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La ourensana María Martinón-Torres, referente internacional en Antropología Forense, es la encargada de inaugurar hoy el nuevo curso de la Academia Médico-Quirúrgica. Hablará sobre su último libro, “Homo imperfectus”, en el que reflexiona sobre la evolución y las enfermedades. La cita es a las 20,00 horas en la sede de la Fundación Abanca en la ciudad.
¿La cita de hoy es especial?
Claro, de alguna manera es volver a casa en todos los sentidos. En Ourense tengo a tanta gente querida y la Academia tiene para mí un significado especial, rescata a la médica que hay en mí.
¿Por qué seguimos enfermando? ¿Qué utilidad tiene la enfermedad?
La enfermedad en sí misma no tiene ninguna utilidad, pero en un gran número de casos es el peaje a pagar por otra serie de beneficios con los que nuestra especie ha salido adelante. No podemos pretender jugar a todo y ganar a todo, hay que buscar un equilibrio. Hemos ganado mucho en esperanza de vida, pero eso trae consigo la paradoja de que aumentan los cuadros de patologías.
Como el Alzhéimer.
Claro. La mayoría de los casos de cáncer se dan en edades avanzadas, las enfermedades neurodegenerativas también debutan en esos años… En el pasado los homínidos no morían de estas patologías porque no vivían lo suficiente como para que se llegasen a desarrollar.
¿Cree que la esperanza de vida todavía puede aumentar más?
Uno no puede adivinar de qué será capaz la ciencia, pero a día de hoy lo veo muy difícil. Actualmente la investigación está enfocada a vivir más tiempo joven, con una mejor calidad de vida, a mitigar los efectos del envejecimiento.
En su libro habla de la hipótesis de la Abuela, ¿qué es?
Vivimos mucho más de lo que viven nuestros parientes más próximos, los chimpancés, pero desde el punto de vista evolutivo no hemos aumentado los años reproductivos, son los mismos. En ese sentido, ya no somos útiles, pero jugamos un papel clave en la supervivencia de las crías de nuestro grupo. Ahí surge la hipótesis de la abuela: el valor reproductivo indirecto de las personas mayores, su importante contribución a nuestras crías, que son dependientes durante mucho tiempo.
¿Hay enfermedades actuales que tienen que ver con nuestros antepasados?
Algunas patologías son mecanismos heredados de defensa que seguimos arrastrando aunque se quedasen obsoletos. En la actualidad hay problemas de salud relacionados con la obesidad y el sedentarismo que tienen que ver con nuestra querencia innata por los alimentos más calóricos. Hace 200.000 o 300.000 años era cuestión de vida o muerte buscar aquellos alimentos con más energía.
¿Había ya estrés entonces?
Es muy difícil valorarlo, nos faltan estudios. Supongo que el grado de estrés ha cambiado, y lo que nos lo genera. Pero tampoco me puedo imaginar que vivir sin saber si voy a comer o si me van a comer no generase estrés. Nuestro órgano más desarrollado es el cerebro, está preparado para anticipar y resolver problemas: somos capaces de ver problemas donde no los hay, pero podría haberlos. Eso a veces genera una preocupación sin que haya un motivo real, pero a nivel evolutivo es bueno porque nos prepara para posibles peligros.
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