Sin desescalada en los cuidados

REPORTAJE

Celia Paz es una de las centenarias de la provincia. Su hija Carmen se encarga de atenderla con el apoyo de voluntarios de Cruz Roja, que le permiten un respiro en su rutina: "Mi madre está enamorada de ellos"

Publicado: 05 jul 2020 - 05:33 Actualizado: 06 jul 2020 - 09:33
Celia Paz sonríe en el sofá de su casa, en la ciudad, observada por su hija Carmen. En el medio, les acompaña Natividad Álvarez, de Cruz Roja  (XESÚS FARIÑAS).
Celia Paz sonríe en el sofá de su casa, en la ciudad, observada por su hija Carmen. En el medio, les acompaña Natividad Álvarez, de Cruz Roja (XESÚS FARIÑAS).
En ruta con los voluntarios de la Cruz Roja

Celia Paz es una ourensana de 102 años que continúa su travesía en la vida de la mano de su hija Carmen. Los achaques físicos no perdonan, pero Celia sigue firme con su ayuda y con la de Cruz Roja. "Le cuesta mucho moverse, ahora da más trabajo su atención", cuenta Carmen, aunque destaca que de "cabeciña está muy bien". Las dos conviven juntas, se hacen compañía mutua y se cuidan entre ellas: "Estamos las dos solas y el día que me falte la echaré muchísimo de menos", señala Carmen.

Su oficio de cuidadora no profesional es "muy sujeto", por lo que el entorno de Carmen y su propia madre le piden que salga: "Está más pendiente de mí que de ella. Yo hago al revés", destaca. Además dispone de una trabajadora que le ayuda: "Yo sola ya no puedo levantarla ni hacer muchas cosas con ella", comenta. Por eso también con la visita de voluntarios de Cruz Roja desde hace cinco años: "Mi madre está enamorada de ellos, que la adoran", afirma Carmen sobre la pareja que está con ellas desde el año pasado.

La pandemia no los frena

El inicio de la pandemia supuso el fin de las visitas de los voluntarios. Pese a ello, no dudaron mantenerse activos a través de videollamadas. "Tivemos que adaptarnos para nos deixar ás persoas abandonadas", señala Natividad Álvarez, responsable del programa de Atención a personas cuidadoras. El confinamiento supuso una "sobrecarga" para esas cuidadoras que se dedican las 24 horas del día, todo el año, al cuidado de sus familiares: "Fixemos seguimientos telefónicos para coñecer as súas necesidades e darlle apoio psicolóxico", explica.

Esta es una de las piezas clave del programa, por lo que Cruz Roja forma a los voluntarios para reconfortar psicológicamente a las personas cuidadoras: "A veces hai que facelos entender os cambios que acontecen nos seus familiares que son difíciles de asimilar", cuenta. Una formación más especializada en los cuidados, algo que también les brindan.

Los voluntarios de Cruz Roja que una vez por semana acudían a casa de Celia y Carmen, cambiaron la rutina por las videollamadas con mayor regularidad: "No seu caso xerouse máis un caso de amizade que un mero acompañamento voluntario", recalca Álvarez. Este medio es el que empleó Carmen para mantener el contacto con su hermana, que reside en Madrid y le echa una mano cuando regresa a Ourense. Así, Celia podía ver a su otra hija, pero también a sus nietos: "Ella pensaba que estaban aquí", recuerda Carmen.

Poco a poco retomarán la actividad de acompañamiento tomando "todas as medidas de precaución" y fuera de los domicilios.

Más del 80% de las no profesionales son mujeres

Más del 80% de las cuidadoras no profesionales son mujeres. Ese es el resultado de un análisis de Cruz Roja con las personas que atienden en su programa. Otro de los datos que arroja es que la mayoría son familiares directos del dependiente: " O perfil maioritario é que ten unha idade superior aos 50 anos, comparte domicilio coa persoa coidada, afronta o seu labor a diario, carece de ocupación remunerada e non comparte o rol con outras persoas", explica Natividad Álvarez. La falta de una formación profesional y el desconocimiento de algunos recursos los deja "indefensos" ante esta tarea, lo que puede suponer un agotamiento físico y mental para cuidadoras. Durante 2019 Cruz Roja atendió a 259.000 personas mayores, dependientes y cuidadoras de diferentes programas.

Contenido patrocinado

stats