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El 16 de enero de 2012, el hospital de Piñor inició un nuevo capítulo en su historia con la llegada de los pacientes del psiquiátrico de Toén. Pero el traslado no fue un proceso fácil: la mudanza se materializó dos años después de que cinco facultativos denunciasen el deterioro de Toén. “Foi moi polémico, había persoas que consideraban que era o que había que facer, pero tamén profesionais que non. Houbo unha reacción moi grande, moita oposición”, recuerda la psiquiatra Chus Gómez.
Ahora, tras 12 años en Piñor, no cabe duda de que el cambio fue a mejor. “Foi un acto ético de respeto e de poñer as cousas no seu lugar. Mellorouse en infraestruturas, na ubicación, este lugar reúne unhas características moi axeitadas, é un sitio vivo, cheo de luz, a nada da cidade…”, detalla Gómez. Piñor supuso una nueva localización, pero también una nueva filosofía asistencial. “Supuxo pasar páxina e empezar a traballar doutra maneira máis artellada en relación aos tempos. En lugar de que o paciente se adaptase á institución, a institución adáptase ao paciente, que a relación sexa máis horizontal e menos paternalista”, asegura. La psiquiatra reconoce la etapa de esplendor de Toén, pero recuerda: “En todo hai momentos de luz e de sombra. Nós puxemos en valor as partes que merecían poñerse en valor”.
En 2023, 194 pacientes ingresaron en Piñor, un volumen “altísimo” que responde a la forma de trabajar de los profesionales. “Nós non pedimos condicións previas, se os nosos colegas consideran que precisan un ingreso de máis longa duración, mándannolos e aceptámolos”, explica. El hospital no cuenta con lista de espera, y los sanitarios también atienden a enfermos que ya están en su casa. “Hai un lazo transferencial moi potente, e esa é a medicina máis poderosa que existe para o sufrimento psíquico, o pilar de todo proxecto de tratamento posible, sen esa relación non se vai poder facer moito”, recalca.
De hecho, no es raro que sean las propias personas quien, llegado el caso, pidan ser ingresadas durante una temporada. “Ás veces evítase unha crise grande porque se fai un ingreso pequeno”, apunta.
Piñor no deja de crecer en proyectos y actividades. “Este é un hospital aberto”, resume Gómez. Una de las iniciativas más conocidas es ArtEspida, el taller de libre creación del hospital en el que un grupo de pacientes (ingresados o no) se expresa a través del arte. En 2023, el Marcos Valcárcel acogió una exposición de parte de las obras, y la Fundación Cultura en Vena invitó a profesionales y artistas a hablar de su experiencia en el Museo Thyssen de Madrid.
El hospital también apuesta por la formación de profesionales (ha acogido a residentes nacionales e internacionales) y por el intercambio de conocimiento. En esta línea, en noviembre se puso en marcha un proyecto de colaboración con el Centre Hospitalier de Cadillac, en Burdeos. “Vanse facer rotacións alí, tanto de enfermeiras como de psiquiatras, para intercambiar, medrar e enriquecernos mutuamente. Temos moitos proxectos na recámara por facer, ímolos facendo sen presas, pero sen pausa”, explica.
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