Un estanco de 1850 en Entrimo

Reportaje

En la "raia" con Portugal pervive uno de los negocios familiares más longevos de su gremio en la provincia. De ello presumen los herederos de Cayetano Fernández, quien en el año 1850 fundó un estanco real en Entrimo.

Ceferino Fernández posa frente a la fachada de la casa de Olín, en cuyo dintel se puede leer "Año 1850 Estanco Real" que fundó su bisabuelo. (Foto: José Paz)
Ceferino Fernández posa frente a la fachada de la casa de Olín, en cuyo dintel se puede leer "Año 1850 Estanco Real" que fundó su bisabuelo. (Foto: José Paz)

Cinco generaciones al frente del mismo negocio familiar, que ha ido variando y adaptándose a los tiempos, pero manteniendo el compromiso y el apego a su tierra, Entrimo. La avenida de Santa María A Real de la capitalidad es el último emplazamiento del estanco que hoy dirige Moncho Fernández. Un establecimiento que heredó en 2017 de su padre Ceferino, que este lo hizo del suyo y así se remontan hasta el año 1850, fecha en la que Cayetano Fernández obtuvo un permiso real para incorporar la venta de tabaco a su tienda de ultramarinos en Olín.

En el dintel de la vieja casa familiar todavía se puede leer "Año 1850 Estanco Real". "Olín é un barrio moi pequeno, catro casiñas, pero era por onde pasaba a estrada. Viña do Casal, pola ponte vella ata Grou", relata Ceferino Fernández, padre de Moncho y estanquero jubilado que también ejerció de taxista, cartero y empleado de banca siempre en su Entrimo natal.

Desde la Asociación de Estanqueros de Ourense, a pesar de no manejan un registro oficial de las fechas de apertura, su presidenta, Sara Carral, no tiene dudas de que el de Entrimo pueda ser el estanco más antiguo de la provincia. "Antes se pasaban de una generación a otra, ahora ya no porque hay otras miras", reconoce Corral, quien pone en valor la importancia de los estancos complementarios que, en época de pandemia, han recuperado su carácter de servicio a la sociedad al ofrecer una amplia gama de productos de alimentación, papelería, prensa, artículos gourmet y hasta pellets. "Mirando estes días na casa, atopei libros de contas de 1938 nas que o meu avó tiña fiadas ata 3.000 pesetas en todo tipo de cousas, e todo pago", recuerda Ceferino poniendo en valor los lazos y las relaciones entre cliente y comerciante de antaño.

Doble traslado

Estar en el lugar más próximo a la clientela debió ser el motivo por el que, en 1909, el abuelo de Ceferino trasladó el negocio unos metros más al sur, hasta A Feira Vella, pero que entonces solo era un cruce de caminos. "O primeiro que fixo unha casa alí foi o meu avó e os Lezón, as primeiras casas foron as deles", recuerda Ceferino, señalando el edificio hoy reconvertido en establecimiento de turismo rural y de donde conserva los mejores y más vivos recuerdos de una época marcada por la guerra, el contrabando y también la emigración. "Alí vendíase de todo. Había tabaco, pero tamén Correos e un ultramarinos onde podías atopar zapatos, mobles, bicicletas ou teas coas que se facían os traxes os noivos", recuerda el estanquero jubilado que nació y vivió siempre tras el mostrador, aprendiendo el oficio de su padre Ramón.

De su niñez relata con emoción cómo a llegaba el café de "estraperlo" desde Portugal. "As mulleres cruzaban o río cos feixes de café ás costas, chegaban de noite, molladas, entraban pola horta e o meu pai lles tiña o lume prendido para secarse", describía.

La zona, en la "raia" con Portugal, tenía infinidad de rutas de contrabando y por aquí se movió mucha plata que iba a Ourense y Madrid, pero sobre todo café, azúcar, aceite y bacalao. "Por pasar, pasaban ata o gando", recuerda Ceferino, para quien Portugal ha sido siempre un país hermano y sus vecinos lusos, clientes buenos y serios. En Entrimo, la relación con los habitantes de Castro Leboreiro, con quienes comparten frontera en A Meixoeira, ha sido y es estupenda. "Somos como irmáns. Salvaron moita xente de Entrimo na guerra e moitos foron xuntos á emigración", relata Bea Pereira, la empleada que hoy está al frente del mostrador en A Terrachán, a donde se trasladó el negocio en 1977 y en el que ofrece más de 200 referencias entre tabaco de liar, puritos y cajetillas. "Antes había como moito dez tipos de tabaco e tiñas que pesar todo. Hoxe é un negocio de señoritos", bromea el veterano estanquero y abuelo de dos nietas, quien no tiene mucha confianza en que pueda haber una sexta generación al frente del negocio familiar. El futuro que le depara al rural, cada día más despoblado y falto de servicios, no le hace ser muy optimista.

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