Lalo Pavón
A complicidade cos acosadores
El viernes se conocía la noticia de que se daba carpetazo al proyecto de la planta de fibras textiles que Altri tenía previsto instalar en Palas de Rei, al negarle la conexión eléctrica, mediante la creación de una subestación específica para el suministro energético. Este proyecto suponía la creación de quinientos puestos de trabajo directos y otros dos mil indirectos en una comarca de la Galicia interior, la Galicia vaciada y una importante aportación al PIB gallego. Resulta paradójico que, después de haber pasado la evaluación de impacto ambiental con una declaración favorable, la planta de Altri se venga abajo por falta de suministro eléctrico en una comunidad autónoma con más de cuarenta centrales hidroeléctricas y numerosos parques de generación eólica que desde hace décadas se ha convertido en el suministrador energético de los grandes centros industriales de la España rica. Y resulta más chocante, si cabe, que mientras el Gobierno de Sánchez le da vía libre a subestaciones eléctricas para abastecer la planta de Stellantis en Vigo o al puerto de A Coruña, se la niega a un proyecto que contribuiría al desarrollo industrial de un territorio cada vez más deprimido, económica y demográficamente.
Una irresponsabilidad más que añadir al inventario socialsocialisto, como lo fue la moratoria nuclear, de la que sus propios ejecutores hoy se retractan y admiten el error de haber hipotecado la soberanía energética y condenándonos a un escenario de competitividad inferior.
He aquí un ejemplo de cómo la electricidad se puede convertir en un arma política que se niega a unos y se facilita a otros en un país que vive pendiente cada día del precio del kilovatio por falta de la debida planificación energética. Tenemos una electricidad muy volátil porque dependemos de factores como el mercado del gas, siempre a merced de vaivenes geopolíticos, o de las condiciones meteorológicas que cada vez son más extremas por el impacto del cambio climático, como se ha demostrado en la última sequía del verano pasado y del anterior o en el más reciente tren de borrascas. La Unión Europea incluyó en 2022 la energía nuclear entre las energías limpias y muchos países han retomado su uso porque permite asegurar mejor la soberanía energética, contribuye a luchar contra el cambio climático y, lo que no es menos importante, abarata los costes energéticos de la industria y los hogares.
Pero esa no parece la prioridad del gobierno de Sánchez, como tampoco mejorar las condiciones de vida de los pueblos en los que la falta de proyectos aboca a las empresas a sobrevivir o malvivir con energía más cara que sus competidores de otros países, a sus ciudadanos a emigrar, convirtiendo en desiertos demográficos extensos territorios, una realidad de la que desgraciadamente Galicia tiene una amplia experiencia. Y todo por obsesiones ideológicas, cuya única ciencia es la que les proporciona la fórmula de perpetuarse en el poder. Una irresponsabilidad más que añadir al inventario socialsocialisto, como lo fue la moratoria nuclear, de la que sus propios ejecutores hoy se retractan y admiten el error de haber hipotecado la soberanía energética y condenándonos a un escenario de competitividad inferior.
Se puede incluso discutir que Altri no fuese una opción infalible o completamente inocua para desarrollar oportunidades económicas donde no las hay y frenar la despoblación de la Galicia interior.
Se puede incluso discutir que Altri no fuese una opción infalible o completamente inocua para desarrollar oportunidades económicas donde no las hay y frenar la despoblación de la Galicia interior. Pero quienes se pusieron rotundamente en su contra y ahora celebran la noticia nunca pusieron sobre la mesa una propuesta ni mucho menos mejor, ni semejante, ni tan siquiera alternativa. Ni lo harán, porque la gran mayoría de las voces que se levantaron contra este proyecto tienen asegurado su sustento, pero quienes viven en el lugar donde Altri no pudo ser, acabarán fugándose a otros polos de desarrollo, en Galicia o fuera. Y sus hijos, y sus nietos, con ellos.
Capítulo aparte merecen quienes como el presunto líder del PSdeG, ese tal Besteiro, calló durante mucho tiempo, a la espera de que en Ferraz le informasen de qué iba el tema y de cuándo tenía que pronunciarse “¿A favor o en contra?”, imaginamos que preguntó. Y en Ferraz, con una lógica aplastante, le respondieron: “A ver, hombre, lo contrario que la Xunta siempre”. Y así estamos.
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