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Recluidas ya antes del coronavirus

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Recluidas ya antes del coronavirus

Monjas de clausura de Vilar de Astrés. En el centro María Ángeles del Niño Jesús, María Arias Rojo, la abadesa. //José Paz
photo_cameraMonjas de clausura de Vilar de Astrés. En el centro María Ángeles del Niño Jesús, María Arias Rojo, la abadesa. //José Paz
El confinamiento ciudadano es una pesadilla. Al estado de ansiedad y miedo de la pandemia se une el tener que lidiar en un espacio reducido con la familia. Para las clarisas de Vilar de Astrés el encierro es una opción de vida.  

"¿No tiene Dios conciencia? ¿Dónde está su responsabilidad? ¿O es que no conoce los límites?” En un momento de Némesis, la novela de Philip Roth, Castor, el profesor del campamento de verano, de charla con el doctor Steimberg formula para sí estos interrogantes; los calla. “¿Habría que cerrar el centro?”, es lo que sale por su boca. Demasiada actualidad. La novela de Roth trata la terrible epidemia de polio que asoló los Estados Unidos en 1916 que llegó a dejar inválido al mismísimo presidente Roosevelt. 

En Vilar de Astrés, la explosión primaveral se percibe en los frutales. El convento de las clarisas es un fortín empedrado; resalta el campanario. Un espacio inmenso cuyo convento se inició hace 23 años y la iglesia aún se remató el año pasado. Al entrar suenan las campanas en esa versión edulcorada que son las electrónicas. La hermana Sor María Ángeles es la abadesa, en la congregación son 14; la más joven, 35 años, la mayor 93. Son monjas de clausura, viven en silencio. Y así lleva ella 62 años. 

Confinados. Hasta hace días confinamiento como término no figuraba en nuestro vocabulario, menos en compañía del adjetivo obligatorio. En democracia no se entiende. 

Vilar de Astrés 23/03/2020.- Historias del coronavirus: monjas de clausura de Vilar de Astrés. En el centro María Ángeles del Niño Jesús, María Arias Rojo, la abadesa. José Paz


Otro confinamiento


El confinamiento religioso es distinto, la finalidad es el medio, un estado “temporal” para alcanzar la eternidad, llegar a Dios. “Cada minuto que pasa es un minuto que le damos a Dios”, dice. Así entregan su vida, eso es para ella la felicidad. 

¿Tiempos complicados? “Cuando menos se piensa, quien menos se espera...”, dice sonriente tras el rigor del enrejado. Vienen todas de pasar una gripe, que les ha dejado bajas de defensas, por eso se levantan estos días a las 7.30h, la misa, a las 9h.

 El día lo dedican a la oración y al rezo, pero también tienen “actividades” (labores) e incluso momentos de “recreo”, en el que rompen el silencio y hablan de sus cosas, pasean. “Incluso, cuando éramos más jóvenes -dice- algunas jugaban al parchís”, y suelta una risa contenida al decirlo. “Ahora no. Aunque los ánimos están bien hay que enfocar la vida por otro lado”, dice como quien se justifica. Confección, bordado, lectura, cuidado de animales y hasta de los pájaros. Aficiones, a su manera, no les faltan. 

Vilar de Astrés 23/03/2020.- Historias del coronavirus: monjas de clausura de Vilar de Astrés. En el centro María Ángeles del Niño Jesús, María Arias Rojo, la abadesa. José Paz

Estar en clausura no es estar aislados del mundo, ni para ellas es posible del todo. Atentas a los medios, incluso tienen grupos de WatsApp con el capellán Francisco Prieto, quien les oficia la misa diaria (a puerta cerrada) y con la madre presidenta de las 37 congregaciones de clarisas que está en Monzón, Huesca. Ellas andan afligidas como todos, dicen llevarlo “con serenidad y calma total, pero preocupadas por ver a nuestros hermanos sufriendo”. Además, desde su privilegiado confinamiento, “tenemos mucho espacio para pasear, tomar el sol, para el retiro”, ellas también se brindan a echar una mano en tiempos duros, a confeccionar mascarillas para los cuerpos de seguridad; la confección es uno de su fuertes, incluso alguna es una artista.

Confinamiento, “No hay otra solución que estar así, recluidos, Nuestro confinamiento -insiste- es distinto, podemos mantener la calma y la alegría, porque es algo que nos vino dado, no se buscó”. Recomendaciones. “Aceptar la situación de buen grado, ofertando a Dios ese sacrificio para que los días se acorten” ¿Para los no creyentes? “Lo mismo. Aunque si no hay fe hay que confiar -más- en lo que nos dicen”.

Con la pandemia hace una comparanza, con el pasaje bíblico de los moabitas, y sus prácticas paganas e incestuosas. “Los moabitas se arrepintieron, hicieron penitencia y todo quedó en nada”. Una señal, insiste, “Si la gente se vuelve a Dios, el señor se compadece y tendrá misericordia”. Al salir, uno regresa al otro confinamiento, 

Vilar de Astrés 23/03/2020.- Historias del coronavirus: monjas de clausura de Vilar de Astrés. José Paz

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