El homicida confeso del bar Novo: “Tengo pesadillas”

El inculpado admite el crimen pero pretende aminorar la pena por su adicción a la cocaína

Publicado: 08 mar 2022 - 05:00
El acusado del crimen del bar Novo: "Tengo remordimientos"

El juicio por el crimen del bar Novo, en la calle Colón del casco antiguo el 4 de febrero de 2020, arrancó ayer en la Audiencia de Ourense con un jurado popular constituido mayoritariamente por mujeres (todas menos dos hombre, uno entre los suplentes). El acusado, Jonatan Rodríguez Padrón (40 años), confesó de nuevo, tal como lo hizo cuando fue detenido por la Policía Nacional el 27 de mayo de ese año y ante el juez instructor, que clavó una botella de cristal de Cabreiroá (explicitó la marca en sus dos alusiones) en el cuello de la víctima, Evaristo Amorín. El hostelero sólo le entregó dos de los cuatro gramos de cocaína que pretendía porque ya le debía dinero. Le sesgó la yugular y murió en el acto. Él asegura que sólo hubo un corte, aunque la fiscal habla de varios.

LA PELEA SE PRODUJO PORQUE EL HOSTELERO NO LE QUISO ENTREGAR DOS DE LOS CUATRO GRAMOS QUE LE RECLAMÓ JONATAN

Aseguró que no se entregó por miedo a ir a la cárcel y dejar de ver a su familia (su mujer y una sobrina), pero desde entonces le pesa en la conciencia. “Me tengo que medicar porque tengo remordimientos (…), con pesadillas todos los días”, aseguró. Jonatan incluso admitió que tenía que haberse ido cuando la víctima se lo pidió porque no le fiaba más droga. “No merecía perder la vida así”, añadió.

UNA DEUDA DE 300 EUROS

El inculpado, que residía en Amedo (Celanova), llamó por teléfono al hostelero el día del crimen, pasadas las nueve de la noche, para que le vendiera cocaína, aunque ya le adeudaba 300 euros. El bar ya estaba cerrado al público y convinieron en verse allí. Según la versión del acusado, la víctima no quiso darle los cuatro gramos y le dio un primer empujón para que se fuera del bar. “Le empujé yo también y cayó al suelo e intentó coger un cuchillo pero se lo quité de las manos y le golpeé con una pistola que llevaba yo porque me había amenazado días antes por el dinero que le debía. Después, él cogió la botella de agua de Cabreiroá y la rompió, por lo que se la cogí y se la clavé en el cuello porque pensé que me iba a matar él”, explicó a la sala. “Yo entré en otro mundo y acabamos así”, señaló.

Jonatan, que ahora está en prisión en un módulo específico para dejar las drogas, asegura que en el momento de los hechos consumía entre cinco y seis gramos al día. Él regentaba una taberna con horario amplio “y necesitaba estar despierto”.

La defensa, aunque admite la acusación por homicidio, pretende aminonar la pena que reclama la fiscalía (12 años de cárcel) con atenuantes de drogadicción y arrepentimiento con confesión tardía.

El encausado aseguró ayer ante el jurado que emitirá el veredicto que confesó nada más ser detenido por la Policía Nacional cuando estaba parado en un semáforo de Marcelo Macías. “En la comisaría, el policía me dio dos horas para pensar lo qué iba a decir pero le dije que no se fuera, que no me hacía falta ese tiempo porque se lo iba a contar todo”, explicó.

Rodríguez Padrón tras matar al hostelero se apoderó de las llaves del bar, lo cerró y también del teléfono móvil de la víctima para ocultar su paso por el lugar.

El juicio continuará hoy con la declaración de los policías nacionales que llevaron a cabo la investigación y llegaron a identificar a Jonatan meses después del crimen tras rastrear cámaras en la calle, el teléfono móvil y recoger una colilla con ADN.

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