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El 18 de julio de 2022 cambió la vida a los 65 habitantes de A Veiga de Cascallá (Rubiá). Ese día, un incendio forestal convirtió en ruinas más de dos decenas de casas habitadas y deshabitadas, una catástrofe de la que aún no lograron recuperarse. “Miña nai ten 85 anos e non pode baixar ao pobo”, comenta un vecino después de relatar cómo la casa familiar fue pasto de las llamas. “Afectados estamos todos”, añade otro. Este es el estado de ánimo de unas gentes que ahora reclaman ayuda para recuperar un pueblo, lleno de escombros y con cables de telefonía arrastrados por el suelo.
En el pueblo apremian la retirada de los restos de construcción. Explican que, de no hacerlo, en cuestión de meses serán bosques de silvas, donde las ratas camparán a sus anchas. Por otra parte, al llegar el verano aumenta la población, y temen que un niño pueda accidentarse al jugar. Pero desescombrar cuesta. Los puntos de reciclaje más próximos están lejos: Ponferrada y Monforte de Lemos.
Esta situación llevó a los vecinos a dirigirse al Concello de Rubiá en busca de ayuda. Sin embargo, esta no se concreta. Los más afectados tienen sus ojos puestos en el vecino de O Barco, cuyos montes también fueron arrasados por unas llamas que redujeron a cenizas 10.500 hectáreas y que comenzaron en el municipio de Carballeda de Valdeorras. “Queríamos que hiciera lo mismo que el Concello barquense en Alixo”, destacan vecinos que prefieren mantenerse en el anonimato. Toman como referencia Alixo, otro núcleo castigado duramente por el fuego. Añaden que aquí, “el afectado pagó al palista y el Concello se hizo con los escombros”.
La propuesta es muy distinta en A Veiga de Cascallá. “El Concello pretende que donemos los solares y él retira el escombro”, comenta una vecina. Este diario intentó ayer corroborar este planteamiento con el alcalde, sin lograr contactar con el regidor.
Los planes de los afectados varían, como también es distinta la situación en la que quedaron sus propiedades. Incluso hay quien no descartar cerrar las paredes y echar una planchada sobre los escombros. “Quedaría moi feo para o pobo e gustaríame quitalo”, explicó. Incluso hay alguna construcción que goza de protección, lo que dificulta aún más la limpieza, según apuntaron fuentes vecinales.
Después están los cables y postes de sujeción de unas infraestructuras que fueron muy dañadas por el fuego. Tirados por las tierras sin que nadie pueda retirarlos y que dificultarán los trabajos en las fincas. “Se fosen de cobre xa non estarían”, señala un vecino, aludiendo a que la compañía responsable del servicio telefónico no atiende su reclamación por el poco valor del cableado.
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