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Enigmas encontrados bajo tierra

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ESCULTURA

Enigmas encontrados bajo tierra

Las estatuas sedentes de Xinzo de Limia, la "arrancada de Vilar de Santos" y la "cabeza de verrón" de Bembibre.
photo_cameraLas estatuas sedentes de Xinzo de Limia, la "arrancada de Vilar de Santos" y la "cabeza de verrón" de Bembibre.

La historia está ahí, desde el principio de los tiempos, con argumentos en forma de vestigios dispuestos a lo largo del territorio. “Na procura do pasado” es una exposición, y nos lo cuenta todo a través de la arqueología

Ambas estaban enterradas a dos metros de profundidad, dispuestas así, sobre un muro, en la orilla del río Limia, muy cerca del núcleo histórico, en Xinzo de Limia. “Como si fueran puestas allí por el guardia del recinto”, decían los textos de la época. Las encontraron en 1972, mientras trazaban unas obras en una propiedad particular. Descabezadas, sin una anatomía definida, y en un contexto -romanizado- que no era el suyo; sentadas ambas en unas sillas recias, de brazos lisos. Vestimenta perfilada en escote, triangular, alrededor del cuello y espalda, con brazaletes triples de guerreros galaicos en los brazos, doblados a la altura del codo; una de ellas portaba unos vasos, la otra, una especie de cartel. Dos rudos cilindros sin labra hacían de piernas. 

Todo en ellas es puro enigma, “non se sabe moi ben se son homes ou mulleres, se son esculturas funerarias ou honoríficas”, indica el arqueólogo Avelino Rodríguez. Ambas están datadas en el siglo I a. C.

Florentino López Cuevillas era un dandi, siempre con pajarita, incluso cuando se aventuraba a las excavaciones. De cuerpo menudo y mirada viva, encendida cuando alumbraba una prospección prehistórica. Hombre de método, registros estratigráficos y comparativas contextualizadas de los hallazgos. Quienes saben de esto le consideran el padre de la arqueología gallega. Él fue pionero en los trabajos de campo, “en campañas sistematizadas y continuadas”, en Aquis Querquernis y San Cibrán de Las, entre 1922 y 1925. También el más avanzado, incluso hoy. 

Cuevillas, un arqueólogo

"1948, martes, 21 de septiembre", según reza en los cuadernos de campo. La excavación de San Cibrán de Las, a pesar de haber sido la primera, había vivido las penurias económicas en lo que a aportaciones dinerarias a la ciencia se refiere, así se había quejado Cuevillas, y lo peor vendría después: la parálisis de la contienda en la Guerra Civil, que detuvo todo, incluso la vida. Después, Cuevillas sufre los quiebros de la salud, un reumatismo grave, severo, le impide ejecutar con displicencia su tarea y ha de recurrir más a la troupe de voluntariosos colaboradores -Xaquín Lorenzo, Laureano Prieto, Taboada Chivite, Chamoso Lamas-. A pesar de todo allí está, en San Cibrán, excavando cerca de la puerta oeste de la muralla, en una porción rectangular que da forma a la casa. Del enlosado emerge la sorpresa con una de las piezas, sobreelevada del resto y vuelta del revés, en clara evidencia de haber sido reutilizada. “Ao limpar o enlousado da casa da soleira aparece unha lousa cun triskele grabado”, deja anotado Florentino; todo queda anotado. Un trisquel de fina labra y tres estelas curvilíneas, de estética castrexa, en un bloque trapezoidal bien cuidado en todas sus caras. Reutilizado para un uso que no era para el que fuera dispuesto, la ornamentación arquitectónica sobre pared. Data del siglo I a.C.
 

La arqueología moderna la inicia Cuevillas, quien se supo rodear de entusiastas colaboradores para catalogar el territorio

 

Uno se imagina la sorpresa del labriego -en 1924- al cavar una zanja de su terruño en Vilar de Santos. Allí, a golpe de azadón  emerge una de las joyas del arte castrexo, la Arracada de Vilar de Santos. Ejecutada en una lámina de oro, recortada, sobre la que se añaden elementos repujados, en las que cobran fuerza varios ánades en el cuerpo central, en forma de “luna creciente”, y un triángulo inferior delimitado por otra ave. La luna remite a los cultos astrales, y las aves son motivos recurrentes en la joyería castrexa. La pieza, siglo III-II a.C, la daría a conocer Cuevillas en 1939, con un amplio estudio sobre la misma. Durante muchos años estaría en manos de Marcelino Freiría, párroco de Vilar de Santos; antes de morir la donaría al museo. 

Laureano Prieto fue a la arqueología lo que un gregario al ciclismo, trabajando siempre al servicio de su equipo. Maestro de profesión, sus conocimientos del patrimonio  arqueológico en la zona de Viana y A Gudiña eran portentosos. En lo arqueológico se ofreció de informante, bien de Cuevillas, en Pentes y Bembibre, o de Taboada Chivite, a quien informa de la existencia del verrón de Bembibre. 

Verraco castrexo

La cabeza del verrón aparece en la pared de una casa del pueblo de Bembibre, apenas verla Laureano sabe perfectamente que su origen es otro, el del castro Vila da Sen, así lo dice. En bulto redondo, labrada tan sólo en un extremo, la de la cabeza del cerdo, con rasgos marcados y bien definidos. Tanto Taboada como Cuevillas interpretaron la pieza como parte de la incidencia de la cultura de los verracos en la castrexa, si bien Taboada lo ve ya en tiempos de clara romanización. 

En 1970, en Castromao, en un conjunto habitacional, Ferro Couselo y Xaquín Lorenzo descubrieron un tesoro monetario en forma de 63 denarios y un áureo. Formando parte de las cimentaciones aparece un pequeño simio, ajeno por completo a la escena castrexa. Pero la sorpresa mayúscula no es ninguno de esos hallazgos, lo que implosiona en el corazón de los arqueólogos es una placa rectangular, perfiles moldeados, y un asa desprendida, donde se colgaba. Es la “Tabula hospitalis”, que contiene un texto grabado que refleja el pacto entre “los Coelerni y un oficial de la Cohors I Celtiberorum”, un documento ilustrativo de la organización prerromana y la romanización del noroeste, que data del 132 d. C, según consta por los cónsules que lo firman, Gneo Julio y Gneo Treblo Gémino. “Hospitium significa en este caso un pacto de amistad entre el pueblo de los Coelernos y un alto cargo militar, G. Antonius Aquilus”. Aún hoy persisten muchos enigmas por descubrir. 

1_resultOnce pioneros de la arqueología para reconstruir la historia

Manuel Díez Sanjurjo era ingeniero. Trabajó (principios del S. XX) en la construcción de la N-120, entre Ponferrada y Ourense, en tramos coincidentes con la vía XVIII. A su profesión se suman sus intereses por la arqueología y su estudio. “Gran parte da arqueoloxía ourensá se fixo ao facer os camiños”, apunta Xulio Rodríguez, director del Museo Arqueológico y coordinador de la exposición “Na procura do pasado”, compendio de la labor arqueológica ourensana. Figuran desde los pioneros en la Comisión Provincial de Monumentos, con nombres como Arturo Vázquez Núñez, Marcelo Macías y el propio Díaz Sanjurjo, que fueron los que dieron cuerpo al Museo, quienes provocaron los primeros pasos en la investigación de la actividad y su divulgación a través de los boletines, hasta la actualidad. Florentino Cuevillas, fue el primero en los trabajos de campo sistematizados.

2_resultGran conocedor de las nuevas técnicas y metodologías, financia de su bolsillo muchas prospecciones. Xaquín Lorenzo, de amplias querencias por la etnografía, establece de nexo colaborativo entre Cuevillas, Taboada Chivite y Chamoso Lamas, otros de los insignes en la muestra. Rubén García, quien supo dar a la arqueología sus conocimientos de la historia medieval, su gran vocación; Laureano Prieto, quien aportó sus amplios conocimientos del territorio, gentes y cultura; Francisco Conde Valvís, un caso curioso, de familia con posibles, cuyo padre fue un pionero en la energía eléctrica en la provincia, además de hombre sensible para la arqueología y el coleccionismo, supo inculcarlo a su hijo, ingeniero de formación, quien aprovechó sus amplios conocimientos del territorio y sus gentes para que el resto de los integrantes lo utilizaran para abrir las puertas de los sitios donde querían sondear las excavaciones. Ferro Couselo, el último de los integrantes, es con quien se consigue un espacio físico para el Museo, y quien recupera el boletín para divulgar las investigaciones. 

La de Sanjurjo no fue la primera de las incursiones arqueológicas, antes fue la de A Cigarrosa, A Rúa, 1896, donde se descubre un mosaico de temática marina... y un cúmulo de despropósitos a posteriori, que dieron al traste con el hallazgo. 

La apertura de vías, como decía Xulio, siempre es causante de exploraciones y hallazgos inesperados. Pasó con la construcción de la A-52, con las obras del AVE. Pero esta exposición alcanza hasta los 70, había que poner un límite.