque a ella le de un poco de grimilla. “No sé si sueno demasiado cursi”, pregunta tímidamente. Nada de eso querida, sé tú misma y, aunque solo sea por tu nombre, haz tu “bailaches Carolina”.

Con el amor de su muñeca empezó su entrevista en español latino y con un “quérote”, la remata, al citar su palabra favorita en gallego. Queremos pensar que se la dicen mucho, y que el cariño de los nuestros en la vida, también ayuda.

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