Lagrimeo en el lactante
Escola de Familias
El lagrimeo en el lactante es un defecto casi siempre transitorio que tienen algunos recién nacidos en el sistema de drenaje de las lágrimas hacia la nariz. Al no estar permeable el conducto, hace que las lágrimas se acumulen en el ojo. El conducto lagrimal es un tubito que drena las lágrimas desde los ojos al interior de la nariz, por donde se eliminan de manera natural.
Cuando un conducto lagrimal está obstruido (y no drena bien, impidiendo que las lágrimas salgan por la cavidad nasal), las lágrimas se acumulan en la superficie del ojo y producen un ojo acuoso, encharcado o con lágrimas que caen por la mejilla. Aunque el defecto está desde que se nace, se detecta a partir de las 2-3 semanas, que es cuando el ojo del recién nacido produce lágrimas.
Muchos bebés nacen con los conductos lagrimales obstruidos, pero suelen remitir con poco o ningún tipo de tratamiento antes del año de edad, al completarse la apertura natural del conducto nasolagrimal.
¿Por qué se produce la obstrucción del conducto lagrimal?
La causa más frecuente del lagrimeo excesivo en el lactante(puede ser continuo o intermitente), es la obstrucción congénita del conducto naso-lagrimal. La obstrucción en alguna parte de este sistema de drenaje, impide la normal salida de las lágrimas, estas rebosan, y caen por la mejilla o se secan sobre las pestañas.
La causa de la obstrucción puede ser por:
- Una falta de maduración, es posible que este conducto no esté completamente desarrollado al nacer. Se presenta hasta en un 6-15% de los recién nacidos y más en prematuros.
- La obstrucción del conducto lagrimal, provocado por: un estrechamiento de los puntos que drenan las lágrimas y que están ubicados en el canto interno del ojo (que es la zona interna de los párpados inferiores), puede estar cerrado o cubierto por una delgada película, una membrana de tejido adicional, que obstruye la luz del conducto lagrimal. El problema puede ocurrir en uno o en ambos ojos y la obstrucción puede ser parcial o total.
¿Cuáles son los signos y los síntomas?
Los principales son:
- Lagrimeo superior al habitual, constante, que resbala por la mejilla (epífora) o que se queda entre el ojo y el párpado inferior dando un aspecto húmedo y vidrioso a modo de lago lagrimal u “ojo encharcado”.
- Legañas y costras secas en las pestañas. Es frecuente la secreción sin enrojecimiento ocular.
- Como complicaciones podrían aparecer una dermatitis secundaria por maceración de la piel por la lágrima. leve enrojecimiento o irritación de los ojos y/o de los párpados (de tanto frotárselos).
- La dacriocistitis, es una inflamación del saco lagrimal. La infección puede ocurrir cuando crecen gérmenes dentro del conducto lagrimal, provocando una acumulación de lágrimas y una mucosidad amarillenta o verdosa y cursaría con dolor, enrojecimiento e inflamación a nivel inferior del canto interno del ojo.
¿Es normal que el ojo le llore más si está resfriado?
Sí, porque si el niño tiene una infección de vías respiratorias altas y tiene moco, puede tapar por completo la salida de la lágrima a la nariz y aumenta la secreción estancada del ojo y el lagrimeo (conexión vía lagrimal-nariz-faringe). También es mayor la producción de lágrimas en exposición al viento, frío o llanto y se ve más clara la obstrucción por un mayor exceso de lagrimeo.
¿Cómo se diagnostica?
Se suele diagnosticar por los síntomas. Los datos de la historia clínica, cuando comienza, la exploración y el al observar el aspecto del ojo. Hay algunas maniobras que nos pueden ayudar. Por ejemplo, si se presiona sobre el saco lagrimal (justo encima del párpado inferior) se puede ver salir por el lagrimal el material mucoso acumulado.
En caso de dudas, tenemos una prueba indolora usando un colorante para saber si el conducto lagrimal está drenando bien. El test de lavado de fluoresceína. Consiste en poner un colirio de fluoresceína (colorante amarillo anaranjado) en el ojo que tiñe las lágrimas. Si siguen teñidas más de cinco minutos nos confirma que hay obstrucción.
La valoración y exploración del bebé por el pediatra es crucial para hacer un diagnóstico diferencial y descartar otros procesos mucho menos frecuentes, pero se pueden expresar igual y necesitan la derivación al oftalmólogo de forma precoz.
¿Cuándo debemos pensar en este problema?
Se sospecha en los niños que, desde los primeros días de vida, sobre todo a partir de la segunda o tercera semana (cuando la producción de la lágrima ya es completa), tienen lagrimeo en uno o ambos ojos. La lágrima se acumula tanto en la propia vía como en la superficie del ojo. Esto favorece el crecimiento de gérmenes, por lo que el niño, además de lagrimeo, puede tener secreciones muco-purulentas También puede haber una irritación de la piel del párpado y mejilla, por la exposición constante a la humedad. El diagnóstico lo hará el pediatra. Después de haber descartado otras posibles causas de lagrimeo y de comprobar que no hay complicaciones, dará a los padres las pautas a seguir.
¿Cuándo debo consultar?
Siempre que exista lagrimeo o legañas persistentes hay que consultar con el pediatra. El diagnóstico es sencillo pero la historia y la exploración clínica son fundamentales para diferenciar la obstrucción de la vía lagrimal de otros cuadros que también pueden cursar con los mismos síntomas y así establecer si es necesaria la valoración por un oftalmólogo.
¿Cómo se trata?
La mayoría de estas obstrucciones se resuelven espontáneamente en los primeros meses de vida y el 90% de los casos se cura en el primer año de vida.
1. Masajes: el tratamiento inicial consiste en un masaje del conducto nasolagrimal, para ayudar a abrir el conducto lagrimal obstruido. Se trata de realizar pequeños masajes con el dedo meñique (con la uña cortada) sobre el ángulo interno del ojo (desde la esquina interior del ojo hacia la nariz). Se desplazará el dedo presionando hacia abajo y hacia el interior, sobre el costado de la nariz en la zona del saco lagrimal y del conducto nasolagrimal (cerca de donde se apoyan las gafas en los adultos), para que pueda vencer la obstrucción y facilitar su apertura y la salida natural de la lágrima. En los casos que al presionar salga hacia el ojo la secreción acumulada, ésta se debe limpiar con un pañuelo de papel, gasa o toallita especial para la limpieza de los ojos. Esta maniobra se debería repetir 3 veces al día. La canalización espontánea o solución del problema ocurre en el 95% de los casos durante el primer año de vida.
2. Lavados con suero fisiológico: se recomienda una buena higiene del ojo con suero fisiológico, para retirar el exceso de secreciones y costras que van quedando adheridas a los párpados. La limpieza se debe hacer desde el ángulo interno hacia el exterior y para impedir que las secreciones vayan hacia la vía lagrimal. Los colirios con antibiótico solo se usan si hay una conjuntivitis secundaria asociada.
3. Cirugía: en los pocos niños en que esto no funciona, la cirugía es el tratamiento de elección en los pocos casos que no se produzca la apertura natural del conducto, después del primer año de vida. Se puede realizar una pequeña intervención que permite dilatar el conducto de forma sencilla. Consiste en el sondaje del conducto nasolagrimal. Lo realiza el oftalmólogo, bajo sedación y en el quirófano. Aunque no hay consenso sobre cuando realizar este procedimiento, muchos oftalmólogos prefieren esperar hasta los doce meses ya que la tasa de resolución espontánea es muy alta. Si el cuadro es muy llamativo o presenta dacriocistitis de repetición se haría antes. Se puede derivar al oftalmólogo entre los 6 y 12 meses, según la intensidad de los síntomas y las complicaciones que haya.
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