Ourense

“Estamos tristes, non queda ninguén"

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CRÓNICA

“Estamos tristes, non queda ninguén"

Otilia Vila, en Moredo// Fotos Martiño Pinal
photo_cameraOtilia Vila, en Moredo// Fotos Martiño Pinal
Tan cerca y tan lejos. A poco más de cinco kilómetros del polígono de San Cibrao, aldeas como Moredo se van quedando sin gente. Los que quedan piden la llegada de residentes: "Por que non vén ninguén? Aquí hai casas!".

"Que veñan vivir aquí. Seriamos todos máis felices. As casas teñen luz, auga, e mais non vén ninguén. Por que non veñen? Aquí vivían xente perfectamente. Eu coñezo a dona das casas, quen queira vivir aquí que veña preguntar, doulles eu a dirección". Así se expresa Otilia Vila, una de los cinco residentes de Moredo, localidad de Paderne de Allariz, a apenas seis kilómetros del polígono de San Cibrao, pero que se está quedando sin gente. En lo alto del pueblo, una fuente inaugurada en 2003 recibe a los escasos visitantes. A su lado, un banco destartalado por las heces de pájaros.

No hace falta moverse a parajes alejados para ver en la cara el drama de la despoblación. Las aldeas mejor comunicadas y cercanas a núcleos industriales se quedan sin gente. En Moredo quedan cinco. "Estamos algo tristes, non queda ninguén. Foron para un sitio mellor, fixeron casas noutras aldeas. A xente foi polo mundo, pero os que non marchamos non podemos andar a facer casas. Nós sempre vivimos aquí, sempre traballando. Eu metinme na agraria e meu home traballaba fóra. Traballei e criei dous fillos...". Antes, recuerda, todas las casas estaban habitadas. Ahora, mientras cuida a su marido, le quedan  las habituales visitas de la familia y sus quehaceres diarios para mantener a las gallinas. 

Vivir con tan pocos vecinos no es agradable. No solo es tristeza, sino los contratiempos que surgen. "Caín eses días dándolle de comer ás pitas, e rompín o nariz e tiven que ir á residencia. Pegoume un vahído, menos mal que teño a familia que me veu buscar", relata.  Aún así, reconoce que los servicios se prestan: "A ambulancia cando ten que vir vén". También llega el panadero, pasado el mediodía, y la tienda a domicilio.

Da para vivir con tranquilidad, tal vez demasiada. Solo el ladrido de cuatro perros contados perturba el silencia de esta pequeña localidad de Paderne. Casas hay más de una treintena, la mitad de ellas en abandono, con tejas en el suelo y temor al derrumbe. "Viviu moita xente, estaba todo cheo, pero morreu moita xente, outros marcharon, tiñan diñeiro e foron vivir a un sitio mellor...". 

Jacinto Gavilanes es uno de los que se fue a vivir con su mujer a otro punto del concello. A media mañana da un paseo por el pueblo, vigila las tierras y cuida la casa: "Se non chego vir eu a saber como estaría".

Como él relata, en el pueblo "non lle son máis de cinco". Recuerda que antes "había ben xente". Hace 40 años, unas 12 casas habitadas "e máis e 40 persoas". Ahora todo se ha ido al traste. Las casas están abandonadas: "Se vos metedes por esa parte da aldea, están todas caídas. É unha pena,e tan cerca do polígono", explica Gavilanes. 

En su "tour" por el pueblo señala las casas vacías, tejas caídas, maleza que carcome las viviendas..."Había que se preocupar máis do estado das vivendas, se non o fan os donos tería que facelo o concello". No todas están dejadas de la mano de Dios, pero la situación ya parece irreversible.

Al lado de Moredo, en A Costa, resisten muchos más vecinos, igual que en Penelas. Entre medias, en Baamonde, bajaron de 9 a 7 residentes habituales, cada vez son menos. Cerca de allí, en A Neta, entre 2018 y 2019 recuperaron un vecino, al pasar de 2 a 3. "Se alquiló una casa, entró una persona que trabaja en el Polígono", comenta uno de los vecinos no habituales. Al menos, en algún punto parece que la cercanía con la zona industrial empieza a dar sus frutos. Es lo que queda.