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REPORTAJE
Elisabeth Garrido recuerda la angustia de los primeros días tras el ingreso de su hermano Luis en el CHUO. "Todos parecíamos robots, esperando la llamada del hospital para saber cómo estaba. Nos decían 'estable' y yo les pedía que me tradujesen qué era eso. Lo que queríamos oír es que estaba mejor", explica. Tres semanas después, una de ellas, en la UCI, Luis pudo regresar a casa.
La familia se contagió de coronavirus a finales de enero, y unos días después, los sanitarios de Telea decidieron que Luis, de 47 años y con síndrome de Down, debía ser hospitalizado. "Yo le dije que no se preocupaba, que le hacían una radiografía y volvía, pero se tuvo que quedar", comenta su hermana. Luis se tuvo que ir solo, ya que sus familiares estaban contagiados, y nadie podía visitarlo, por el protocolo del hospital. "Allí lo recibió la médica Ana Bravo, amiga nuestra, pero él no entendía muy bien qué pasaba", apunta.
Cuando las profesionales de Down Ourense se enteraron de que Luis había sido hospitalizado, pusieron todo de su parte para ayudar a que la estancia, pese a todo, fuese lo más llevadera posible. "Yo solo me preguntaba cómo lo estaría afrontando él, sin nadie conocido, rodeado de sanitarios vestidos con el EPI...", explica Elena Vaamonde, psicóloga de la asociación. "Era el primer caso de un usuario ingresado y no sabíamos qué pautas podíamos seguir. Preguntamos en Down Galicia y, después, en Down España, donde nos explicaron lo que habían hecho", señala.
Pablo (sobrino de Luis), Luis y Elisabeth, su hermana, ayer (FOTO: MARTIÑO PINAL).
En otros lugares del país, se consiguió que un familiar pudiese estar con el paciente durante su estancia en el hospital, para asegurar su bienestar psicológico. Además, la asociación le llevó pinturas y fotos, dos de sus hobbies. "Cuando ya habíamos arreglado todo para que alguno de ellos pudiese ingresar con Luis, empeoró y hubo que llevarlo a UCI. En UCI ya era mucho más difícil todo", cuenta Nuria Seijas, psicóloga del CHUO.
Los sanitarios, tanto en planta como en UCI, también fueron clave, así como sus compañeros de habitación. "Al principio estaba bastante nervioso y asustado, pero le explicamos que era necesario ingresarlo para que pudiese volver a casa", cuenta Estefanía Prol, médica intensivista. No fue necesario intubarlo ni sedarlo, así que Luis estuvo consciente en todo momento. "Le poníamos 'Los Simpson', hacíamos videollamadas con su familia... Nunca se quejó, y de hecho fue un paciente admirable que despertó el cariño de todos", reconoce.
En casa fueron momentos duros: "No sabíamos cómo iba a evolucionar una vez en la UCI, estábamos muy preocupados...Pero salió". Tras bajar a planta, Vaamonde y Seijas consiguieron que ingresase su sobrino Pablo Guntín. "¡Pero no quería! Decía 'de visita si, pero estoy muy bien solo. El viernes, cuando lo fuimos a buscar, no quería venirse. ¡Tuvimos que ir a buscar a su jefe!", dice su hermana, entre risas. "Fue una experiencia muy empoderadora para él, se dio cuenta de que era capaz de estar allí el solo", explica Seijas.
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